{"id":1034,"date":"2015-05-27T00:00:00","date_gmt":"2015-05-27T03:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/clam.fw2web.com.br\/es\/2015\/05\/27\/salvar-a-las-mujeres\/"},"modified":"2015-05-27T00:00:00","modified_gmt":"2015-05-27T03:00:00","slug":"salvar-a-las-mujeres","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/clam.org.br\/es\/noticias-clam\/salvar-a-las-mujeres\/1034\/","title":{"rendered":"\u00bfSalvar a las mujeres?"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: right;\"><em>Por Manuel Alejandro Rodr&iacute;guez Rond&oacute;n<\/em><\/p>\n<p>En M&eacute;xico, como en otros pa&iacute;ses, son cada vez m&aacute;s las voces de activistas y especialistas que denuncian la criminalizaci&oacute;n y activa persecuci&oacute;n del comercio sexual legal en que resultan las pol&iacute;ticas de combate a la trata de personas. Seg&uacute;n afirman, son frecuentes las detenciones arbitrarias y situaciones de intimidaci&oacute;n. Mujeres y hombres que desempe&ntilde;an actividades relacionadas son a menudo coercionados para denunciar a sus colegas como \u00abtratantes\u00bb, bajo la amenaza de ser imputados ellos o ellas mismos si no lo hacen. Por otro lado, con el desplazamiento del trabajo sexual a esferas clandestinas, las mujeres quedan a merced de redes de proxenetismo y diversas formas de violencia y explotaci&oacute;n. Los procedimientos policiales llegan al sinsentido de secuestrar condones &ndash;utilizados en el trabajo sexual como herramienta de prevenci&oacute;n contra el Sida, otras ITS y embarazos no deseados. Bajo la l&oacute;gica de esta cruzada criminalizadora, la presencia de condones o de  medicamentos utilizados para la anticoncepci&oacute;n de emergencia apoya la hip&oacute;tesis de comercio sexual y puede servir, por lo tanto, de evidencia de trata de personas.<\/p>\n<p>Jaime Montejo es miembro de la <a href=\"http:\/\/brigadaac.mayfirst.org\">Brigada Callejera de Apoyo a la Mujer &lsquo;Elisa Mart&iacute;nez&rsquo;<\/a>, una organizaci&oacute;n civil integrada por trabajadoras sexuales y sobrevivientes de trata de personas, que tiene como fin defender los derechos de las personas vinculadas al comercio sexual. Para Montejo, esta situaci&oacute;n se empez&oacute; a presentar hace ocho a&ntilde;os, con la sanci&oacute;n de la Ley para Prevenir y Sancionar la Trata de Personas, pero se recrudeci&oacute; a partir de 2012 con la promulgaci&oacute;n de su versi&oacute;n expandida: la Ley General para Prevenir, Sancionar y Erradicar los Delitos en Materia de Trata de Personas y para la Protecci&oacute;n y Asistencia a las V&iacute;ctimas. Esta &uacute;ltima eleva el proxenetismo al rango de trata de personas.<\/p>\n<p>El Protocolo de Palermo es el instrumento internacional que orienta las legislaciones y pol&iacute;ticas de cada pa&iacute;s en materia de trata de personas. En la opini&oacute;n de Jaime Montejo, parte del problema estriba en la inadecuada aplicaci&oacute;n del mismo. La ley sancionada en 2012 vincula de forma problem&aacute;tica los elementos que configuran la trata seg&uacute;n el Protocolo. <i>&ldquo;La ley contempla los fines de explotaci&oacute;n, en este caso sexual; en algunas ocasiones las conductas, como el uso de amenazas, fuerza y abuso de poder, entre otras; pero no los medios, como la captaci&oacute;n, transporte, traslado, acogida o recepci&oacute;n de personas. Motivo por el cual la Secretar&iacute;a de Gobernaci&oacute;n de la Rep&uacute;blica menciona en su diagn&oacute;stico sobre trata de personas que est&aacute;n aumentando las sentencias por dicho delito, pero no necesariamente las detenciones y enjuiciamiento de tratantes&rdquo;,<\/i> explica el abogado.<\/p>\n<p>Nancy Lombardini es doctorante en Ciencias Sociales de la UAM &ndash; Xochimilco e investiga las pol&iacute;ticas contra la trata en ese pa&iacute;s. Para la estudiosa, el problema obedece en parte a la ambigua definici&oacute;n del fen&oacute;meno de trata en la redacci&oacute;n del Protocolo, que deja sin definir la &lsquo;explotaci&oacute;n sexual&rsquo;, debido a que el comercio sexual es legislado de distintas formas por cada pa&iacute;s. <i>&ldquo;En M&eacute;xico, la corriente abolicionista ha avanzado de la mano con estas pol&iacute;ticas y ha equiparado comercio sexual con trata. Aunque el trabajo sexual no es formalmente considerado como delito, es criminalizado, lo que lo coloca en una situaci&oacute;n de paralegalidad y por tanto de persecuci&oacute;n arbitraria por parte de las autoridades. De esta manera, el marco normativo contra la trata de personas se ha convertido en un marco anti-comercio sexual&rdquo;,<\/i> afirma la investigadora.<\/p>\n<p>Pero los problemas en torno a la interpretaci&oacute;n del Protocolo constituyen s&oacute;lo una arista de una situaci&oacute;n mucho m&aacute;s compleja. Es efecto de una limitada definici&oacute;n de las relaciones de poder y de las violencias que enmarcan el comercio sexual. El abordaje de la explotaci&oacute;n sexual y la trata, tanto jur&iacute;dicamente como en su cobertura medi&aacute;tica, no admiten la existencia de sujetos fuera del binomio v&iacute;ctima-victimario, como una relaci&oacute;n individualizada y extirpada del contexto de relaciones y valores en que el comercio sexual y las migraciones tienen lugar. Para ese abordaje, las mujeres constituyen ya sea v&iacute;ctimas indefensas, que deben ser a toda costa &lsquo;salvadas&rsquo;, o &ndash;cuando su experiencia y testimonios no se ajustan a la narrativa hegem&oacute;nica de lo que significa ser v&iacute;ctima&ndash; &ldquo;tratantes&rdquo;, delincuentes que lucran con su explotaci&oacute;n. La v&iacute;ctima de la trata es presentada como <i>&ldquo;una mujer (casi siempre en situaci&oacute;n de pobreza, ind&iacute;gena y sin educaci&oacute;n) que ha sido enamorada por un hombre, quien la traslada a otro lugar, la a&iacute;sla, la viola y la explota sexualmente&rdquo;,<\/i> explica Lombardini.<\/p>\n<p>Cuando las mujeres son detenidas en los operativos anti trata, relata Montejo, <i>&ldquo;se les corta cartucho (son apuntadas con un arma), las obligan a firmar declaraciones sin que puedan leer su contenido y luego son presentadas ante medios de comunicaci&oacute;n como v&iacute;ctimas rescatadas. Entre 24 y 72 horas despu&eacute;s, ellas regresan a realizar su trabajo en otros sitios m&aacute;s inseguros que donde laboraban cuando se dieron los operativos. Hay mujeres adultas a quienes las hacen pasar como menores de edad. En el caso de migrantes en situaci&oacute;n irregular, les ofrecen visas humanitarias para que acusen a sus compa&ntilde;eras de tratantes y las amenazan con quitarles a sus hijos e hijas menores de 12 a&ntilde;os por ejercer la prostituci&oacute;n, ya que varios c&oacute;digos civiles en M&eacute;xico lo permiten&rdquo;.<\/i><\/p>\n<p>Tales &lsquo;v&iacute;ctimas&rsquo; son tratadas como menores de edad que requieren la tutela del Estado o de organizaciones no gubernamentales, quienes al mantenerlas en dicha posici&oacute;n les imponen una serie de decisiones sobre sus vidas. Seg&uacute;n se&ntilde;ala Montejo, esta perspectiva victimizante es compartida tanto por organizaciones no gubernamentales de combate a la trata como por legisladoras y legisladores de derecha, que en su lucha por abolir la prostituci&oacute;n minan las garant&iacute;as para que trabajadoras y trabajadores sexuales pueden ejercer su oficio. <i>&ldquo;Esto ha significado en la pr&aacute;ctica que muchas trabajadoras y trabajadores sexuales tengan que salir de las zonas de relativa protecci&oacute;n donde laboraban, por cierres y clausuras, y tengan que trabajar en lugares donde el crimen organizado tiene el control de los negocios, donde hay m&aacute;s violencia hacia este sector y donde la trata de personas, la esclavitud sexual, los feminicidios y cr&iacute;menes de odio est&aacute;n al orden del d&iacute;a&rdquo;,<\/i> explica.<\/p>\n<p>Mujeres y hombres organizados en el &aacute;mbito del comercio sexual han puesto en marcha distintas estrategias de resistencia y reivindicaci&oacute;n de sus derechos, logrando importantes victorias. Ejemplo de ello es el fallo judicial que en el Distrito Federal acredita a trabajadoras y trabajadores sexuales de la v&iacute;a p&uacute;blica como trabajadores no asalariados, lo que les brinda algunas garant&iacute;as durante los operativos anti trata. <i>&ldquo;Este logro es hist&oacute;rico en M&eacute;xico y en Am&eacute;rica Latina y el Caribe y fue posible gracias a la alianza estrat&eacute;gica entre tres colectivos: la Brigada Callejera de Apoyo a la Mujer &lsquo;Elisa Mart&iacute;nez&rsquo;, la Red Mexicana de Trabajo Sexual y el bufete Tierra y Libertad, presidido por la abogada B&aacute;rbara Zamora. El com&uacute;n denominador de las iniciativas que hicieron posible dicha conquista laboral es el hecho de ser anticapitalistas y adherentes de la sexta declaraci&oacute;n de la selva lacandona del EZLN&rdquo;,<\/i> relata Montejo.<\/p>\n<p>Sin embargo, la facilidad con la que una v&iacute;ctima puede convertirse en victimario en este marco normativo tiene efectos desempoderantes, por lo que las leyes anti trata constituyen un importante obst&aacute;culo a las posibilidades de organizaci&oacute;n, afirma Lombardini. Adem&aacute;s de verse obligadas a acusarse unas a otras, quien asuma el liderazgo en grupo de trabajadoras sexuales aut&oacute;nomas corre el riesgo de ser acusada de tratante, lo mismo quien se encargue de administrar los recursos para el funcionamiento de un establecimiento de comercio sexual, explica la investigadora.<\/p>\n<p>A ello se suma el efecto encubridor de la lucha contra la trata respecto de otras formas de violencia e injusticia que afectan seriamente a las mujeres. Lombardini se&ntilde;ala que, pese a que existen otras formas de tr&aacute;fico de personas reconocidas por el Protocolo de Palermo, como las referidas al comercio ilegal de &oacute;rganos y la explotaci&oacute;n laboral no sexual, en M&eacute;xico el combate a la trata se ha centrado en la sexualidad de las mujeres, lo que ha conllevado no s&oacute;lo la equiparaci&oacute;n de trata y comercio sexual, sino tambi&eacute;n a que se oculte la situaci&oacute;n de las mujeres en escenarios como las maquilas o el trabajo dom&eacute;stico.<\/p>\n<p><i>&ldquo;En este sentido creo que el combate a la trata en M&eacute;xico oculta una estructura de desigualdad social de las mujeres. El modo como ha sido abordada la violencia y la explotaci&oacute;n sexual y la idea de que hay que rescatar a las mujeres v&iacute;ctimas de explotaci&oacute;n sexual invisibiliza el hecho de que muchas mujeres recurren o deciden dedicarse al comercio sexual por falta de oportunidades econ&oacute;micas o educativas o incluso que algunas de ellas adem&aacute;s del trabajo sexual se dedican al trabajo dom&eacute;stico o de limpieza en alg&uacute;n comercio&rdquo;,<\/i> explica la investigadora.<\/p>\n<p>Desde esta perspectiva, vale la pena preguntarse a qu&eacute; mujeres van dirigidos los operativos que buscan erradicar la trata de personas. Con respecto a Colombia, <a href=\"http:\/\/clam.org.br\/ES\/destaque\/conteudo.asp?cod=11805\">la soci&oacute;loga Luz Gabriela Arango ha se&ntilde;alado c&oacute;mo en los discurso jur&iacute;dicos, medi&aacute;ticos, pol&iacute;ticos e incluso acad&eacute;micos sobre prostituci&oacute;n intervienen sesgos de clase, que conllevan distintas valoraciones de las pr&aacute;cticas cobijadas por el comercio sexual<\/a>. <i>&ldquo;Las mujeres pobres son vistas como personas ignorantes que venden su cuerpo, mientras las j&oacute;venes universitarias que intercambian favores sexuales por dinero para pagar sus estudios o para invertir en sus gustos personales, son vistas como agentes racionales [&hellip;] unas son prostitutas, las otras, escorts&rdquo;,<\/i> afirma la investigadora.<\/p>\n<p>Lombardini y Montejo coinciden en se&ntilde;alar que los operativos anti trata en M&eacute;xico no van dirigidos a las mujeres de niveles socioecon&oacute;micos medios o altos que se dedican al comercio sexual, quienes tal vez no sean consideradas v&iacute;ctimas por los organismos policiales, sino a quienes trabajan en las calles, centros nocturnos, bares y cantinas. Asimismo, teniendo en cuenta que M&eacute;xico es un importante receptor de migrantes tanto legales como ilegales, cabe preguntarse si las pol&iacute;ticas anti trata no se articulan con pol&iacute;ticas migratorias de forma an&aacute;loga a <a href=\"http:\/\/www.clam.org.br\/es\/entrevistas\/conteudo.asp?cod=11867\">como ocurre en Francia y otros pa&iacute;ses europeos, donde la regulaci&oacute;n de la prostituci&oacute;n se dirige con especial &eacute;nfasis a las inmigrantes que ejercen prostituci&oacute;n en la calle<\/a>.<\/p>\n<p>Aunque dicha cuesti&oacute;n tendr&iacute;a que ser contestada por investigaciones centradas en dicho cruce, para Montejo las llamadas &lsquo;mujeres ilegales&rsquo; han sido unas de las m&aacute;s afectadas por los operativos contra la trata. Por un lado, porque el modo privilegiado para &lsquo;rescatarlas&rsquo; ha sido la deportaci&oacute;n masiva, que las lleva de regreso a lugares de los cuales huyeron para protegerse de distintas violencias, pero tambi&eacute;n porque sus trayectorias migratorias levantan un manto de sospecha ante las autoridades, que las consideran con mayor facilidad como v&iacute;ctimas o victimarias. Ante el estigma que portan dichas mujeres, <i>&ldquo;algunos due&ntilde;os y encargados de establecimientos tienden a prescindir de sus servicios para evitarse los operativos anti-trata. Las &lsquo;mujeres ilegales&rsquo; que trabajan en bares, cantinas, <\/i>table dance <i>y la calle, son consideradas <\/i>per se <i>v&iacute;ctimas de trata por las autoridades. Otras veces son chivos expiatorios. Despu&eacute;s de las clausuras y cierres, ni las autoridades ni las ONG les ofrecen alternativas laborales o educativas m&aacute;s all&aacute; de talleres de corte y confecci&oacute;n a pocas de ellas y de trabajos en estas &aacute;reas&rdquo;,<\/i> relata el abogado.<\/p>\n<p>Lombardini se&ntilde;ala tambi&eacute;n que ciertos imaginarios sobre las mujeres migrantes las muestran como si enfrentaran mayores violencias en el comercio sexual que en sus lugares de origen, lo cual no s&oacute;lo es falso, sino que adem&aacute;s desconoce que el comercio sexual puede ser un medio para garantizarse mejores condiciones de vida y huir de contextos de violencia. Por otro lado, se&ntilde;ala que los cruces entre comercio sexual y migraci&oacute;n son complejos y no obedecen necesariamente a las mismas l&oacute;gicas. La investigadora distingue, por un lado, a las mujeres migrantes que han recurrido al comercio de su cuerpo como estrategia de sobrevivencia durante la ruta migratoria, con el fin de obtener protecci&oacute;n, comida u otro tipo de ayuda, pero que no ejercer&iacute;an propiamente el trabajo sexual, y por otro lado, las que lo hacen para obtener ganancias, asegurar su manutenci&oacute;n y enviar dinero a sus familias. En este sentido llama la atenci&oacute;n sobre la importancia de investigar m&aacute;s acerca de las pol&iacute;ticas migratorias y el marco normativo sobre trata.<\/p>\n<p>Es Montejo quien relata c&oacute;mo el cond&oacute;n ha pasado a constituir un <i>&ldquo;elemento de prueba para establecer responsabilidad penal por los delitos de lenocinio (proxenetismo) y trata de personas. En algunos casos, la Procuradur&iacute;a General de la Rep&uacute;blica lo relaciona hasta con delincuencia organizada. Esto significa que donde la polic&iacute;a ministerial encuentra condones nuevos o usados, los utiliza como evidencia acusatoria para encarcelar a personas por trata de personas con fines de explotaci&oacute;n sexual&rdquo;.<\/i><\/p>\n<p>Tal situaci&oacute;n pone en relieve un cierto antagonismo entre las actuales pol&iacute;ticas anti-trata y las pol&iacute;ticas de prevenci&oacute;n del VIH\/Sida de las d&eacute;cadas de 1980 y 1990 adelantadas por ONG y organismos gubernamentales. Adem&aacute;s de poner en entredicho los avances alcanzados en materia de VIH\/Sida en un marco de derechos humanos y de fortalecimiento  comunitario, la criminalizaci&oacute;n del cond&oacute;n supone serios riesgos de salud para las trabajadoras sexuales quienes, como afirma Lombardini, ven c&oacute;mo se ha convertido en evidencia de delito lo que otrora fue promocionado como herramienta de trabajo.<\/p>\n<p>Un fen&oacute;meno similar se ha observado en otros pa&iacute;ses que cuentan con marcos abolicionistas o muy restrictivos en materia de prostituci&oacute;n. De acuerdo con un <a href=\"http:\/\/www.opensocietyfoundations.org\/sites\/default\/files\/criminalizing-condoms-spanish-20130912_0.pdf\">estudio sobre el tema realizado en Kenia, Namibia, Rusia, Sud&aacute;frica, Estados Unidos y Zimbabue en 2011 por organizaciones de esos pa&iacute;ses bajo la coordinaci&oacute;n de las Open Society Foundations<\/a>, el 41% de las personas entrevistadas relat&oacute; que la polic&iacute;a les hab&iacute;a confiscado alguna vez sus preservativos. En muchos casos, las trabajadoras y trabajadores sexuales decidieron trabajar en esas condiciones y tener relaciones sexuales desprotegidas. Una de las personas entrevistadas confirm&oacute; que en una de esas oportunidades fue infectada con VIH. La investigaci&oacute;n mostr&oacute;, adem&aacute;s, que no s&oacute;lo las\/os trabajadoras\/es sexuales son v&iacute;ctimas de acoso y persecuci&oacute;n policial, sino tambi&eacute;n los trabajadores sociales comunitarios que distribuyen preservativos de forma gratuita y llevan a cabo actividades educativas sobre pr&aacute;cticas de sexo seguro.<\/p>\n<p>El panorama descrito suscita dudas respecto al lugar que ocupa la b&uacute;squeda de mejores condiciones de vida para las mujeres en este tipo de pol&iacute;ticas, en tanto las consecuencias de su implementaci&oacute;n parecen contradecir sus prop&oacute;sitos.<\/p>\n<p>La investigaci&oacute;n de Lombardini ha mostrado c&oacute;mo el combate de la trata est&aacute; relacionado con una manera de gobernar, donde la violencia contra las mujeres aparece como tema de seguridad nacional. A partir de la <i>&ldquo;d&iacute;ada pol&iacute;ticas penales &#8211; pol&iacute;ticas asistenciales&rdquo;, <\/i> afirma la investigadora, se ha erigido un aparato legal en el que adquieren centralidad cuestiones como el n&uacute;mero de sentencias y los tipos penales involucrados, y la reparaci&oacute;n del da&ntilde;o v&iacute;a pol&iacute;ticas asistenciales, como el traslado de las mujeres a refugios. Al tiempo que enfatizan la protecci&oacute;n de las mujeres, estas pol&iacute;ticas obliteran su experiencia y sus derechos econ&oacute;micos y sexuales.<\/p>\n<p>Es por ello que la investigadora plantea la necesidad de conceptualizar la trata m&aacute;s all&aacute; de la explotaci&oacute;n, categor&iacute;a que, afirma, resulta demasiado ambigua tanto a nivel medi&aacute;tico como jur&iacute;dico. <i>&ldquo;Asumir que cualquier forma de comercio sexual implica explotaci&oacute;n, que es lo que se&ntilde;ala el discurso abolicionista, es una idea limitada para abordar la experiencia de estas mujeres.&rdquo;, <\/i> puntualiza.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En M\u00e9xico, las pol\u00edticas anti-trata vulneran los derechos de las mujeres, obstaculizan posibilidades de organizaci\u00f3n y encubren profundas estructuras de desigualdad. 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