{"id":284,"date":"2013-04-04T00:00:00","date_gmt":"2013-04-04T03:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/clam.org.br\/en\/2013\/04\/04\/health-beauty-and-autonomy\/"},"modified":"2023-05-19T12:58:03","modified_gmt":"2023-05-19T15:58:03","slug":"health-beauty-and-autonomy","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/clam.org.br\/en\/news\/health-beauty-and-autonomy\/284\/","title":{"rendered":"HEALTH, BEAUTY, AND AUTONOMY"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: right;\">&nbsp;<i style=\"text-align: right;\">Por Manuel Alejandro Rodr&iacute;guez Rond&oacute;n<\/i><\/p>\n<p>El a&ntilde;o pasado, la Sociedad Internacional de Cirug&iacute;a Pl&aacute;stica Est&eacute;tica (ISAPS por sus siglas en ingl&eacute;s), public&oacute; los resultados de la&nbsp;<a href=\"http:\/\/www.isaps.org\/files\/html-contents\/Downloads\/ISAPS%20Results%20-%20Procedures%20in%202011.pdf\">Primera Encuesta Global sobre tendencias en este tipo de intervenciones y liderazgo geogr&aacute;fico<\/a>. Entre los 25 pa&iacute;ses con el mayor n&uacute;mero de procedimientos, 5 son latinoamericanos: Brasil, que reporta el 9,8% de los procedimientos realizados en el mundo y ocupa el segundo lugar despu&eacute;s de Estados Unidos, M&eacute;xico con 5,4%, Colombia con 2,9%, Venezuela con 1% y Argentina con 0,9%.<\/p>\n<p>Alarma a especialistas el aumento de cirug&iacute;as pl&aacute;sticas y otros procedimientos de modificaci&oacute;n corporal con objetivos est&eacute;ticos. Se reproducen los relatos de mujeres cuya salud se ha visto afectada por intervenciones que en algunos incluso les han ocasionado la muerte. Pero a esta preocupaci&oacute;n se unen otros dilemas. Este auge de las cirug&iacute;as est&eacute;ticas plantea disyuntivas acerca de la autonom&iacute;a de las mujeres sobre sus cuerpos frente a la imposici&oacute;n de modelos de belleza que entronizan estereotipos raciales, de clase y de c&oacute;mo ser mujer. Las discusiones se extienden desde el &aacute;mbito de la regulaci&oacute;n jur&iacute;dica de dichos procedimientos y sus l&iacute;mites, hasta la esfera de movimientos sociales como el feminista y el trans, cuyas perspectivas pueden diferir respecto a los efectos y consecuencias de estos procedimientos en la vida de las personas.<\/p>\n<p>La preocupaci&oacute;n sobre efectos adversos ha conllevado un incremento en la regulaci&oacute;n de dichos procedimientos en la legislaci&oacute;n de varios pa&iacute;ses. Aspectos como la edad m&iacute;nima permitida para llevarlos a cabo, tipos de sustancias que pueden ser empleadas, procedimientos y agentes autorizados para realizarlos, as&iacute; como el tratamiento jur&iacute;dico de su pr&aacute;ctica clandestina son contemplados en las regulaciones que usualmente se circunscriben a cuestiones relacionadas con la salud p&uacute;blica. En enero de 2012, en el marco del debate sobre el uso de sustancias inapropiadas en los implantes mamarios de la empresa francesa&nbsp;<i>Poly Implant Proth&egrave;se,<\/i>&nbsp;la Asociaci&oacute;n Brit&aacute;nica de Cirujanos Pl&aacute;sticos propuso al gobierno del Reino Unido hacer m&aacute;s restrictiva la regulaci&oacute;n y prohibir los avisos publicitarios de cirug&iacute;as est&eacute;ticas por considerar que generan<i>&quot;expectativas irreales&quot;<\/i>&nbsp;sobre sus resultados.<\/p>\n<p>En diciembre de ese mismo a&ntilde;o, el Ministerio del Poder Popular para la Salud de Venezuela emiti&oacute; una resoluci&oacute;n que adem&aacute;s de prohibir el uso de biopol&iacute;meros en tratamientos con fines est&eacute;ticos, debido a los riesgos que representan para la salud de las mujeres,&nbsp;<i>&quot;restringe la publicidad de estos productos, incluyendo conferencias y seminarios que inciten su uso&quot;.<\/i>Adem&aacute;s de los problemas que suscitan tales intervenciones en materia de salud p&uacute;blica, la norma se fundamenta en un aspecto que no hab&iacute;a sido tocado por sus hom&oacute;logas de otros pa&iacute;ses: la promoci&oacute;n&nbsp;<i>&quot;masiva e indiscriminada&quot;<\/i>&nbsp;de dichos procedimientos&nbsp;<i>&quot;para alcanzar falsos patrones de belleza&quot;.<\/i>&nbsp;La resoluci&oacute;n excluye de la prohibici&oacute;n sustancias de relleno autorizadas cuando&nbsp;<i>&quot;usadas con fines terap&eacute;uticos&quot;.<\/i><\/p>\n<p>Ante este panorama cobra importancia la discusi&oacute;n de los alcances y l&iacute;mites de las regulaciones estatales sobre el tema. A los dilemas citados se suma, en el caso de las personas trans, su derecho a la identidad de g&eacute;nero. Y es aqu&iacute; que se diluye el l&iacute;mite entre cirug&iacute;as &lsquo;est&eacute;ticas&rsquo; y &lsquo;terap&eacute;uticas&rsquo;. La pr&aacute;ctica muestra que esta diferenciaci&oacute;n resulta compleja y no puede ser trazada del mismo modo para todas las personas.<\/p>\n<p><b>Los l&iacute;mites de la regulaci&oacute;n<\/b><\/p>\n<p>Actualmente existe consenso respecto a la necesidad de que el Estado determine cu&aacute;les son las sustancias, procedimientos y agentes autorizados en los procesos de modificaci&oacute;n corporal, as&iacute; como los criterios de uso y el riesgo que involucran para la salud de las personas. No obstante, del enfoque que adopten estas regulaciones dependen cuestiones centrales en t&eacute;rminos de salud p&uacute;blica, pero tambi&eacute;n de derechos.<\/p>\n<p>Para Daniela Murta, psic&oacute;loga y doctora en salud colectiva por el Instituto de Medicina Social de la Universidad del Estado de Rio de Janeiro,&nbsp;<i>&quot;uno de los aspectos problem&aacute;ticos de este tipo de regulaciones es cuando la prohibici&oacute;n o la limitaci&oacute;n para el uso de alguna sustancia o producto no tiene como prioridad la protecci&oacute;n de los usuarios y acaba &uacute;nicamente por limitar el derecho de las personas a disponer de sus cuerpos&quot;.<\/i>&nbsp;Al respecto coincide Mario Felipe de Lima Carvalho, candidato doctoral del mismo instituto, quien cuestiona el enfoque de la vigilancia sanitaria que privilegia&nbsp;<i>&quot;la prohibici&oacute;n del uso de sustancias nocivas, en detrimento de la promoci&oacute;n y puesta a disposici&oacute;n de las sustancias m&aacute;s adecuadas en los servicios p&uacute;blicos de salud&quot;.<\/i><\/p>\n<p>Carvalho destaca que la regulaci&oacute;n sobre las intervenciones corporales puede seguir principalmente dos caminos: uno &quot;sanitarista&quot;, que defiende un control estricto del Estado en la protecci&oacute;n y promoci&oacute;n de la salud de la poblaci&oacute;n, y otro m&aacute;s &quot;liberal&quot;, que privilegia la libertad individual y la autodeterminaci&oacute;n. Al contemplar la salud en sus dimensiones f&iacute;sica y mental, el enfoque sanitarista considera tambi&eacute;n los posibles&nbsp;<i>&quot;da&ntilde;os psicol&oacute;gicos causados por la fuerte propaganda medi&aacute;tica de determinadas formas corporales como m&aacute;s deseables que otras [&hellip;] particularmente cuando tales formas s&oacute;lo se tornan posibles mediante una gran inversi&oacute;n financiera&quot;.<\/i>&nbsp;El enfoque liberal, por su parte,&nbsp;<i>&quot;hace eco de argumentos feministas como el derecho a decidir sobre el propio cuerpo para defender la libertad de modificaciones corporales independientemente de sus condicionantes ideol&oacute;gicos&quot;,<\/i>&nbsp;explica.<\/p>\n<p>Las legislaciones que parten de un enfoque sanitarista restrictivo muchas veces consideran arbitrariamente que para garantizar la salud de las personas es necesario restringir el ejercicio de sus libertades como el acceso a la informaci&oacute;n y la autonom&iacute;a para decidir sobre su propio cuerpo. Pero los l&iacute;mites entre lo que reporta beneficios para los individuos y lo que les es perjudicial se definen tambi&eacute;n m&aacute;s all&aacute; del &aacute;mbito de la salud. Por ello resulta central para el debate examinar los referentes que definen nociones como &quot;beneficioso&quot; y &quot;nocivo&quot;, as&iacute; como el uso de categor&iacute;as sanitarias en &aacute;mbitos que no ata&ntilde;en directamente a la salud o en los que la perspectiva de derechos deber&iacute;a ocupar un lugar central.<\/p>\n<p>Murta se&ntilde;ala que determinados aspectos normativos de algunas regulaciones restringen el acceso a transformaciones corporales pese a que no guardan relaci&oacute;n directa con riesgos para la salud. Entre ellos se encuentra la descalificaci&oacute;n del deseo por procedimientos est&eacute;ticos que son considerados &lsquo;innecesarios&rsquo;. En el caso de las personas trans a esto se a&uacute;na una norma sexual y de g&eacute;nero que obstaculiza su acceso a servicios de salud p&uacute;blicos y privados.&nbsp;<i>&quot;Al mismo tiempo que puede proteger a los potenciales usuarios de los da&ntilde;os causados por el uso indebido de tecnolog&iacute;as para la transformaci&oacute;n de sus cuerpos, la regulaci&oacute;n puede tambi&eacute;n limitar la autonom&iacute;a de las personas en el ejercicio de su derecho a disponer de sus cuerpos&quot;,<\/i>&nbsp;explica.<\/p>\n<p>Si bien el uso &quot;artesanal&quot; de sustancias inyectables no aptas para la modificaci&oacute;n corporal se ha extendido tambi&eacute;n entre hombres y mujeres cisg&eacute;nero (es decir, que se identifican con el g&eacute;nero asignado al nacer), afirma Carvalho, son las personas trans, espec&iacute;ficamente las travestis de bajos recursos, uno de los segmentos de la poblaci&oacute;n que m&aacute;s acuden a esta pr&aacute;ctica. Pese a ello, ellas no integran el sujeto t&aacute;cito que se beneficiar&iacute;a de estas normas.<\/p>\n<p>Cuando los Estados garantizan a las personas trans el derecho a la identidad de g&eacute;nero, lo hacen en un contexto restrictivo y fuertemente medicalizado. En estos casos se&nbsp;<i>&quot;vincula el acceso al cuidado con la existencia de una patolog&iacute;a [&hellip;] que impone una l&oacute;gica de evaluaci&oacute;n psiqui&aacute;trica para el acceso a estos procedimientos&quot;,<\/i>&nbsp;afirma Murta. Pero en la mayor&iacute;a de pa&iacute;ses, donde no se les reconoce este derecho, ellas&nbsp;<i>&quot;quedan excluidas del acceso al cuidado y vulnerables a la realizaci&oacute;n de estas intervenciones de forma insegura e il&iacute;cita, lo que implica m&aacute;s riesgos&quot;.<\/i>&nbsp;De este modo, al encarar un proceso de modificaci&oacute;n corporal se enfrentan a dos alternativas: por un lado la realizaci&oacute;n de procedimientos clandestinos que atentan contra su salud y por otro el acceso a los mismos con seguridad sanitaria pero que patologiza su identidad.<\/p>\n<p><a href=\"http:\/\/www.clam.org.br\/es\/noticias-clam\/conteudo.asp?cod=9350\">Argentina constituye una excepci&oacute;n en este sentido<\/a>. El a&ntilde;o pasado, el Congreso de ese pa&iacute;s aprob&oacute; una ley que permite a sus ciudadanos y ciudadanas cambiar el nombre, la foto y el sexo en el documento de identidad mediante un tr&aacute;mite administrativo sin mediar intervenci&oacute;n m&eacute;dica o psicol&oacute;gica alguna. La ley tambi&eacute;n garantiza el acceso a los tratamientos de salud necesarios para que las personas modifiquen su cuerpo de acuerdo con el g&eacute;nero autopercibido. Esto ubic&oacute; al pa&iacute;s suramericano en la vanguardia mundial de legislaciones sobre el tema, ya que a diferencia de otros pa&iacute;ses, despatologiza y desjudicializa las identidades trans.<\/p>\n<p>Otro aspecto controvertido de estas normas tiene que ver con la diferenciaci&oacute;n entre cirug&iacute;as est&eacute;ticas y cirug&iacute;as terap&eacute;uticas o reparativas, en tanto de ella depende que dichos procedimientos sean considerados o no como un derecho que el Estado debe garantizar, as&iacute; como el reforzamiento de nociones relacionadas con lo normal y lo patol&oacute;gico.<\/p>\n<p>Adem&aacute;s del acceso libre y aut&oacute;nomo a los tratamientos hormonales y a los procedimientos de modificaci&oacute;n corporal, es decir, sin la mediaci&oacute;n de psiquiatras, la cobertura del proceso de reasignaci&oacute;n de sexo\/g&eacute;nero por parte de los sistemas p&uacute;blicos de salud ha sido otra demanda de las organizaciones trans en varios pa&iacute;ses. Aparte de la patologizaci&oacute;n de sus identidades para justificar tales procedimientos, otro de los obst&aacute;culos a los que se enfrentan las personas trans es la consideraci&oacute;n de tales procedimientos como est&eacute;ticos. Es por ello que,&nbsp;<i>&quot;desde el punto de vista de la construcci&oacute;n de pol&iacute;ticas p&uacute;blicas de salud para la poblaci&oacute;n trans&quot;,<\/i>&nbsp;afirma Carvalho,&nbsp;<i>&quot;lo que est&aacute; en juego es la construcci&oacute;n de argumentos pol&iacute;ticos, t&eacute;cnicos y sanitarios para el convencimiento de sectores conservadores respecto a la necesidad de atenci&oacute;n integral a la salud trans&quot;.<\/i><\/p>\n<p>Dicha necesidad puede ser planteada en t&eacute;rminos de que intervenciones como la reasignaci&oacute;n de sexo no constituyen en s&iacute; procedimientos est&eacute;ticos, en la medida en que no son empleados con fines de embellecimiento, sino terap&eacute;uticos o reparativos, en tanto buscan &quot;resolver&quot; un problema como lo ser&iacute;a la discordancia entre el g&eacute;nero asumido por la persona y su sexo. De este modo lo han hecho organizaciones de varios pa&iacute;ses, equiparando estos procedimientos con los que se llevan a cabo para tratar problemas derivados de accidentes, enfermedades o tratamientos m&eacute;dicos. No obstante, esto deriva nuevamente en la propia patologizaci&oacute;n.<\/p>\n<p>Sobre este punto explica Murta:&nbsp;<i>&quot;no creo que las modificaciones corporales del sexo demandadas por personas trans puedan ser definidas como cirug&iacute;as terap&eacute;uticas por su finalidad de restauraci&oacute;n de una normalidad, recuperaci&oacute;n de una est&eacute;tica considerada normal, mejora de funciones o tratamiento de enfermedades. Considero que estas definiciones traen consigo una expectativa de adecuaci&oacute;n, de normalizaci&oacute;n de los cuerpos y esto acaba por limitar la autonom&iacute;a de quienes las demandan, restringen el acceso al cuidado y patologizan las experiencias trans&quot;.<\/i><\/p>\n<p>En esta misma direcci&oacute;n, Carvalho se&ntilde;ala que en estos casos las cirug&iacute;as reparativas no implicar&iacute;an un tr&aacute;nsito de g&eacute;nero, sino una manutenci&oacute;n del mismo, y cuestiona el lugar que ocupar&iacute;a la autonom&iacute;a cuando se demanda el auxilio del Estado frente a un &quot;mal que se padece&quot;.&nbsp;<i>&quot;El problema de ese debate es la potencialidad de reiterar nuevamente la relaci&oacute;n entre transexualidad y sufrimiento, o sea, independientemente de la regulaci&oacute;n psiqui&aacute;trica y psicol&oacute;gica, s&oacute;lo se podr&iacute;a tener acceso a las cirug&iacute;as de reparaci&oacute;n con la demostraci&oacute;n de sufrimiento. Esta dependencia est&aacute; lejos de poder ser considerada autonom&iacute;a&quot;,<\/i>&nbsp;puntualiza.<\/p>\n<p>El desaf&iacute;o se&ntilde;alado por ambos investigadores consiste en desarrollar una perspectiva no normalizadora que garantice la autonom&iacute;a de las personas trans sobre sus cuerpos, donde la b&uacute;squeda de auxilio m&eacute;dico y cuidado de la salud no implique una noci&oacute;n de &ldquo;cura&rdquo; o sea reducida a cuestiones &ldquo;cosm&eacute;ticas&rdquo;. Murta cita como un avance en esta direcci&oacute;n el trabajo de la Red por la Despatologizaci&oacute;n de las Identidades Trans del Estado Espa&ntilde;ol, que&nbsp;<i>&quot;sugiere que la atenci&oacute;n debe enfocarse en la creaci&oacute;n de condiciones para mejorar la calidad de vida del sujeto, ya que las personas trans son vulnerables a la transfobia y existen aspectos de esta experiencia que comprometen el libre desarrollo del sujeto&quot;.<\/i>&nbsp;Esta propuesta fue planteada de manera concreta en su&nbsp;<i><a href=\"http:\/\/stp2012.info\/guia\/STP-propuesta-sanidad.pdf\">Gu&iacute;a de buenas pr&aacute;cticas para la atenci&oacute;n sanitaria a personas trans en el marco del Sistema Nacional de Salud<\/a>,<\/i>&nbsp;que propone un protocolo de atenci&oacute;n basado en el asesoramiento y consentimiento informado, en el que desaparece la evaluaci&oacute;n psiqui&aacute;trica y la perspectiva patologizante, y se pone &eacute;nfasis en la promoci&oacute;n y fortalecimiento de la autonom&iacute;a de los usuarios.<\/p>\n<p>No obstante, a diferencia del proceso transgenerizador, en el caso de las mujeres que se someten a procedimientos de modificaci&oacute;n corporal parece a&uacute;n m&aacute;s dif&iacute;cil escapar de la dicotom&iacute;a cirug&iacute;a est&eacute;tica\/cirug&iacute;a terap&eacute;utica, ya que en ellas muchas veces no se busca modificar condiciones que inviabilizar&iacute;an su libre desarrollo como sujetos, explica Murta, es importante asegurar el cuidado y la salud tanto de unas como de otras, sin hacerlas vulnerables y sin crear distinciones para el acceso.&nbsp;<i>&quot;El hecho de que algo est&eacute; o no disponible para las personas no debe plantearse en t&eacute;rminos normativos y normalizadores, sino privilegiar la autonom&iacute;a y la salud de quien lo demanda, en el caso de cirug&iacute;as y uso de sustancias para la modificaci&oacute;n del cuerpo, siendo consciente de los riesgos y beneficios que tales intervenciones traen consigo&quot;,<\/i>&nbsp;concluye.<\/p>\n<p><b>Agendas en tensi&oacute;n<\/b><\/p>\n<p>Los debates sobre cirug&iacute;as pl&aacute;sticas y otros procesos de modificaci&oacute;n corporal se extienden a otros &aacute;mbitos adem&aacute;s del sanitario. Entre movimientos sociales como los feministas y trans tienen lugar &aacute;lgidas discusiones en torno a las posibilidades de autonom&iacute;a sobre el cuerpo que ofrecen tales procedimientos, pero tambi&eacute;n a las formas de control a que los mismos someten.<\/p>\n<p>En su art&iacute;culo&nbsp;<i>Women and the knife<\/i>&nbsp;(1991), la feminista canadiense Kathryn Pauly Morgan discute distintos modos en que estos procedimientos contribuyen a mantener relaciones de dominaci&oacute;n sobre las mujeres pese a que son percibidos por sus usuarias como un medio de liberaci&oacute;n que les permiten acceder a mejores posiciones sociales y econ&oacute;micas, as&iacute; como una forma de elegir sobre el propio cuerpo. Hist&oacute;ricamente, afirma Morgan, las mujeres han considerado sus cuerpos como<i>locus<\/i>&nbsp;de poder para mejorar a trav&eacute;s del artificio, ahora a trav&eacute;s del artefacto, y en esta tradici&oacute;n se insertan las cirug&iacute;as cosm&eacute;ticas.<\/p>\n<p>Las decisiones de estas mujeres para autocrear su cuerpo y proporcionarle satisfacci&oacute;n y cuidados son en realidad aparentes, argumenta la fil&oacute;sofa, dado que se encuentran inmersas en un conjunto de contradicciones que limitan su autonom&iacute;a. A estas situaciones Morgan las denomina &quot;paradojas de la elecci&oacute;n&quot;. Una de las paradojas es la &quot;elecci&oacute;n de la conformidad&quot;, seg&uacute;n la cual esta tecnolog&iacute;a no es usada con el fin de crear y celebrar la idiosincracia y lo &uacute;nico, sino para crear cuerpos bellos en un contexto racista y antisemita, conforme a un modelo blanco, occidental y anglosaj&oacute;n. Ejemplos de ello son las cirug&iacute;as que se practican las mujeres jud&iacute;as para reducir el tama&ntilde;o de sus narices y &quot;pasar&quot; as&iacute; por mujeres arias; las blefaroplastias est&eacute;ticas a las que acuden mujeres asi&aacute;ticas con el fin de &quot;occidentalizar&quot; sus p&aacute;rpados; as&iacute; como los tratamientos de blanqueamiento de piel. Sobre este &uacute;ltimo procedimiento, en junio del a&ntilde;o pasado&nbsp;<a href=\"http:\/\/new.paho.org\/hq\/index.php?option=com_docman&amp;task=doc_view&amp;gid=17845&amp;Itemid=\">la OMS advirti&oacute; que pese a los graves riesgos para la salud de estos procedimientos<\/a>, 77% de las mujeres en Nigeria&nbsp;<i>&quot;han reportado haber usado productos blanqueadores de la piel de manera regular&quot;,<\/i>&nbsp;as&iacute; como 59% de las mujeres en Togo, 35% en Sud&aacute;frica, 27% en Senegal y 25% en Mali. De modo similar, 40% de las mujeres encuestadas en China, Malasia, Filipinas y la Rep&uacute;blica de Corea admitieron su uso regular y en India&nbsp;<i>&quot;el 61% del mercado dermatol&oacute;gico consiste en productos aclaradores de la piel&quot;.<\/i><\/p>\n<p>Otro dilema se&ntilde;alado por la autora es la &quot;liberaci&oacute;n en la colonizaci&oacute;n&quot;. En los relatos de mujeres estos procedimientos representan la posibilidad de trascender el legado hereditario de sus padres o las marcas del paso del tiempo, que evidencian marcadas semejanzas con las ret&oacute;ricas de la colonizaci&oacute;n. Como han se&ntilde;alado diversos autores, estas ret&oacute;ricas camuflan pr&aacute;cticas de coerci&oacute;n y dominaci&oacute;n mediante teor&iacute;as que proclaman las ventajas del colonialismo para los pueblos sometidos. As&iacute; como la colonizaci&oacute;n era justificada como un medio para llevar a los pueblos b&aacute;rbaros las bondades de la civilizaci&oacute;n y del mismo modo en que actualmente la explotaci&oacute;n se enmascara en nombre del desarrollo, afirma Morgan, el cuerpo es visto como una entidad primitiva que mediante su colonizaci&oacute;n puede ser explotada con el fin de mejorar su apariencia y contribuir al erotismo. En estos casos la b&uacute;squeda de independencia y empoderamiento de las mujeres se convierte en dependencia de la valoraci&oacute;n masculina y de los servicios que los profesionales de la salud ofrecen para &quot;hacerlas independientes&quot;.<\/p>\n<p>No obstante, y sin restar validez a estas afirmaciones, es importante recordar que el sexismo y la dominaci&oacute;n no derivan de tales pr&aacute;cticas, sino que se apoyan en ellas; de un modo similar a lo se&ntilde;alado por algunos autores respecto a que no existe un lenguaje sexista, sino sexismo ling&uuml;&iacute;stico. Resulta por lo tanto necesario profundizar el an&aacute;lisis de estos procedimientos, con el fin de entender el lugar que ocupan y el papel que desempe&ntilde;an en las sociedades contempor&aacute;neas.<\/p>\n<p>Un &aacute;ngulo que permite apreciar la complejidad de estos procedimientos lo ofrecen las tensiones entre agendas feministas y trans sobre el tema, en especial, tres aspectos neur&aacute;lgicos: la promoci&oacute;n de un modelo hegem&oacute;nico de belleza y de ser mujer a trav&eacute;s de las cirug&iacute;as est&eacute;ticas versus el uso de las mismas por parte de personas trans como forma de alcanzar legibilidad social; la dominaci&oacute;n de las mujeres mediante la tecnificaci&oacute;n de su cuerpo y las posibilidades de liberaci&oacute;n que representan dichas tecnolog&iacute;as para las personas trans; y la patologizaci&oacute;n del cuerpo de las mujeres en oposici&oacute;n a la despatologizaci&oacute;n de las identidades trans.<\/p>\n<p>Sobre el primer punto, Morgan, entre otras autoras, se&ntilde;ala que&nbsp;<i>&quot;el maquillaje, el vestuario, la voz, los gestos, la limpieza, el grado de musculatura, los olores, la vellosidad, el vocabulario, la piel, el pelo, los pies y la vulva pueden ser evaluados, regulados y disciplinados a la luz de un hipot&eacute;tico espectador masculino frecuentemente blanco&quot;,<\/i>&nbsp;y que estos aspectos vinculados a la feminidad constituyen una&nbsp;<i>&quot;v&iacute;a de existencia de la mujer como sujeto, al mismo tiempo que la crea como un objeto definido por el patriarcado&quot;.<\/i>&nbsp;En una v&iacute;a similar, Daniela Murta afirma que, en la creciente demanda de intervenciones m&eacute;dicas para la modificaci&oacute;n corporal, un aspecto central, aunque muchas veces invisible, es que as&iacute; como pueden constituir una forma de ejercer la autonom&iacute;a sobre el cuerpo, tambi&eacute;n reiteran un modelo de belleza y feminidad en el que deben ser encuadrados los cuerpos. Estos procedimientos est&aacute;n vinculados con la mejora de la autoestima y, en ese sentido,&nbsp;<i>&quot;pueden actuar como un dispositivo para el bienestar del sujeto, pero por otro, la realizaci&oacute;n de modificaciones corporales de este tipo estar&iacute;a absolutamente relacionada con una normatividad sexual que, a partir de una patr&oacute;n de belleza, refuerza la diferencia natural\/corporal entre los sexos y la esencia femenina (bella)&quot;,&nbsp;<\/i>puntualiza.<\/p>\n<p>Para Morgan, la conformidad p&uacute;blica con las normas de la belleza es adem&aacute;s correlato de una conformidad m&aacute;s profunda<i>&quot;con las normas de la heterosexualidad obligatoria, as&iacute; como con la conciencia de la violencia que puede resultar de la violaci&oacute;n de tales normas&quot;.<\/i>&nbsp;En este sentido algunas feministas cuestionan las construcciones corporales de las mujeres trans que persiguen y reproducen dicho modelo.<\/p>\n<p>No obstante, existe otra cara de las puestas en escena de g&eacute;nero de las mujeres trans.&nbsp;<a href=\"http:\/\/www.flacso.org.ec\/docs\/i39ochoa.pdf\">En su etnograf&iacute;a sobre la belleza y la feminidad en Venezuela en el marco de la producci&oacute;n de modernidad<\/a>, la antrop&oacute;loga Marcia Ochoa considera como uno de los lugares privilegiados de observaci&oacute;n la avenida Libertador en Caracas y lo que ella denomina&nbsp;<i>&quot;la ocupaci&oacute;n transformista de este lugar&quot;.<\/i>&nbsp;Los corredores que componen esta avenida son recorridos por transformistas durante el d&iacute;a, que posan y se exhiben ante los carros ofreciendo servicios sexuales, aunque sus pr&aacute;cticas sociales no se limitan a ello.&nbsp;<i>&quot;Esta forma de desplazamiento es obviamente performativa, se refiere a y sirve para producir femineidad y distinci&oacute;n&quot;,<\/i>&nbsp;afirma Ochoa. Sin embargo, contin&uacute;a,&nbsp;<i>&quot;la pasarela tambi&eacute;n hace referencia a la cultura nacional de la belleza y as&iacute; se convierte en un mecanismo de ingreso en el imaginario nacional venezolano en una escena p&uacute;blica. La pose y pasarela crea una visibilidad para las transformistas &ndash;les brinda legibilidad social cuando son reconocidas como mujeres glamorosas&ndash;&quot;.<\/i>&nbsp;La antrop&oacute;loga explica que si bien la exhibici&oacute;n del torso y senos caracter&iacute;stica de la puesta en escena de las transformistas en este lugar cumple la funci&oacute;n de ofrecer servicios sexuales,&nbsp;<i>&quot;tambi&eacute;n es un signo visual que las marca como mujeres &ndash;no solo como chicas en apariencia sino f&iacute;sicamente, encarnadas mujeres&ndash;&quot;.<\/i><\/p>\n<p>De este modo la puesta en escena de g&eacute;nero en un sentido amplio, esto es, incluyendo tambi&eacute;n la realizaci&oacute;n de cirug&iacute;as de modificaci&oacute;n corporal, es mucho m&aacute;s que la reproducci&oacute;n maquinal de un modelo hegem&oacute;nico de ser mujer. Para entender las dimensiones que esto adquiere, es preciso, como afirma Ochoa, comprender tambi&eacute;n&nbsp;<i>&quot;a las minor&iacute;as sexuales y redes sociales trans dentro del marco del largo proceso de producci&oacute;n de la modernidad y sus contextos&quot;<\/i>&nbsp;y aproximarse no s&oacute;lo a las relaciones interpersonales que establecen sino tambi&eacute;n a&nbsp;<i>&quot;las fuerzas estructurales que sobredeterminan estas relaciones: la pobreza, la misoginia, las racializaciones que se producen en los procesos de urbanizaci&oacute;n, modernidad y naci&oacute;n&quot;.<\/i>&nbsp;As&iacute;, en un contexto de fuerte marginaci&oacute;n social en el que las trans son percibidas como sujetos extra&ntilde;os, risibles, abyectos e incluso pasibles de violencia, la encarnaci&oacute;n de lo que para las mujeres es un modelo hegem&oacute;nico, para las trans es ante todo un medio de&nbsp;<i>&quot;normalizar su visibilidad&quot;,<\/i>&nbsp;en este caso,&nbsp;<i>&quot;dentro de la est&eacute;tica venezolana de belleza y feminidad&quot;.<\/i><\/p>\n<p>Con relaci&oacute;n a este punto, la antrop&oacute;loga colombiana Andrea Garc&iacute;a Becerra afirma en su&nbsp;<a href=\"http:\/\/www.bdigital.unal.edu.co\/2978\/1\/489177.2010.pdf\">disertaci&oacute;n de maestr&iacute;a<\/a>&nbsp;que dado que las mujeres trans no se ajustan del todo a la categor&iacute;a de persona por su identidad de g&eacute;nero, son percibidas como sujetas&nbsp;<i>&quot;ileg&iacute;timas e ilegibles&quot;.<\/i>&nbsp;De all&iacute; que&nbsp;<i>&quot;dotar de legitimidad y de legibilidad cultural las experiencias trans, es un objetivo pol&iacute;tico&quot;.<\/i><\/p>\n<p>En el contexto brasile&ntilde;o, Mario Carvalho se&ntilde;ala que algunas de estas cr&iacute;ticas provienen del feminismo marxista que considera que travestis y mujeres trans reproducen el cuerpo mercantilizado que ellas han combatido. Este&nbsp;<i>&quot;tono conservador&quot;,<\/i>&nbsp;explica, no s&oacute;lo se circunscribe a las personas trans sino tambi&eacute;n a otros aspectos relacionados con las personas LGBT.&nbsp;<i>&quot;Pese a que hablan directamente sobre el cuerpo, al mismo tiempo consideran todas las posibilidades de decisi&oacute;n sobre el mismo que son &quot;inmorales&quot; como determinadas por el capital y por la opresi&oacute;n a las mujeres. Ese tipo de maniobra ret&oacute;rica se encuentra fuertemente en debates sobre prostituci&oacute;n y participaci&oacute;n de mujeres trans en el movimiento feminista, para citar los dos m&aacute;s relevantes&quot;,<\/i>&nbsp;puntualiza.<\/p>\n<p>En todo caso, un aspecto apuntado por estas cr&iacute;ticas con el que incluso investigadoras\/es y activistas trans est&aacute;n de acuerdo es que la b&uacute;squeda de legibilidad social se corresponde con frecuencia con formas de normalizaci&oacute;n en tanto conduce al restablecimiento de una coherencia entre el sexo y el g&eacute;nero. Por lo tanto, para Murta resulta&nbsp;<i>&quot;necesario, en el caso de las cirug&iacute;as est&eacute;ticas, problematizar lo que est&aacute; en juego con la naturalizaci&oacute;n de la realizaci&oacute;n de estos procedimientos, ya que su finalidad es la de adecuaci&oacute;n de los cuerpos a una normatividad sexual. Poner en pauta el objetivo de tales intervenciones evidencia prop&oacute;sitos de normalizaci&oacute;n de los cuerpos que no s&oacute;lo reitera el binarismo de los sexos sino que tambi&eacute;n excluye otras posibilidades de vida que no est&aacute;n adecuadas a este modelo, como es, por ejemplo, el caso de las travestis&quot;.<\/i><\/p>\n<p>Los otros dos puntos neur&aacute;lgicos &ndash;la tecnificaci&oacute;n de los cuerpos como forma de dominaci&oacute;n y liberaci&oacute;n a la vez, y el establecimiento de nuevos l&iacute;mites entre lo normal y lo patol&oacute;gico&ndash; se encuentran relacionados con lo anterior y tocan algunos aspectos ya mencionados.<\/p>\n<p>Morgan se&ntilde;ala que la cirug&iacute;a est&eacute;tica se enmarca en el gran proceso de tecnologizaci&oacute;n existencial contempor&aacute;nea de los cuerpos de las mujeres en Occidente, en el que adem&aacute;s de sujetos de la tecnolog&iacute;a, son objetos de la misma. En este &aacute;mbito se reproduce la oposici&oacute;n entre naturaleza y cultura, y&nbsp;<i>&quot;el rol atribuido a la tecnolog&iacute;a es de trascedencia, control, explotaci&oacute;n y transformaci&oacute;n de un objeto o proceso tecnologizado, considerado inferior o primitivo, con el fin de perfeccionarlo o de eliminarlo por considerarlo nocivo&quot;.<\/i><\/p>\n<p>De acuerdo con la fil&oacute;sofa, estos procedimientos de modificaci&oacute;n corporal contribuyen a la difusi&oacute;n del poder disciplinario analizado por Foucault, que produce cuerpos d&oacute;ciles que pueden ser sujetados, transformados y mejorados. De este modo, el imperativo tecnol&oacute;gico de belleza de las sociedades occidentales industrializadas refuerza la dominaci&oacute;n de los cuerpos de las mujeres y el lugar que ocupan&nbsp;<i>&quot;en una maquinaria de poder que los explota, los echa abajo y los reorganiza a trav&eacute;s de una metamorfosis pol&iacute;tica de la &quot;encarnaci&oacute;n&quot;&quot;,<\/i>&nbsp;concluye.<\/p>\n<p>A trav&eacute;s del proceso de normalizaci&oacute;n de las cirug&iacute;as est&eacute;ticas se estar&iacute;a produciendo, en opini&oacute;n de Morgan, una inversi&oacute;n de los dominios de lo normal y lo patol&oacute;gico. Las mujeres que se reh&uacute;san a realizarse dichos procedimientos tender&iacute;an a ser<i>&quot;estigmatizadas como no-liberadas, descuidadas respecto a su apariencia (que es signo de una identidad de g&eacute;nero trastornada y baja autoestima seg&uacute;n varios profesionales de la salud), o que se reh&uacute;san a ser lo que podr&iacute;an ser&quot;,<\/i>&nbsp;afirma. En suma, ser&iacute;an vistas como mujeres desviadas. Pero el l&iacute;mite de lo patol&oacute;gico se extiende tambi&eacute;n al cuerpo mismo, en tanto &eacute;ste es visto como un producto de la naturaleza que requiere la correcci&oacute;n de deformidades, senos inadecuados, concentraciones indeseadas de grasa, etc. As&iacute;, apunta Morgan, lo &quot;naturalmente dado&quot; se convierte en lo primitivo que puede ser mejorado a trav&eacute;s de la tecnolog&iacute;a y tambi&eacute;n en lo feo, en lo imperfecto.<\/p>\n<p>En el caso de las personas trans, estos procedimientos adquieren un doble car&aacute;cter. En la medida en que les permiten modificar un cuerpo que se torna en obst&aacute;culo para su desarrollo como sujetos y les brinda acceso a una forma de legibilidad social, pueden ser considerados &quot;liberadores&quot; y &quot;normalizadores&quot; &ndash;en el sentido de que ayudan a dejar atr&aacute;s el signo de anormalidad que las hace vulnerables a un sinn&uacute;mero de violencias&ndash;. No obstante, como ya se ha se&ntilde;alado, los procedimientos en s&iacute; mismos no son garant&iacute;a de nada, puesto que el lugar de anormalidad que ocupan depende principalmente de los saberes e instituciones biom&eacute;dicas, de las regulaci&oacute;n jur&iacute;dicas, as&iacute; como de las formas de poder y dominaci&oacute;n derivadas de las normas de g&eacute;nero y sexualidad. Es as&iacute; como esta libertad y normalizaci&oacute;n tienen otro lado menos generoso, puesto que hacen dependientes a las personas trans de los conceptos m&eacute;dicos y psiqui&aacute;tricos para modificar su cuerpo, limitando su autonom&iacute;a, como afirma Carvalho; y las obligan a ajustarse a modos determinados de tener un cuerpo, lo que supone la exclusi&oacute;n de otros modos posibles, como explica Murta. Es as&iacute; como la libertad se alcanza mediante la posibilidad de tornarse normal, que conlleva una sujeci&oacute;n a saberes m&eacute;dico psicol&oacute;gicos e implica la previa patologizaci&oacute;n de su condici&oacute;n. En palabras de Garc&iacute;a Becerra:&nbsp;<i>&quot;la relaci&oacute;n de las transexuales con el sistema m&eacute;dico es ambigua: &eacute;ste ofrece promesas de liberaci&oacute;n, que a su vez son cadenas de dominaci&oacute;n. Nos promete el cuerpo que deseamos, la materializaci&oacute;n de la hembra que llevamos dentro, luego de tanto sufrimiento, frustraci&oacute;n e incomodidad, pero debemos encajar en sus par&aacute;metros cl&iacute;nicos binarios y eliminar cualquier manifestaci&oacute;n de ambig&uuml;edad&quot;.<\/i><\/p>\n<p>Un aspecto que llama la atenci&oacute;n en este debate son las disyunciones entre dos agendas que se articulan en torno a las perspectivas de g&eacute;nero y de derechos, como las feministas y trans. En parte, esto se debe a que tales agendas pocas veces comparten temas comunes. Carvalho se&ntilde;ala, por ejemplo, que mientras en Brasil las organizaciones feministas suelen trabajar en torno a cuestiones como un menor salario que los hombres y otros problemas relacionadas con el &aacute;mbito laboral, adem&aacute;s del aborto; las demandas del movimiento trans brasile&ntilde;o apuntan hacia al proceso transexualidador en los servicios p&uacute;blicos de salud, la simplificaci&oacute;n de los tr&aacute;mites para modificar el nombre y el sexo en el registro civil, as&iacute; como cuestiones relacionadas con el ejercicio de la prostituci&oacute;n y el combate al VIH\/Sida.<\/p>\n<p>Esta divergencia de temas, aclara el investigador, se debe tambi&eacute;n a que&nbsp;<i>&quot;en gran medida las organizaciones feministas m&aacute;s conservadoras, al menos en Brasil, reiteran constantemente un debate sobre y para &quot;mujeres&quot;, sin necesariamente tener una pol&iacute;tica de deconstrucci&oacute;n del g&eacute;nero&quot;.<\/i>&nbsp;Es por ello que los problemas de las mujeres son considerados bajo una concepci&oacute;n naturalizada de los cuerpos femeninos, cuyo foco est&aacute; en las condiciones materiales que afectan la vida de &quot;esas mujeres&quot; y no de otras. En el caso de las agendas trans, contin&uacute;a, se&nbsp;<i>&quot;percibe una pauta apegada a cuestiones concretas de la realidad de vida de las personas, que tampoco pasa necesariamente por un profundo debate de g&eacute;nero. En ese sentido, la importancia de los &quot;derechos&quot; est&aacute; localizada en la realidad cotidiana sin un cuestionamiento m&aacute;s ontol&oacute;gico de las formas de opresi&oacute;n&quot;.<\/i>&nbsp;Por ello afirma que puede ser un error suponer que la perspectiva de g&eacute;nero resulte tan fundamental para ambos movimientos.<\/p>\n<p>Otra explicaci&oacute;n tiene que ver con la idea de que existe una sola perspectiva de g&eacute;nero, cuando en realidad el debate muestra una heterogeneidad en la forma como son entendidos conceptos claves como &quot;naturaleza&quot;, &quot;cultura&quot;, &quot;sexo&quot; y &quot;g&eacute;nero&quot;. Una cr&iacute;tica de investigadores\/as trans en este sentido apunta a la naturalizaci&oacute;n que realizan algunas feministas al definir estos t&eacute;rminos necesariamente como pares antit&eacute;ticos. Pese a que el feminismo ha cuestionado la correspondencia entre sexo y g&eacute;nero al se&ntilde;alar que el sexo puede ser visto como algo posterior al g&eacute;nero en lugar de algo que lo antecede y fundamenta, y a que ha mostrado que la historia del dimorfismo sexual es reciente, lo que relativiza dicho v&iacute;nculo, seg&uacute;n Garc&iacute;a Becerra ese movimiento tambi&eacute;n ha retomado esta oposici&oacute;n&nbsp;<i>&quot;de manera naturalizada y acr&iacute;tica&quot;.<\/i>&nbsp;Es as&iacute; como algunas cr&iacute;ticas feministas a las modificaciones corporales en general parten del cuestionamiento de la intervenci&oacute;n artificial de un objeto dado naturalmente. A esto responde la investigadora colombiana se&ntilde;alando que&nbsp;<i>&quot;en el caso de las experiencias de transexuales y travestis la intervenci&oacute;n del cuerpo es una pr&aacute;ctica evidente, pero quiz&aacute; todas las personas intervienen de m&uacute;ltiples maneras sus cuerpos para encajar en los modelos de sexo y g&eacute;nero imperantes. Siempre, el cuerpo es lugar de intervenci&oacute;n cultural y ser&iacute;a muy dif&iacute;cil, casi imposible, hablar de cuerpos humanos &quot;salvajes&quot;, &quot;naturales&quot; o &quot;no intervenidos&quot;&quot;.<\/i><\/p>\n<p>En suma, lo que est&aacute; en juego en estos debates no son los procedimientos de modificaci&oacute;n corporal en s&iacute; mismos, sino las formas complejas como se articulan, resisten o soportan relaciones de poder y dominaci&oacute;n; cuyo an&aacute;lisis requiere muchas veces la revisi&oacute;n misma de los fundamentos a partir de las cuales estas discusiones son planteadas. En este sentido, puede que las tensiones entre feministas y trans al respecto no sean tan irreconciliables como parecen. Tal vez sea necesario desarrollar una perspectiva que permita entender mejor la forma como los dispositivos de normalizaci&oacute;n afectan a las mujeres cisg&eacute;nero y transg&eacute;nero en conjunto, sin por ello perder de vista las particularidades respecto a los modos en que operan.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>The regulation of esthetic surgery generates debates about personal autonomy over one\u2019s own body and the imposition of a hegemonic model of beauty and femininity, as a response to an increasing demand for such interventions and its evident health impact. 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