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Hacia una ley de trabajo sexual

El 4 de octubre fue lanzada en la ciudad de Córdoba, Argentina, la Red por el Reconocimiento del Trabajo Sexual. Integrada por trabajadoras sexuales, equipos de investigación académicos, activistas, artistas, personas independientes y organizaciones sociales. La Red por el Reconocimiento del Trabajo Sexual (RRTS) se formó, inicialmente, como respuesta a laley de trata de personas sancionada en la provincia de Córdoba en el mes de junio de este año, prohibiendo en todo el territorio provincial la “instalación, funcionamiento, regenteo, sostenimiento, promoción, publicidad, administración y/o explotación bajo cualquier forma, modalidad o denominación -de manera ostensible o encubierta- de whiskerías, cabarets, clubes nocturnos, boites o establecimientos y/o locales de alterne”. Promovida por el partido oficialista dicha ley tiene como finalidad cercar a las organizaciones que trafican con mujeres para combatir la explotación sexual y la trata de personas en el país. Sin embargo, diversas organizaciones sociales entre las que se destaca la Asociación de Mujeres Meretrices de Argentina –AMMAR– tienen sus objeciones con la nueva normativa porque criminaliza la prostitución y contribuye a estigmatizar a las mujeres que trabajan en el rubro.

Para Eugenia Aravena, secretaria general de AMMAR-Córdoba, el grave problema es la asimilación que se hace entre prostitución y trata de personas. En esta misma línea debe ser leído el decreto presidencial Nº 936/2011 que prohíbe la publicación de avisos de oferta sexual en los medios de comunicación con el objetivo de erradicar la trata de personas para la esclavitud sexual. “Al impedir la publicación de avisos de una actividad lícita, fuente de ingresos económicos de quienes ejercen una actividad sexual paga, este decreto facilita y promueve el proxenetismo. De este modo se profundiza la percepción de ilegalidad del trabajo sexual, confundiéndolo con la trata de personas”, explica el documento que presenta la RRTS en la web, un impulso colectivo para fortalecer y dar voz dentro de las agendas políticas de los Derechos Sexuales y Reproductivos a un sector históricamente invisibilizado. En este sentido, el objetivo principal de la RRTS es “impulsar una ley que reconozca el trabajo sexual autónomo en el país garantizando los Derechos Humanos y laborales de las personas que ejercen esta actividad”.

Como fue recalcado en el panel de presentación, una de las características de la Red por el Reconocimiento del Trabajo Sexual es la heterogeneidad en su composición lo que posibilita la riqueza en el intercambio de saberes situados provenientes de campos diversos. Si se piensa el conocimiento como un producto de un proceso dialógico de construcción donde el saber científico es uno entre otros saberes, la RRTS es el reflejo del cruce de trayectorias de conocimiento y voces diversas cuya intención ulterior es quebrar con el doble discurso que caracteriza a las sociedades latinoamericanas –bajo la influencia de la gramática católica– el cual permite determinadas prácticas sexuales mientras sean en las márgenes de la legalidad y el derecho.

El panel de presentación estuvo integrado por Juan Marco Vaggione, integrante de la RRTS, Coordinador del Programa de Derechos Sexuales y Reproductivos de la Facultad de Derecho y de Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC) e investigador del CONICET; Liliana Pereya, integrante de la RRTS, Secretaria de Extensión de la Facultad de Filosofía y Humanidades de la UNC y directora del Equipo de Investigación “Haciendo Cuerpos” de la Facultad de Filosofía y Humanidades de la UNC; Roberto Birri, legislador provincial por el Partido Socialista; y Eugenia Aravena, integrante de la RRTS, Secretaria General de la Asociación de Mujeres Meretrices Argentinas ( AMMAR) filial Córdoba y Secretaria de Derechos Humanos de la CTA Córdoba.

Desde su lugar de Coordinador de un programa de Derechos Sexuales y Reproductivos, Juan Marco Vaggione puntualizó que, a partir de sus objetivos, la Red puede ser planteada como un espacio público subalterno y como un contra-discurso que se inscribe en una temporalidad central signada por el avance de los derechos sexuales y reproductivos en la Argentina contemporánea. En tanto espacio público subalterno permite hablar y debatir desde “afuera” de las relaciones de poder hegemónicas y de las legislaciones y las políticas públicas que actualmente circulan en nuestro país con respecto al tema del trabajo sexual, afirmó. “Si la situación de las trabajadoras sexuales ya era vulnerable en un sistema imperante abolicionista, los nuevos cambios legales parecen llevarnos a un sistema de prohibición que las desestabiliza y precariza más aún. Por un lado el decreto nacional que impide la oferta sexual, por el otro los códigos de falta aún imperantes en nuestro país que aún sostienen la figura de prostitución escandalosa, leyes de trata que confunden la trata de personas con el ejercicio del trabajo sexual, un fallo de una jueza del interior de la provincia de Córdoba afirmando que la prostitución es ilegal, esta construcción que se va permeando en el discurso legal es la que torna cada vez más vulnerable el lugar de los y las trabajadoras sexuales”, analizó Vaggione.

En este sentido, la RRTS es un lugar de crítica a esa construcción de política pública y a esa visión de “lo legal” que se va asentando desde un lugar de opresión, marginación e invisibilización. “La Red trae una voz diferente al debate de lo público que quiebre con una hegemonía que se está tejiendo alrededor de las nociones de cuerpo, sexualidad y trabajo sexual”, puntualizó el investigador. Dos de los objetivos de la Red apuntan en esa dirección: Impulsar una ley que reconozca el trabajo sexual autónomo en el país garantizando los Derechos Humanos y laborales de las personas que ejercen esta actividad y Apoyar la conformación de las cooperativas de trabajadores sexuales autónomas y autónomos. “Sin dudas, quienes integramos la Red tenemos en claro las situaciones de marginación, explotación e invisibilización que se teje en torno a las cuestiones relativas a la sexualidad y al trabajo sexual, pero también tenemos la certeza que la ilegalidad no es la manera de combatir esas condiciones. Una sociedad que siga utilizando el sistema legal para penalizar conductas como el aborto, el trabajo sexual o el consumo de drogas, todavía tiene mucho camino para recorrer hacia la democratización de la sexualidad, las prácticas individuales y la construcción democrática de lo colectivo”, afirmó Vaggione.

A su vez, la RRTS aparece como un contra-discurso que se inscribe en la esfera de lo público donde lo hegemónico pareciera ser el borramiento del trabajo sexual, su invisibilización como una forma de control y dominación. En palabras de Vaggione, “voces disidentes a una agenda moralizadora y civilizatoria que se asienta sobre el cuerpo de las trabajadoras sexuales con la negación de derechos como estrategia de control”. Es en este sentido que apunta otro de los objetivos de la Red –Desmontar los discursos morales opresivos que estigmatizan al trabajo sexual¬– cuya intención es, por un lado, “desmantelar críticamente un andamiaje moral que legitima la sexualidad sólo en la sacralidad del amor y en la potencialidad de la reproducción y, por el otro, poner en circulación éticas sexuales plurales basadas en la comunicación y el cuidado por el otro, frente a esta moral única y universal que, secularizada o no, sigue impregnando los cuerpos con la herencia católica”. En consonancia con Vaggione, para Liliana Pereyra, problematizar los discursos que se presentan como únicos y desnaturalizar lo que parece obvio es el camino que pretende transitar la Red. Parte de la responsabilidad de este trabajo es también la posibilidad de generar preguntas incómodas tales como “¿Qué tiene el trabajo sexual de distinto con respecto a otros trabajos? ¿Sobre qué presupuestos se montan los discursos que intentan separarlos? ¿Cuáles son las operaciones que se ponen en juego cuando pensamos que unas partes pueden ser asimiladas al todo, cuando hacemos de la genitalidad el cuerpo entero y escuchamos frases como “vender el cuerpo”? ¿Qué otro cuerpo está en juego cuando trabajamos como médicas, ingenieros o en un call center? ¿Qué otras partes del cuerpo no ponen en cuestión que se venda? ¿Qué nos pasa cuando vemos a mujeres que deciden poner su sexualidad en juego a la hora de ejercer una actividad laboral y se empoderan políticamente y nos interpelan? ¿Qué nos movilizan? ¿Qué miedos nos suscitan?” demanda Pereyra, dejando en claro que “no tenemos una verdad a cuestas sobre estas preguntas; por el contrario, como investigadores tenemos la obligación de repreguntarnos cada vez que estas cuestiones nos interpelan”. A su vez, los interrogantes y las consecuencias que generan los empoderamientos políticos, en este caso particular, de las mujeres trabajadoras sexuales, obligan a preguntar sobre la necesidad de la construcción de la víctima para tener luego la posibilidad de redimirla. Este mecanismo, sostiene Pereyra, “nos trae a otra encrucijada que se le presenta a un colectivo como el de las trabajadoras sexuales: ¿cómo posicionarse frente a determinados discursos de algunos feminismos, que no podríamos dejar de nominar a priori como progresistas, pero que sin embargo dejan fuera a algunas mujeres en pro de otras?”.

En su intervención, Pereyra apeló a esta disyuntiva que se presenta dentro de los feminismos y llamó al diálogo al declarar que no podía suponer de antemano que todas las personas presentes en el lanzamiento están convencidas que la prostitución deba ser considerada un trabajo pero al menos tenía la certeza que “todas estamos dispuestas y abiertas a preguntárnoslo, a pensarlo, comenzar a interrogar y pedirle explicaciones a algunas afirmaciones pregnantes y por el momento hegemónicas que se hacen pasar por la verdad. Sabemos que es un trabajo arduo y, al igual que los objetivos de la red, ambicioso porque implican cambios en el orden del hacer social y político. Euguenia Aravena fue un claro motor en unir fuerzas para coordinar un espacio colectivo de trabajo como es la Red a la que llegamos desde diferentes espacios, el académico en mi caso como directora del grupo de investigación Haciendo cuerpos”.

Por su parte, el legislador Roberto Birri afirmó su compromiso con los objetivos de la RRTS, rescatando la importancia de trabajar para la reglamentación del trabajo sexual autónomo. Desde la perspectiva del derecho, explicó, el modelo vigente en nuestro país “es el más hipócrita de todos”, diferenciándolo del modelo reglamentarista de la tradición francesa y del modelo prohibicionista, “ya que es un sistema que no reconoce ni prohíbe, considera el trabajo sexual desde una doble moral que lo esconde bajo la alfombra, evita otorgar derechos a las trabajadoras y no se pronuncia al respecto”. Birri recalcó la vigencia de los “vergonzosos códigos de falta que habilitan a la policía a sancionar arbitrariamente la prostitución escandalosa, quedando a criterio del oficial interviniente decidir qué entiende por ‘escándalo’ y qué sanción corresponde”. Repudió esta figura que tiene como fin único criminalizar a las trabajadoras sexuales. Luego se refirió a la Ley de Trata que sancionó la provincia de Córdoba como “imperfecta e ineficiente”, ya que pese a los cierres de whiskerías y clubes “aun no hay ni un sólo proxeneta preso, sin embargo, afirmó, los calabozos se llenan de trabajadoras sexuales y confundiendo trata de personas con trabajo sexual”.

Eugenia Aravena, repasó la trayectoria y el recorrido de militancia que vienen llevando a cabo las trabajadoras sexuales de la organización durante los últimos doce años. Compartió esta difícil situación de ilegalidad y abuso por parte del poder policial y jurídico y explicó cómo éste escenario de desamparo laboral se incrementa más cuando, desde posiciones abolicionistas, se equipara trabajo sexual con explotación sexual, trata de personas, abuso y explotación de menores, lo que agudiza a su vez la clandestinidad. Al respecto de estos discursos se manifestó diciendo “militamos a pulmón, por convencimiento político. Es fácil acusarnos cuando no les importa la realidad del sector de las trabajadoras sexuales. Lo más grave para nosotras es que siguen subestimándonos, caracterizándonos de una forma ridícula, sin asumir nuestras diferencias: distintas clases sociales, niveles educativos, distintas culturas. Es una falta de respeto que no se escuchen nuestras voces. El único interés que tenemos es dejar esta hipocresía de lado y acercarnos a la realidad, mejorar la calidad de vida de las compañeras. Dicen que nos quieren proteger, que no sabemos lo que hacemos. Mezclan y dañan a miles de mujeres. Doce años construyendo organización, con premios internacionales como el de ONUSIDA por el trabajo que venimos haciendo en prevención del VIH/SIDA, pero parece que somos tan tontas que no sabemos lo que queremos. Lo que pedimos es que nos escuchen, creemos que esta Red es una herramienta importantísima. Queda mucho por delante, todavía hay compañeras presas y perseguidas… por eso la Red es un nuevo impulso. Ya hay cooperativas de trabajadoras sexuales y las vamos a defender cueste lo que cueste”, analizó Aravena.

En palabras de Vaggione la RRTS colaborará en romper con un orden sexual estructurado y jerárquico que caracteriza a nuestras sociedades contemporáneas. “Sin dudas estamos en un momento diferente donde ha habido avances importantes en los Derechos Sexuales y Reproductivos. Sin embargo este momento de ampliación en este campo es el espacio más urgente para discursos y políticas críticas con respecto a los propios DSR que logren sacar el debate de las matrices individuales que lo suelen caracterizar hacia un terreno de análisis de los dispositivos de poder, logrando así no solo extender el número de derechos que se van garantizando para diferentes colectivos, sino también contribuir en la deconstrucción de los mecanismos de ejercicio del poder que pasan por los cuerpos y por las prácticas concretas”.

Para más información: reconocimientotrabajosexual@gmail.com

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