{"id":1031,"date":"2015-05-06T00:00:00","date_gmt":"2015-05-06T03:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/clam.fw2web.com.br\/es\/2015\/05\/06\/activismo-orientalista\/"},"modified":"2015-05-06T00:00:00","modified_gmt":"2015-05-06T03:00:00","slug":"activismo-orientalista","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/clam.org.br\/es\/noticias-clam\/activismo-orientalista\/1031\/","title":{"rendered":"\u00bfActivismo orientalista?"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: right;\"><i>Por Manuel Alejandro Rodr&iacute;guez Rond&oacute;n<\/i><\/p>\n<p>En las &uacute;ltimas tres d&eacute;cadas se ha consolidado un activismo global que busca erradicar en sociedades &lsquo;no occidentales&rsquo; la llamada &lsquo;Mutilaci&oacute;n Genital Femenina&rsquo; (MGF). Asociada frecuentemente al Islam, dicha categor&iacute;a involucra una gran variedad de pr&aacute;cticas de modificaci&oacute;n de los genitales femeninos a trav&eacute;s de cortes, que son llevadas a cabo por grupos del &Aacute;frica oriental y occidental, sudeste asi&aacute;tico y Oriente Medio, as&iacute; como por comunidades ind&iacute;genas de Am&eacute;rica del Sur. Diversa en su composici&oacute;n, la militancia anti MGF articula organizaciones sociales, medios de comunicaci&oacute;n, gobiernos y organizaciones internacionales como la ONU, que desde 2004 conmemoran todo 6 de febrero el <i><a href=\"http:\/\/www.un.org\/es\/events\/femalegenitalmutilationday\/\">D&iacute;a internacional de Tolerancia Cero con la Mutilaci&oacute;n Genital Femenina<\/a>.<\/i> Aunque el tono y los argumentos para abolir dichas pr&aacute;cticas var&iacute;an, a nivel general la militancia anti MGF afirma que &eacute;stas son violatorias de los derechos humanos de las mujeres y las ni&ntilde;as, que obedecen a tradiciones religiosas y culturales patriarcales fuertemente arraigadas, y que tienen como fin controlar la sexualidad de las mujeres mediante la supresi&oacute;n del placer sexual. Estos argumentos han sido apropiados con prontitud por distintos actores sociales y pol&iacute;ticos, muchos de ellos antag&oacute;nicos, que abarcan desde gobiernos de izquierda y de derecha, hasta organizaciones feministas e instituciones religiosas como la Iglesia cat&oacute;lica. El apasionamiento que suscita dicho activismo frente a estas pr&aacute;cticas, la argumentaci&oacute;n a partir de dicotom&iacute;as como v&iacute;ctima-victimario, occidental-no occidental o democr&aacute;tico-fundamentalista, as&iacute; como la visibilizaci&oacute;n selectiva de ciertas voces en el debate han dificultado un an&aacute;lisis cr&iacute;tico de dicha militancia. Un examen que aborde el modo como se construye la categor&iacute;a misma de MGF y que indague los efectos de dicho discurso en la vida de las mujeres que pretende salvar resulta necesario.<\/p>\n<p><b>Mutilaci&oacute;n o cirug&iacute;a: los t&eacute;rminos del debate<\/b><\/p>\n<p>Aunque el debate en torno a los cortes genitales femeninos es reciente, las pr&aacute;cticas y el conocimiento de las mismas no son nuevas. De acuerdo con Carlos Londo&ntilde;o Sulkin, profesor de Antropolog&iacute;a de la Universidad de Regina, Canad&aacute;, la pol&eacute;mica tuvo inicio en la d&eacute;cada de 1970, cuando feministas occidentales iniciaron una campa&ntilde;a denunciando la realizaci&oacute;n de dichos procedimientos. <i>&ldquo;Antes, los occidentales no estaban tan escandalizados con estas pr&aacute;cticas. Algunas autoridades coloniales hablaban al respecto y, pese a que no les gustaba, se&ntilde;alaban que las mujeres las aceptaban&rdquo;,<\/i> afirma.<\/p>\n<p>La representaci&oacute;n de dichas pr&aacute;cticas como mutilatorias se populariz&oacute; con la publicaci&oacute;n en 1979 de un informe elaborado por Fran P. Hosken, feminista norteamericana y fundadora de la Red Internacional de Mujeres, con el cual busc&oacute; persuadir a organizaciones internacionales, entre ellas la Organizaci&oacute;n Mundial de la Salud, de hacer esfuerzos tendientes a su erradicaci&oacute;n. El documento titulado <i>The Hosken Report: Genital and Sexual Mutilation of Females<\/i> enumera varias complicaciones m&eacute;dicas que ser&iacute;an causadas por los cortes genitales femeninos, entre las cuales se cuentan riesgo de p&eacute;rdida de sangre, shock s&eacute;ptico, disminuci&oacute;n o desaparici&oacute;n del deseo sexual, problemas menstruales y graves afectaciones a la salud materna que pueden acarrear la muerte.<\/p>\n<p>En <i><a href=\"http:\/\/onlinelibrary.wiley.com\/doi\/10.1002\/hast.81\/abstract;jsessionid=9E4CB06B869D87279E1C83790AD3C2CE.f01t02?deniedAccessCustomisedMessage=&amp;userIsAuthenticated=false\">Seven things to know about female genital surgeries in Africa<\/a><\/i> (2002), la Red Asesora para la Pol&iacute;tica P&uacute;blica sobre Cirug&iacute;as Genitales Femeninas en &Aacute;frica (<i>The Public Policy Advisory Network on Female Genital Surgeries in Africa<\/i>), a la que pertenece Londo&ntilde;o Sulkin, se&ntilde;ala que en las d&eacute;cadas de los a&ntilde;os ochenta y noventa, el informe Hosken fue ampliamente distribuido a l&iacute;deres de opini&oacute;n y periodistas, lo que contribuy&oacute; al uso cada vez mayor del t&eacute;rmino &lsquo;Mutilaci&oacute;n Genital Femenina&rsquo; y a su representaci&oacute;n medi&aacute;tica como una pr&aacute;ctica <i>&ldquo;salvaje, horrorosa, nociva, mis&oacute;gina, abusiva e injusta&rdquo;.<\/i> En adelante, los medios habr&iacute;an retomado y difundido a&uacute;n m&aacute;s dicha narrativa, sin verificar los hechos relatados por Hosken ni hacer un balance cr&iacute;tico de la evidencia.<\/p>\n<p>La Red Asesora es integrada por expertos en pol&iacute;ticas, m&eacute;dicos, antrop&oacute;logos y otros investigadores de distintos pa&iacute;ses, que si bien no est&aacute;n de acuerdo en cu&aacute;l debe ser la postura de gobiernos y organizaciones internacionales frente a dichas pr&aacute;cticas, manifiestan su preocupaci&oacute;n por el modo como han sido abordadas en el debate. En ese sentido buscan contribuir a la conducci&oacute;n del mismo en t&eacute;rminos m&aacute;s equitativos respecto a los modos como son representados los grupos culturalmente extra&ntilde;os ante los ojos de Occidente, dar visibilidad a otras voces, como las de las mujeres circuncidadas que apoyan la pr&aacute;ctica, y divulgar informaci&oacute;n que se atenga a la evidencia emp&iacute;rica de investigaciones en la materia y no a prejuicios frecuentemente difundidos por el activismo anti MGF. Con el fin de plantear un debate menos cargado ideol&oacute;gicamente abogan por el uso del t&eacute;rmino &lsquo;cirug&iacute;as genitales femeninas&rsquo; en lugar de MGF, por considerarlo m&aacute;s neutral.<\/p>\n<p><i>&ldquo;El t&eacute;rmino &lsquo;mutilaci&oacute;n&rsquo; es etnoc&eacute;ntrico e insultante&rdquo;,<\/i> afirma Londo&ntilde;o Sulkin, quien explica que <i>&ldquo;la mayor&iacute;a de las mujeres kono y de otros grupos que incorporan la pr&aacute;ctica no se consideran mutiladas, ni tienen problemas m&eacute;dicos o pr&aacute;cticos a ra&iacute;z de la modificaci&oacute;n de sus genitales&rdquo;.<\/i> Pese a ello, la ret&oacute;rica anti MGF, ampliamente difundida por medios que gozan de gran legitimidad como <i>The New York Times,<\/i> las ha representado como lisiadas y sufrientes. En 1995, <a href=\"http:\/\/www.nytimes.com\/1995\/06\/13\/opinion\/on-my-mind-the-possible-dream.html\">el entonces editor del diario norteamericano A. M. Rosenthal public&oacute; una columna sobre el tema<\/a> que tuvo gran impacto medi&aacute;tico y que, afirman los integrantes de la Red, recoge bastante bien el tono y la sustancia de las representaciones medi&aacute;ticas sobre el tema: <i>&ldquo;He aqu&iacute; un sue&ntilde;o para los estadounidenses, digno de su pa&iacute;s y de lo que les gustar&iacute;a que fuera. El sue&ntilde;o es que Estados Unidos pueda acabar con un sistema de tortura que ha lisiado a 100 millones de personas que en la actualidad viven sobre la tierra y que cada a&ntilde;o lleva la existencia de al menos dos millones m&aacute;s al sufrimiento, la privaci&oacute;n y la enfermedad [&hellip;] Dicha tortura es la mutilaci&oacute;n genital femenina&rdquo;.<\/i> Adem&aacute;s de calificarlas como tortura, Rosenthal compara las cirug&iacute;as genitales femeninas practicadas en &Aacute;frica con la castraci&oacute;n masculina y asegurar que son <i>&ldquo;una forma de control masculino, tal vez la m&aacute;xima excepto por el asesinato&rdquo;.<\/i><\/p>\n<p>Dichas afirmaciones, que fueron retomadas de otras fuentes y que han sido reproducidas mec&aacute;nicamente por otros medios de comunicaci&oacute;n, han sido desvirtuadas por investigadoras e investigadores, algunos pertenecientes a la Red, como Fuambai Ahmadu, antrop&oacute;loga y m&eacute;dica sierraleonesa y estadounidense, miembro de la etnia kono. Rosenthal afirma que las <i>&ldquo;t&iacute;picas&rdquo;<\/i> MGF en &Aacute;frica <i>&ldquo;usualmente incluyen la costura o fijaci&oacute;n de ambos lados de la vulva con espinas o fibras de intestinos de animales&rdquo;,<\/i> as&iacute; como <i>&ldquo;la destrucci&oacute;n de la entrada de la vagina excepto por un peque&ntilde;o orificio&rdquo;<\/i> para permitir la salida de la orina y de la sangre de la menstruaci&oacute;n. Al respecto, Ahmadu &ndash;quien despu&eacute;s de vivir en Estados Unidos decidi&oacute; volver a los 21 a&ntilde;os de edad a Sierra Leona para participar voluntariamente en el ritual del Bondo, mediante el cual las ni&ntilde;as se convierten en mujeres y son circuncidadas&ndash; afirma que la infibulaci&oacute;n, que es el procedimiento descrito por Rosenthal, apenas alcanza el 10% de todas las cirug&iacute;as genitales femeninas realizadas en el continente. Concentrado principalmente en Sud&aacute;n y Somalia, dicho porcentaje incluye los procedimientos en los que se emplean suturas m&eacute;dicas y que se realizan bajo condiciones higi&eacute;nicas en cl&iacute;nicas u hospitales. Pese a ello, la infibulaci&oacute;n se ha convertido en el prototipo de las cirug&iacute;as genitales femeninas.<\/p>\n<p>Respecto a la equiparaci&oacute;n bastante com&uacute;n de la clitoridectom&iacute;a con la castraci&oacute;n masculina por parte del activismo anti MGF, Kirsten Bell, antrop&oacute;loga e investigadora de la Universidad de la Columbia Brit&aacute;nica, <a href=\"https:\/\/www.academia.edu\/1072202\/Genital_cutting_and_Western_discourses_on_sexuality\">se&ntilde;ala en art&iacute;culo<\/a> que dicha analog&iacute;a no s&oacute;lo es inexacta, sino que adem&aacute;s sigue representando el cl&iacute;toris como el pene femenino, lo que evoca nociones androc&eacute;ntricas sobre la sexualidad femenina que, seg&uacute;n investigadores como Thomas Laqueur, ser&iacute;an anteriores al siglo XVIII. De acuerdo con el historiador estadounidense, en la Europa de ese entonces tuvo lugar un cambio importante en la comprensi&oacute;n del cuerpo femenino, el cual dej&oacute; de ser visto como una inversi&oacute;n del cuerpo masculino, con &oacute;rganos, funciones y caracter&iacute;sticas an&aacute;logas, para ser visto como perteneciente a un orden distinto. No obstante, afirma Bell refiri&eacute;ndose a la narrativa anti MGF, <i>&ldquo;la fisiolog&iacute;a masculina a&uacute;n es considerada como la norma, y la fisiolog&iacute;a femenina sigue siendo entendida con relaci&oacute;n a ella. De hecho, al definir el cl&iacute;toris como el pene femenino, los discursos contempor&aacute;neos del activismo estar&iacute;an &lsquo;falificando&rsquo; la sexualidad femenina en lugar de intentar entenderla en sus propios t&eacute;rminos [&hellip;] En los discursos dominantes sobre los cortes genitales, la anatom&iacute;a masculina sigue desempe&ntilde;ando el papel de patr&oacute;n a partir del cual las estructuras femeninas son comparadas&rdquo;.<\/i><\/p>\n<p>La frecuente invocaci&oacute;n de la dominaci&oacute;n masculina como causa primordial de los cortes genitales femeninos tambi&eacute;n ha sido duramente cuestionada, en parte debido a su car&aacute;cter universalizante que impide el reconocimiento de las particularidades culturales de otros pueblos. <a href=\"https:\/\/humdev.uchicago.edu\/sites\/humdev.uchicago.edu\/files\/uploads\/shweder\/Disputing%20The%20Myth%20of%20the%20sexual%20dysfunction%20of%20cicumcised%20women.pdf\">En entrevista con Richard Shweder, profesor de Antropolog&iacute;a cultural en la Universidad de Chicago, Ahmadu se&ntilde;ala que los cortes genitales femeninos son realizados por diferentes razones en distintos contextos socioculturales, por lo que el sentido de las mismas cambia<\/a>.<\/p>\n<p>En virtud de lo anterior, afirmar que dichas cirug&iacute;as tienen como fin y efecto privar a las mujeres del placer sexual y someterlas al gobierno de los hombres no s&oacute;lo es errado sino que adem&aacute;s responde a una l&oacute;gica euroc&eacute;ntrica &ndash;o como dir&iacute;a el antrop&oacute;logo haitiano Michel-Rolph Trouillot, &lsquo;noratl&aacute;ntica&rsquo;&ndash;, en tanto impone tanto la particular visi&oacute;n de mundo &lsquo;occidental&rsquo; sobre lo que debe ser el buen sexo, la sexualidad y las relaciones de g&eacute;nero a sociedades diferentes, como una interpretaci&oacute;n sobre el significado de dichas pr&aacute;cticas sin tener en cuenta el contexto en el que estas tienen lugar.<\/p>\n<p><i>&ldquo;Contrario a lo se&ntilde;alado por la ret&oacute;rica de las campa&ntilde;as anti MGF, el sexo y la sexualidad femeninas no son oprimidas en, a trav&eacute;s o por estas pr&aacute;cticas rituales. Por el contrario, [entre los kono] la sexualidad femenina y los poderes reproductivos son celebrados y reificados en las mascaradas, como los or&iacute;genes de la creaci&oacute;n, de la naturaleza y de la cultura, y son temidos como potentes armas de muerte y destrucci&oacute;n. Este contexto simb&oacute;lico y cultural de la iniciaci&oacute;n y excisi&oacute;n femenina explica por qu&eacute; muchas ni&ntilde;as y mujeres kono [&hellip;] hablan positivamente, casi en t&eacute;rminos reverenciales, sobre la pr&aacute;ctica, sus cuerpos y la experiencia de la madurez femenina&rdquo;,<\/i> explica Ahmadu.<\/p>\n<p>En otros grupos africanos, dichas cirug&iacute;as son consideradas pr&aacute;cticas est&eacute;ticas que mejoran la apariencia del cuerpo, por lo que distan de ser experimentadas como mutilatorias. En <i>Seven things to know&hellip;<\/i> la Red Asesora explica que, desde el punto de vista de muchos locales, dichos procedimientos no s&oacute;lo hacen ver los genitales m&aacute;s atractivos, sino que tambi&eacute;n suponen &lsquo;mejoras&rsquo; en la identidad de g&eacute;nero. Las normas est&eacute;ticas y de g&eacute;nero que enmarcan la realizaci&oacute;n de estos procedimientos, afirman los autores, deben ser entendidas en el contexto global en el que vivimos, lo cual aplica tanto para &Aacute;frica como para Europa y Norteam&eacute;rica. Bajo esta perspectiva, llama la atenci&oacute;n las semejanzas que existen entre estas regiones respecto a los modelos de genitales femeninos deseados, pero cuya valoraci&oacute;n difiere seg&uacute;n el lugar de procedencia de dichos ideales: <i>&ldquo;la globalizaci&oacute;n de im&aacute;genes de los cuerpos de las mujeres ha popularizado cada vez m&aacute;s un ideal de genitales con un aspecto suave y limpio que recuerda los est&aacute;ndares est&eacute;ticos asociados con las cirug&iacute;as genitales en &Aacute;frica oriental y occidental&rdquo;,<\/i> afirma el documento. En Norteam&eacute;rica y varios pa&iacute;ses europeos se observa en la actualidad una tendencia al aumento de operaciones realizadas cada a&ntilde;o, denominadas por los cirujanos pl&aacute;sticos &lsquo;clitoroplexia&rsquo;, &lsquo;reducci&oacute;n clitoral&rsquo; y &lsquo;labioplastia&rsquo;, las cuales cumplen con los requisitos para ser incluidas en los tipos I y II de la <a href=\"http:\/\/www.who.int\/mediacentre\/factsheets\/fs241\/es\/\">clasificaci&oacute;n de mutilaciones genitales femeninas de la OMS<\/a>: la &lsquo;clitoridectom&iacute;a&rsquo; (<i>&ldquo;resecci&oacute;n parcial o total del cl&iacute;toris y, en casos muy infrecuentes, s&oacute;lo del prepucio&rdquo;<\/i>) y la &lsquo;excisi&oacute;n&rsquo; (<i>&ldquo;resecci&oacute;n parcial o total del cl&iacute;toris y los labios menores, con o sin excisi&oacute;n de los labios mayores&rdquo;<\/i>), que constituyen el 90% de los procedimientos realizados en &Aacute;frica. Pese a ello, unos procedimientos son considerados mutilatorios por los organismos internacionales mientras que los otros son denominados est&eacute;ticos.<\/p>\n<p>En este sentido, la Red se&ntilde;ala la importancia de reconocer que las cirug&iacute;as genitales femeninas no se practican s&oacute;lo en &Aacute;frica y que abarcan una amplia gama de procedimientos realizados al rededor del mundo que van desde los ritos de paso en grupos africanos, hasta los <i>piercings<\/i> genitales y los procedimientos de reducciones labiales y del cl&iacute;toris, as&iacute; como de rejuvenecimiento vaginal en mujeres occidentales.<\/p>\n<p>Debido a la heterogeneidad de contextos socioculturales en los que se inscriben estas pr&aacute;cticas y que les confiere sentidos distintos a las mismas, tambi&eacute;n ser&iacute;a errado afirmar que todas las mujeres circuncidadas en el mundo las apoyan o las experimentan como una forma de empoderamiento, afirma Ahmadu. La categor&iacute;a &lsquo;MGF&rsquo; es problem&aacute;tica tanto por el sesgo que introduce en la interpretaci&oacute;n de dichas pr&aacute;cticas, como porque homogeneiza y estigmatiza pueblos y tradiciones religiosas y culturales consideradas &lsquo;otras&rsquo; con respecto a Occidente. Asimismo, establece una correlaci&oacute;n entre dominaci&oacute;n masculina y cirug&iacute;as genitales femeninas que no puede ser sostenida a partir de la evidencia emp&iacute;rica respecto a los sentidos, fines y experiencias de dichos procedimientos.<\/p>\n<p>Incluso en los casos donde se ha pretendido demostrar el car&aacute;cter patriarcal de dichos procedimientos a partir de evidencia etnogr&aacute;fica, es claro que estos deben ser analizados en su complejidad y no s&oacute;lo como un dispositivo de dominaci&oacute;n de las mujeres desplegado por los hombres. En Colombia, las denuncias de excisiones del cl&iacute;toris en el grupo ind&iacute;gena ember&aacute; cham&iacute; se han nutrido bastante de la ret&oacute;rica anti MGF, pese a que es discutido si su car&aacute;cter obedece a justificaciones cosmol&oacute;gicas o a consideraciones androc&eacute;ntricas que le otorgar&iacute;an un estatus subordinado a las mujeres en dicha comunidad. Aunque antrop&oacute;logas como <a href=\"http:\/\/www.scielo.br\/scielo.php?pid=S0104-83332011000200006&amp;script=sci_arttext\">Raquel Gonz&aacute;lez Henao han recogido testimonios de mujeres ember&aacute; cham&iacute; que experimentaron el procedimiento de forma dolorosa y traum&aacute;tica y que fueron sometidas al mismo debido a que las dimensiones de su cl&iacute;toris podr&iacute;an desagradar a los hombres y llevarlas a sentir tanto deseo sexual como ellos, seg&uacute;n explicaron<\/a>, tambi&eacute;n es cierto que la noticia de que estas cirug&iacute;as eran practicadas entre los ember&aacute; cham&iacute; sorprendi&oacute; a los hombres de dicha comunidad. Ellos no s&oacute;lo desconoc&iacute;an la existencia de las excisiones, que son hechas s&oacute;lo por mujeres y mantenidas en secreto por ellas, sino que adem&aacute;s las condenaron con vehemencia por considerarlas delitos que deb&iacute;an ser erradicados.<\/p>\n<p>Asimismo, Ahmadu, Londo&ntilde;o Sulkin y otras\/os integrantes de la Red han se&ntilde;alado que en la mayor&iacute;a de grupos africanos donde se practican distintas modalidades de cirug&iacute;as genitales femeninas, tienen lugar procedimientos an&aacute;logos en varones, en edades similares y en pr&aacute;cticas rituales paralelas. <i>&ldquo;Entre los kono de Sierra Leona, los cortes se realizan en la formaci&oacute;n de nuevas generaciones. En este grupo, un adolescente que no ha sido modificado, sea hombre o mujer, es visto como una persona inmadura, con genitales feos y malsanos que pueden adquirir mal olor y presentar escozor. El corte forma parte de un ritual de iniciaci&oacute;n que tiene varios pasos, en el que se terminan de formar como hombres o mujeres los adolescentes. Es necesario para terminar de fabricar a la persona&rdquo;,<\/i> explica Londo&ntilde;o.<\/p>\n<p>Aunque con un tono mucho m&aacute;s moderado, los ecos de la narrativa anti MGF resuenan en el discurso de organizaciones internacionales como la ONU, cuya campa&ntilde;a de Tolerancia Cero se&ntilde;ala que dichos procedimientos <i>&ldquo;refleja[n] una desigualdad entre los sexos muy arraigada, y constituye[n] una forma extrema de discriminaci&oacute;n de la mujer&rdquo;.<\/i> En una l&iacute;nea similar, la OMS aboga por la erradicaci&oacute;n de las MGF a las que definen como <i>&ldquo;procedimientos consistentes en alterar o da&ntilde;ar los &oacute;rganos genitales femeninos por razones que nada tienen que ver con decisiones m&eacute;dicas [&hellip;] [que] viola[n] sus derechos [los de las mujeres] a la salud, la seguridad y la integridad f&iacute;sica, el derecho a no ser sometidas a torturas y tratos crueles, inhumanos o degradantes, y el derecho a la vida en los casos en que el procedimiento acaba produciendo la muerte&rdquo;.<\/i><\/p>\n<p>Dichas afirmaciones siguen siendo sostenidas pese a que, como han se&ntilde;alado Ahmadu, Bell, la Red y otras\/os autoras\/es, la evidencia obst&eacute;trica y ginecol&oacute;gica producto de investigaciones que han comparado grupos de mujeres circuncidadas con no circuncidadas, no muestran diferencias en el deseo, excitaci&oacute;n, orgasmo y frecuencia sexual de ambos grupos de mujeres, ni en materia de salud reproductiva u otras &aacute;reas de la salud.<\/p>\n<p>Asimismo, las autoras y autores de <i>Seven things to know&hellip;<\/i> afirman que los hallazgos del Grupo de estudio de la OMS sobre la mutilaci&oacute;n genital femenina y los resultados obst&eacute;tricos son bastante complejos y si se leen con detenimiento se observa que <i>&ldquo;no apoyan las demandas sensacionalistas de los medios acerca de la cirug&iacute;a genital femenina como causa de muerte materna y perinatal&rdquo;.<\/i> Dicho estudio muestra que no hay diferencias estad&iacute;sticas significativas en la salud reproductiva de mujeres a quienes les realizaron la cirug&iacute;a genital tipo I y quienes no la tuvieron. La tasa de muerte perinatal de mujeres con cirug&iacute;a tipo III (infibulaci&oacute;n) fue de hecho menor que la de quienes no fueron sometidas a ning&uacute;n procedimiento. Tampoco hay diferencias significativas en el riesgo de mortalidad materna cuando se comparan mujeres no circuncidadas con mujeres con cirug&iacute;as tipo I y tipo III. Las mujeres infibuladas no evidencian tasas de mortalidad m&aacute;s altas que las mujeres no cortadas, aunque las de tipo II s&iacute;.<\/p>\n<p><b>La construcci&oacute;n de una narrativa y sus efectos<\/b><\/p>\n<p>M&aacute;s que ser apropiado por la ret&oacute;rica anti MGF, el discurso de los derechos de las mujeres ha sido uno de los cimientos del activismo contra estas pr&aacute;cticas. Desde el principio han sido invocados tales derechos para garantizar la salvaci&oacute;n de las &lsquo;millones de mujeres que sufren&rsquo; estas pr&aacute;cticas mediante la abolici&oacute;n de las mismas. Pero dicho activismo tambi&eacute;n es alimentado por otros discursos y saberes que toman como centro problemas relacionados con la diferencia cultural.<\/p>\n<p>Investigadores e investigadoras como <a href=\"http:\/\/www.clam.org.br\/ES\/destaque\/conteudo.asp?cod=11840\">Mauro Cabral<\/a> y Paula Sandrine Machado han llamado la atenci&oacute;n sobre el hecho de que, en un contexto de preocupaci&oacute;n global por las mutilaciones genitales femeninas, cirug&iacute;as como aquellas a las que son sometidos menores intersexuales con el fin &lsquo;corregir&rsquo; la ambig&uuml;edad de sus genitales no hayan sido consideradas en las campa&ntilde;as anti MGF. Dichas intervenciones son invasivas y m&eacute;dicamente innecesarias en tanto buscar&iacute;an &lsquo;purificar la diferencia sexual de la contaminaci&oacute;n intersex&rsquo;, as&iacute; como normalizar una diversidad de cuerpos para ajustarlos a la &lsquo;imaginaci&oacute;n deseante de Occidente&rsquo;, afirma Cabral. Asimismo, son realizadas sin el consentimiento de los menores intersex, quienes llegan a experimentarlas como serias mutilaciones.<\/p>\n<p>En este sentido, la antrop&oacute;loga <a href=\"https:\/\/books.google.com.co\/books?id=BnG7KGs0RfMC&amp;pg=PA173&amp;lpg=PA173&amp;dq=%22fantasias+corporais%22+mariza+correa&amp;source=bl&amp;ots=Td11U8_adi&amp;sig=HLj-0hjzcAjweJSKWEAcdsohhZo&amp;hl=es-419&amp;sa=X&amp;ei=i6hIVfyyDYiiNsGegYAD&amp;redir_esc=y#v=onepage&amp;q=%22fantasias%20corporais%22%20mariza%20correa&amp;f=false\">Mariza Corr&ecirc;a se pregunta<\/a> por qu&eacute; la mutilaci&oacute;n genital femenina en nuestra sociedad no ha sido considerada por antrop&oacute;logos que, sin embargo, la estudian en las llamadas &lsquo;sociedades primitivas&rsquo;, y se&ntilde;ala la importancia de <i>&ldquo;pensar las convenciones disciplinarias que rigen la discusi&oacute;n de las intervenciones sobre el cuerpo en nuestra y en otras sociedades: convenciones m&eacute;dicas, jur&iacute;dicas, antropol&oacute;gicas, entre otras&rdquo;.<\/i> Siguiendo esta l&iacute;nea de indagaci&oacute;n valdr&iacute;a la pena preguntarse cu&aacute;l ha sido la cuota de la antropolog&iacute;a en la construcci&oacute;n de la narrativa anti MGF.<\/p>\n<p>Corr&ecirc;a afirma que <i>&ldquo;en todas las sociedades humanas, el cuerpo es desfigurado y reconfigurado para adecuarlo a las fantas&iacute;as socialmente compartidas, es decir, a las convenciones sociales vigentes&rdquo;<\/i> y se&ntilde;ala que <i>&ldquo;lo que recientemente empezamos a denominar &lsquo;mutilaciones genitales&rsquo; son s&oacute;lo una peque&ntilde;a parte de esas reconfiguraciones que afectan el cuerpo y el alma de quienes las experimentan&rdquo;.<\/i><\/p>\n<p>Al concentrarse en las pr&aacute;cticas de modificaci&oacute;n de los genitales femeninos en grupos &lsquo;no occidentales&rsquo;, ignorando las que tienen lugar en el seno de la propia sociedad, la antropolog&iacute;a ha contribuido a &lsquo;orientalizar&rsquo; este tipo de intervenciones sobre el cuerpo, explica la antrop&oacute;loga. Las cirug&iacute;as mutilatorias practicadas a ni&ntilde;os y ni&ntilde;as intersex s&oacute;lo empezaron a ser cuestionadas cuando ellos\/as llegaron a la edad adulta y denunciaron tales violencias.<\/p>\n<p>Un examen de las convenciones antropol&oacute;gicas desplegadas en el tratamiento dado a estas pr&aacute;cticas tanto en otras sociedades como en la nuestra muestra c&oacute;mo, en el primer caso, el an&aacute;lisis se inscribe en la perspectiva de lo sagrado y las teor&iacute;as sobre el ritual, mientras que en el segundo, en estudios de corte foucaultiano sobre el saber m&eacute;dico, argumenta Corr&ecirc;a. De este modo, las mujeres no occidentales circuncidadas ser&iacute;an <i>Prisioneras del ritual,<\/i> como reza el t&iacute;tulo de un&nbsp;<a href=\"http:\/\/www.fgmnetwork.org\/Lightfoot-klein\/prisonersofritual.htm\">popular art&iacute;culo de la activista anti MGF Hanny Lightfoot-Klein<\/a>, mientras que en occidente ser&iacute;amos <i>&ldquo;rehenes de un saber m&eacute;dico&rdquo;,<\/i> concluye la antrop&oacute;loga.<\/p>\n<p>Saber antropol&oacute;gico y discurso sobre los derechos de las mujeres se articulan en una narrativa anti MGF que con frecuencia asume un tono culturalista, aunque no por ello relativista, que reifica las fronteras entre Occidente y Oriente, Primer y Tercer Mundo. Como muestra Lila Abu-Lughod respecto a ciertos feminismos occidentales que buscan salvar a las mujeres musulmanas de la opresi&oacute;n de g&eacute;nero a la que estar&iacute;an condenadas por el Islam, en estos discursos las diferencias culturales y religiosas se constituyen en el lugar &uacute;ltimo de las explicaciones del patriarcado. Esto contribuye a dividir artificialmente el mundo en esferas separadas, desconociendo las actuales interconexiones globales que dan forma tanto a las llamadas sociedades occidentales como a las &lsquo;otras&rsquo;. Las campa&ntilde;as salvacionistas, se&ntilde;ala Abu-Lughod, recrean una <i>&ldquo;geograf&iacute;a imaginada de Occidente versus Oriente, nosotros versus los musulmanes, culturas en las cuales las primeras damas dan discursos versus otras donde las mujeres se arrastran en silencio en sus burkas&rdquo;.<\/i> En virtud de lo anterior, habr&iacute;a que preguntarse hasta qu&eacute; punto el t&eacute;rmino MGF opera como t&eacute;rmino clasificatorio a partir del cual se define qu&eacute; pueblos se sit&uacute;an en lo que Trouillot denomina el &lsquo;nicho del salvaje&rsquo;, esto es, un espacio donde se ubica al &ldquo;inherentemente Otro&rdquo; en la geograf&iacute;a global de la imaginaci&oacute;n de Occidente que se desarroll&oacute; a partir del Renacimiento.<\/p>\n<p>Sobre el modo como la antropolog&iacute;a ha abordado las cirug&iacute;as genitales femeninas, Ahmadu afirma que la literatura etnogr&aacute;fica era m&aacute;s matizada antes y contextualizaba dichas pr&aacute;cticas en los marcos socioculturales dominantes de las mujeres circuncidadas. No obstante, muchos estudios han adoptado, si no el t&eacute;rmino MGF, s&iacute; el modo de representar estas cirug&iacute;as como mutilatorias.<\/p>\n<p>Londo&ntilde;o extiende esta cr&iacute;tica al modo mismo como se hace antropolog&iacute;a en el estudio de las cirug&iacute;as genitales femeninas y afirma que muchas investigaciones no son balanceadas, ya que con frecuencia excluyen las voces de mujeres que respetan o defienden estas pr&aacute;cticas. <i>&ldquo;Me parece que muchos antrop&oacute;logos dejan de serlo cuando abordan este tipo de temas. Todos aprendemos algo sobre relativismo cultural en nuestra formaci&oacute;n y, pese a lo problem&aacute;tico de esta perspectiva, que tiende a afirmar la existencia de culturas con l&iacute;mites perfectamente claros e internamente homog&eacute;neas, valoro la idea de que lo que yo creo, como hablo y me visto, y el modo como interact&uacute;o con los dem&aacute;s, es producto de contingencias hist&oacute;ricas y sociales de mi vida personal. Pero muchos antrop&oacute;logos sienten asco frente a estas pr&aacute;cticas, a las que consideran inaceptables, y autom&aacute;ticamente piensan que son una violaci&oacute;n a los derechos humanos. No quiero decir que los antrop&oacute;logos no puedan ser cr&iacute;ticos, pero mi percepci&oacute;n es que, en lo que tiene que ver con cirug&iacute;as genitales femeninas, ellos dejan de lado el mandato de nuestra disciplina que consiste en que, para hablar seriamente sobre una pr&aacute;ctica humana, es preciso estudiarla, contextualizarla, conocerla en sus detalles peque&ntilde;os, no hablar s&oacute;lo con una persona sino con varias y durante el tiempo que sea necesario. Esto permite entender mejor el sentido de cualquier pr&aacute;ctica, las relaciones econ&oacute;micas que puedan estar involucradas, as&iacute; como las actitudes hacia el sexo que contemplan&hellip;&rdquo;,<\/i> afirma.<\/p>\n<p>Los efectos de la militancia anti MGF se extienden tambi&eacute;n a la vida cotidiana de las mujeres. Las cirug&iacute;as genitales femeninas consideradas mutilatorias han sido criminalizadas en varios pa&iacute;ses de &Aacute;frica, entre ellos Egipto, Etiop&iacute;a y Kenia, as&iacute; como de otros continentes. En lugar de acabar con dichos procedimientos, la prohibici&oacute;n los ha desplazado a &aacute;mbitos clandestinos, lo que dificulta de forma considerable su regulaci&oacute;n como objetos de salud p&uacute;blica, de forma semejante a lo que ocurre con la criminalizaci&oacute;n del aborto, y limita la autonom&iacute;a de las mujeres, afirman los integrantes de la Red. <i>&ldquo;Si una mujer adulta desea realizarse una cirug&iacute;a cosm&eacute;tica para reducir el tama&ntilde;o de sus labios o cl&iacute;toris de acuerdo con sus ideales est&eacute;ticos y culturales, deber&iacute;a ser libre de hacerlo. Asimismo, aquellas que creen que tales cirug&iacute;as son innecesarias o nocivas deber&iacute;an ser libres de presentar sus argumentos y discutir su punto de vista&rdquo;,<\/i> afirman. En lugar de ello, el discurso de &lsquo;tolerancia cero&rsquo; impide el di&aacute;logo respetuoso para el entendimiento intercultural y limita cualquier posibilidad de cambio, explican.<\/p>\n<p><a href=\"http:\/\/www.scielo.org.co\/scielo.php?pid=S0486-65252010000200012&amp;script=sci_arttext\">  En art&iacute;culo sobre el tema<\/a>, Londo&ntilde;o Sulkin se&ntilde;ala que investigaciones como las realizadas por Lucrezia Catania, ginec&oacute;loga y sex&oacute;loga del Hospital Universitario de Careggi, Italia, muestran c&oacute;mo <i>&ldquo;los m&eacute;dicos pueden albergar prejuicios no cient&iacute;ficos concernientes a los cortes genitales femeninos, diagnosticar erradamente una escisi&oacute;n como la causa de cualquier problema sexual o reproductivo que una paciente circuncidada reporte y por ende dejar de proveer tratamiento adecuado para otras causas reales&rdquo;.<\/i> De acuerdo con el antrop&oacute;logo, la criminalizaci&oacute;n de las cirug&iacute;as genitales femeninas en varios pa&iacute;ses africanos  ha llevado a que muchas mujeres circuncidadas pospongan la visita al m&eacute;dico <i>&ldquo;por temor al estigma o a la acci&oacute;n legal contra ellas o sus familias y corr[an] el riesgo de que sus problemas de salud &mdash;ginecol&oacute;gicos o de otra estirpe&mdash; se exacerben&rdquo;.<\/i><\/p>\n<p>Dicha estigmatizaci&oacute;n tambi&eacute;n tiene impactos en la subjetividad de las mujeres, sobre todo en aquellas circuncidadas que migran al hemisferio norte, donde la ret&oacute;rica anti MGF ostenta el monopolio de la informaci&oacute;n y las representaciones de dichos procedimientos. Al respecto se&ntilde;ala Londo&ntilde;o Sulkin: <i>&ldquo;este es un discurso de tono colonialista que tiene efectos inesperados. Por ejemplo, muchas mujeres de sociedades donde se realizan cirug&iacute;as genitales femeninas que migran a Norteam&eacute;rica y a Europa, se sent&iacute;an limpias, decentes y bellas en sus lugares de origen. Sin embargo, al llegar les &lsquo;informan&rsquo; que est&aacute;n equivocadas y que son mujeres mutiladas. Les dicen que cualquier problema sexual o de salud que tengan es producto de dicha cirug&iacute;a. Este discurso las afecta negativamente y ellas pueden llegar a sentirse en efecto mutiladas&rdquo;.<\/i><\/p>\n<p>Al respecto, Ahmadu se&ntilde;ala la necesidad de acabar con dicho estigma y <i>&ldquo;permitirle a las ni&ntilde;as saber que ellas son bellas y aceptadas, sin importar c&oacute;mo luzcan sus genitales o su trasfondo cultural, para que el mito de la disfunci&oacute;n sexual en mujeres circuncidadas no se convierta en una profec&iacute;a autorrealizada, como varias investigadoras est&aacute;n empezando a ver en mujeres y ni&ntilde;as africanas circuncidadas&rdquo;.<\/i><\/p>\n<p>Las cr&iacute;ticas no s&oacute;lo estriban en aquello que muestra dicho activismo, sino tambi&eacute;n en lo que enmascara. Aparte de encubrir las pr&aacute;cticas mutilatorias occidentales denunciadas por activistas intersex, el acento excesivo en la &lsquo;dominaci&oacute;n masculina&rsquo; hace que pierdan importancia otro tipo de problem&aacute;ticas que aquejan tanto a mujeres como hombres de dichas sociedades, respecto a los cuales gobiernos bienintencionados que pretenden salvar a estas mujeres tendr&iacute;an una cuota de responsabilidad. En el caso de los grupos ind&iacute;genas sudamericanos, el estigma del salvaje pone en segundo plano las violencias capitalistas y de Estado que se ejercen contra dichos grupos, las cuales amenazan seriamente su existencia. Esto por no hablar de las pol&iacute;ticas neoliberales del reconocimiento a la diferencia que, como han mostrado varios antrop&oacute;logos, exaltan las culturas y tradiciones ind&iacute;genas usando un tono folclorista que limita la traducci&oacute;n de dicho reconocimiento en demandas pol&iacute;ticas efectivas.<\/p>\n<p>Sobre este punto, Londo&ntilde;o Sulkin cuestiona tambi&eacute;n <i>&ldquo;el desbalance en la inversi&oacute;n de recursos escasos para salud en pa&iacute;ses pobres, en el control de una pr&aacute;ctica que, si bien muchos m&eacute;dicos locales la consideran delet&eacute;rea, tambi&eacute;n consideran una amenaza muy menor en contraste con flagelos de salud verdaderamente severos tales como la malnutrici&oacute;n y la diarrea&rdquo;.<\/i><\/p>\n<p><b>&iquest;En los confines del liberalismo? <\/b><\/p>\n<p>La libertad, los derechos y el consentimiento son principios movilizados por la ret&oacute;rica anti MGF. Estos a su vez se encuentran en el coraz&oacute;n mismo de las democracias liberales, aquellas que se precian de su visi&oacute;n pluralista y progresista cuando se comparan a s&iacute; mismas con teocracias y estados estructurados en torno a principios isl&aacute;micos, a los que no dudan en calificar de fundamentalistas. Empero, fundamentalismo y pluralismo son t&eacute;rminos frecuentemente empleados en visiones de mundo maniqueas que limitan el an&aacute;lisis de los efectos contraproducentes que ellas mismas generan.<\/p>\n<p>En <i><a href=\"http:\/\/org.uib.no\/smi\/seminars\/Pensum\/Abu-Lughod.pdf\">Do Muslim Women Really Need Saving? Anthropological Reflections on Cultural Relativism and Its Others<\/a> <\/i>(2002), Lila Abu-Lughod analiza los modos en que im&aacute;genes de mujeres musulmanas cubiertas por la burka fueron empleadas como s&iacute;mbolos en la guerra contra el terrorismo, luego del episodio popularmente conocido como &lsquo;11 de septiembre&rsquo;. Se&ntilde;ala que en discursos como los proferidos por la entonces primera dama de los Estados Unidos, Laura Bush, sobre el tema, el tropo de las mujeres sometidas al r&eacute;gimen Talib&aacute;n contribu&iacute;a a profundizar separaciones entre, por un lado, <i>&ldquo;&lsquo;la gente civilizada alrededor del mundo&rsquo;, cuyos corazones se rompen por la situaci&oacute;n de mujeres y ni&ntilde;os afganos&rdquo;<\/i> y por otro, <i>&ldquo;el Talib&aacute;n-y-los-terroristas, los monstruos culturales que quieren &lsquo;imponer su mundo al resto de nosotros&rsquo;&rdquo;.<\/i><\/p>\n<p>En ese entonces, la invasi&oacute;n estadounidense a Afganist&aacute;n, que luego se extendi&oacute; a otros pa&iacute;ses en nombre de la democracia y la libertad, fue apoyada incluso por defensores de derechos humanos quienes, a pesar de tener posiciones ostensiblemente distintas a las de George W. Bush respecto a otros asuntos, adhirieron a su proyecto de salvar a las mujeres musulmanas de los hombres musulmanes.<\/p>\n<p>Abu-Lughod muestra adem&aacute;s c&oacute;mo en la historia del imperialismo la causa de las mujeres ha sido empleada con frecuencia en las pol&iacute;ticas coloniales. El imperio brit&aacute;nico, con el pretexto de acabar con pr&aacute;cticas como el rito del Sat&iacute; &ndash;mediante el cual mujeres hind&uacute;es se inmolaban en las piras funerarias de sus esposos fallecidos&ndash; o el matrimonio infantil, logr&oacute; afianzar su domino en el sur de Asia. En el contexto del colonialismo franc&eacute;s en &Aacute;frica, las voces de las mujeres francesas fueron apropiadas por el gobierno de ese pa&iacute;s que, mediante la ret&oacute;rica de la salvaci&oacute;n de ni&ntilde;as y mujeres &aacute;rabes, justific&oacute; su intervenci&oacute;n en Algeria. Ejemplos de dicho &lsquo;feminismo colonialista&rsquo; &ndash;t&eacute;rmino que Abu-Lughod toma prestado de la feminista isl&aacute;mica Leila Ahmed&ndash; abundan. Es por ello que, asevera la antrop&oacute;loga, <i>&ldquo;debemos ser suspicaces cuando iconos culturales pulcros son erigidos sobre narrativas pol&iacute;ticas e hist&oacute;ricas sucias&rdquo;,<\/i> como aquellas que <i>&ldquo;con un ej&eacute;rcito detr&aacute;s, claman por salvar o liberar a las mujeres musulmanas&rdquo;.<\/i><\/p>\n<p>Siguiendo lo postulado por la investigadora norteamericana, para quien la burka se convirti&oacute; en el m&aacute;ximo indicio de la opresi&oacute;n de las mujeres afganas bajo el r&eacute;gimen Talib&aacute;n, vale la pena preguntarse si la mutilaci&oacute;n genital femenina no cumplir&iacute;a una funci&oacute;n an&aacute;loga. Si la MGF constituye la modalidad presente de esos s&iacute;mbolos movilizados por el feminismo colonialista que, como sus antecesores, enmascara complejas relaciones de poder y de exclusi&oacute;n que tienen lugar a escala planetaria.<\/p>\n<p>Lo anterior tambi&eacute;n plantea preguntas en torno a los l&iacute;mites del liberalismo en la defensa del pluralismo. Al respecto, Londo&ntilde;o Sulkin caracteriza el liberalismo anti MGF de la siguiente manera: <o>&ldquo;Yo veo a muchas personas con buenas intenciones que quieren reducir la crueldad en el mundo imponiendo, como &uacute;nicos criterios v&aacute;lidos, sus propios conceptos sobre lo que es un cuerpo bello y sano, sobre lo que es el sexo bueno y aceptable. Son personas que privilegian su noci&oacute;n de libertad en detrimento de las de otros pueblos. O incluso no sospechan que pueden existir otras maneras de ser libre. Ah&iacute; est&aacute; el problema. Yo aborrezco ciertos liberalismos, pero la versi&oacute;n de autores como Richard Rorty me gustan, pues involucran un llamado a la iron&iacute;a. Rorty se&ntilde;ala que est&aacute; bien creer en las cosas que uno cree y defender los propios valores, pero que es importante mantener una actitud un poco ir&oacute;nica al respecto, una conciencia de que lo que uno cree obedece a contingencias personales e hist&oacute;ricas. Ese car&aacute;cter contingente es importante tenerlo presente, pero de &eacute;l carece el activismo anti MGF. Sus posturas respecto a cuestiones como la inaceptabilidad del dolor son apasionadas, pero tambi&eacute;n conservadoras y escler&oacute;ticas. Creen que el dolor es necesariamente algo malo y que significa lo mismo para todo el mundo. No se plantean que el dolor o la libertad puedan concebirse de otras maneras. Lo mismo ocurre con ideas en torno al cuerpo sano y el buen sexo&rdquo;.<\/o><\/p>\n<p>El antrop&oacute;logo colombiano destaca el papel que han desempe&ntilde;ado los movimientos LGBT, en la cr&iacute;tica de las ideas sobre el buen sexo en el seno de las democracias liberales. Empero, advierte que todo progresismo puede transformarse en su contrario, de ah&iacute; que voces defensoras de los derechos y las libertades puedan enarbolar dichos estandartes como principios absolutos. <i>&ldquo;Judith Butler se&ntilde;ala que cualquiera puede volverse conservador. Incluso las voces m&aacute;s revolucionarias y subversivas en un determinado momento pueden volverse dogm&aacute;ticas. Una muestra de ello es el gobierno Sueco. Don Kulick analiza en un escrito c&oacute;mo las leyes suecas anti prostituci&oacute;n son muy conservadoras, pese a que el gobierno es mayoritariamente femenino y en una &eacute;poca fue revolucionariamente feminista&rdquo;,<\/i> afirma.<\/p>\n<p>As&iacute;, principios como el consentimiento, que han permitido combatir distintas formas de violencia sexual y violencia contra las mujeres, pueden articularse f&aacute;cilmente con perspectivas de la &lsquo;falsa conciencia&rsquo;, seg&uacute;n las cuales, toda persona que &ndash;desde nuestro punto de vista&ndash; est&eacute; sometida a un poder y decida apoyarlo, en lugar de revelarse contra &eacute;l, estar&iacute;a &lsquo;enga&ntilde;ada&rsquo; o habr&iacute;a sido v&iacute;ctima de un &lsquo;lavado de cerebro&rsquo;. Este es un argumento frecuentemente invocado por activistas anti MGF para justificar la exclusi&oacute;n de las voces de mujeres que apoyan las cirug&iacute;as genitales femeninas del debate sobre el tema.<\/p>\n<p>Con respecto a la libertad, Londo&ntilde;o recuerda que ninguna sociedad le concede licencias a sus individuos para hacer lo que les plazca. Las democracias liberales tampoco son la excepci&oacute;n. Por ello es necesario cuestionar el viejo supuesto de que los sujetos occidentales, sean hombres o mujeres, son mas aut&oacute;nomos y libres que sus hom&oacute;logos de otras latitudes. Dicha idea ha sido movilizada con frecuencia para silenciar a los &lsquo;otros&rsquo; y negarles toda posibilidad de agencia. Como sintetiza Mariza Corr&ecirc;a, <i>&ldquo;ni las sociedades llamadas primitivas, territorio preferido de los antrop&oacute;logos, son hostiles al disenso por parte de sus integrantes, ni las sociedades llamadas occidentales est&aacute;n libres de las ataduras de las convenciones culturales&rdquo;.<\/i><\/p>\n<p>No obstante lo anterior, el acto de poner entre par&eacute;ntesis nuestras propias nociones de libertad, consentimiento y derechos con el fin de comprender otras formas de vida suele ser desacreditado como una forma de relativismo cultural seg&uacute;n la cual &lsquo;todo vale&rsquo;. Esto conduce a otro lugar com&uacute;n en los debates sobre MGF, en los que se responde a quienes critican el lugar absoluto de la tr&iacute;ada libertad-derechos-consentimiento con analog&iacute;as hiperb&oacute;licas que confunden relativismo cultural con relativismo moral y seg&uacute;n las cuales incluso el genocidio nazi podr&iacute;a ser justificado bajo esta perspectiva.<\/p>\n<p>En su an&aacute;lisis de las relaciones entre el Islam y los derechos de las mujeres, Abu-Lughod propone una alternativa entre el feminismo colonialista y el relativismo cultural, que puede iluminar el debate sobre las cirug&iacute;as genitales femeninas. Su queja al relativismo cultural no estriba en lo se&ntilde;alado por quienes lo caricaturizan, sino en el papel que le otorga al observador, el cual, bajo el razonamiento <i>&ldquo;esa es su cultura y no es asunto m&iacute;o juzgar o interferir, s&oacute;lo tratar de entender&rdquo;,<\/i> asume una postura pasiva. El problema &eacute;tico-pol&iacute;tico que plantean este tipo de cuestiones es c&oacute;mo lidiar de forma respetuosa con otros culturales, afirma la antrop&oacute;loga. <i>&ldquo;El relativismo cultural es ciertamente una mejora respecto al etnocentrismo y al racismo, al imperialismo cultural. El problema es que es muy tarde para no interferir. Las formas de vida que encontramos en el mundo son de hecho productos de largas historias de interacci&oacute;n&rdquo;,<\/i> explica.<\/p>\n<p>Pero el respeto por la diferencia no debe ser confundido con el relativismo cultural, aclara Abu-Lughod, en tanto <i>&ldquo;no excluye la posibilidad de preguntarnos c&oacute;mo nosotros, viviendo en esta parte del mundo privilegiada y poderosa, podemos examinar nuestras propias responsabilidades respecto a las situaciones en las cuales se encuentran otros que viven en lugares distintos&rdquo;.<\/i> En este sentido, la antrop&oacute;loga, de forma semejante a como lo hacen los integrantes de la Red Asesora para la Pol&iacute;tica P&uacute;blica sobre Cirug&iacute;as Genitales Femeninas en &Aacute;frica, plantea la posibilidad de usar un lenguaje que, sin ser neutro, s&iacute; sea m&aacute;s igualitario, evite la ret&oacute;rica de la salvaci&oacute;n y est&eacute; abierto a la conformaci&oacute;n de alianzas, coaliciones y formas de solidaridad que nos permitan, de forma cr&iacute;tica, explorar qu&eacute; podemos hacer para ayudar a quienes viven en condiciones de pobreza y exclusi&oacute;n, para que tengan vidas m&aacute;s seguras y decentes. Esto sin olvidar, por supuesto, que no s&oacute;lo las democracias liberales pueden sustentar pr&aacute;cticas de libertad y emancipaci&oacute;n, como lo han mostrado feministas isl&aacute;micas.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La lucha por la abolici\u00f3n de la \u2018mutilaci\u00f3n genital femenina\u2019 involucra importantes actores internacionales. 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