{"id":1163,"date":"2008-04-15T00:00:00","date_gmt":"2008-04-15T03:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/clam.fw2web.com.br\/es\/2008\/04\/15\/corporalidad-deseo-y-prision\/"},"modified":"2008-04-15T00:00:00","modified_gmt":"2008-04-15T03:00:00","slug":"corporalidad-deseo-y-prision","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/clam.org.br\/es\/entrevistas\/corporalidad-deseo-y-prision\/1163\/","title":{"rendered":"Corporalidad, deseo y prisi\u00f3n"},"content":{"rendered":"<p>Rodrigo Parrini, es magister en Estudios de G\u00e9nero por El Colegio de M\u00e9xico e investigador del Centro Nacional de Prevenci\u00f3n y Control del VIH\/sida. El Reclusorio Norte, una de las varias c\u00e1rceles de la ciudad de M\u00e9xico, es el escenario, pero no el protagonista de <I>Pan\u00f3pticos y laberintos. Subjetivaci\u00f3n y corporalidad en una c\u00e1rcel de hombres<\/I>. En di\u00e1logo con Michel Foucault y Erving Goffman, esta investigaci\u00f3n pone el foco en los presos y el orden social particular que construyen en su circunstancia de reclusi\u00f3n y las maneras como atraviesan su vivencia del deseo, la identidad y la corporalidad, en detrimento de un an\u00e1lisis de los mecanismos de control institucionales.<BR>  <P><I>Pan\u00f3pticos y laberintos. Subjetivaci\u00f3n y corporalidad en una c\u00e1rcel de hombres<\/I> (El Colegio de M\u00e9xico, 2007) abre nuevas perspectivas dentro de los estudios de g\u00e9nero y pone en duda pilares te\u00f3ricos, como el concepto de identidad. En esta entrevista, Parrini describe sus hallazgos y reflexiona sobre las m\u00faltiples vivencias subjetivas que se alimentan de, y a la vez construyen, el orden social carcelario.<BR>  <P><B>Su investigaci\u00f3n acerca de las operaciones del g\u00e9nero, el deseo y la corporalidad en la vida carcelaria demuestra una singular dificultad para comprenderlas si supusi\u00e9ramos un elenco de identidades como punto de partida. \u00bfCu\u00e1les fueron sus hallazgos al respecto? \u00bfQu\u00e9 posiciones es posible asumir y qu\u00e9 alcances tienen \u00e9stas? <\/B> <P>Creo que en el centro de mis an\u00e1lisis se esgrime un disenso con respecto a la primac\u00eda de la identidad en los estudios sobre g\u00e9nero y sexualidad. En t\u00e9rminos conceptuales, el g\u00e9nero debe entenderse como el resultado de la intersecci\u00f3n sociohist\u00f3rica de las identidades, los deseos y las corporalidades; como un dispositivo que resuelve la relaci\u00f3n entre estas dimensiones de una determinada forma, o que intenta hacerlo. Creo que operamos, en este sentido, completamente enmarcados por lo que Foucault denomina &lsquo;dispositivo de sexualidad&rsquo;; en \u00faltima instancia, es una forma de engarzar y hacer coherentes elementos que hist\u00f3ricamente pueden considerarse dispares: el cuerpo, el deseo, las identidades, la biolog\u00eda, entre otros. Mi opci\u00f3n ha sido no considerar dicho dispositivo como algo dado y evidente, sino reconocer su constituci\u00f3n espec\u00edfica en la c\u00e1rcel, si es que la hay. De este modo, lo que parece coherente y vinculado puede tambi\u00e9n verse como fragmentario y disperso. Pienso que la identidad es justamente el operador de la coherencia dentro del dispositivo de la sexualidad, la dimensi\u00f3n que permite una narraci\u00f3n sin fracturas, sin oscilaciones (o que las oblitera). Podemos optar por articular las otras dimensiones &mdash;deseo y corporalidad&mdash; con la identidad, someti\u00e9ndonos a su primac\u00eda y sus mandatos, o elegir caminos que no supongan jerarqu\u00edas entre ellas. Esta fue mi opci\u00f3n. Por eso, eleg\u00ed la imagen del laberinto, que no contiene un trayecto obligatorio y perentorio sino muchos posibles. Esta multiplicidad de trayectos es capital para los estudios sobre g\u00e9nero y sexualidad y una forma de salir de ciertas tautolog\u00edas que nos tienen asidos, por un lado, a la construcci\u00f3n social y, por otro, a las identidades y sus contenidos y dictados.<BR>  <P><B>El concepto de <I>pan\u00f3ptico<\/I> tiene una gran carga simb\u00f3lica. Funcionar\u00eda de maravilla para explicar los m\u00faltiples encierros y vigilancias que se viven dentro de la c\u00e1rcel. No obstante, usted contrapone la imagen del laberinto para explicar el derrotero carcelario. \u00bfC\u00f3mo se engarza esta alternativa al aplicarla a las relaciones de g\u00e9nero y la vivencia &mdash;corporal y social&mdash; del deseo? <\/B> <P>Contrapuse la imagen del pan\u00f3ptico &ndash;propuesta por Foucault como la expresi\u00f3n m\u00e1s acabada del poder disciplinario y su met\u00e1fora m\u00e1s profunda&ndash; a la de laberinto para comprender lo que efectivamente hab\u00eda encontrado en la c\u00e1rcel. Creo que son dos im\u00e1genes y met\u00e1foras que permiten analizar y revisar no s\u00f3lo el funcionamiento espec\u00edfico de la c\u00e1rcel como instituci\u00f3n disciplinaria, sino el uso de ciertas teor\u00edas y conceptos. Entre ambos yo ubicar\u00eda el trayecto mismo de mi investigaci\u00f3n, que empez\u00f3 buscando ciertas cosas y encontr\u00f3 otras, en muchos sentidos diferentes. En t\u00e9rminos muy simples dir\u00eda que la identidad corresponde al pan\u00f3ptico te\u00f3rico de los estudios de g\u00e9nero, al que se podr\u00eda interrogar por la totalidad de la subjetividad y que dar\u00eda cuenta tanto del cuerpo como del deseo. Yo postulo que el cuerpo y el deseo en la c\u00e1rcel funcionan como laberintos y, ampliando mis conclusiones, propongo una mirada laber\u00edntica para el conjunto de relaciones de g\u00e9nero que, potencialmente, podamos estudiar. \u00bfQu\u00e9 es un laberinto? Es un trazo sobre cierta superficie que tiene m\u00faltiples variantes para diversos trayectos. La identidad es una entrada en \u00e9l y un trayecto posible; el cuerpo otro\u2026 el deseo.<BR>  <P><B>En el trayecto de su investigaci\u00f3n, usted propone un ingreso a trav\u00e9s de lo discursivo para ahondar en la relaci\u00f3n entre lenguaje y corporalidad, aclarando que no existe una distinci\u00f3n tajante entre discurso y pr\u00e1ctica. \u00bfDe qu\u00e9 modo eso que &ldquo;se dice&rdquo; incide en lo que &ldquo;se hace&rdquo; y lo que &ldquo;se desea&rdquo;? <\/B> <P>Si bien al inicio del libro planteo que no existe una distinci\u00f3n tajante entre discurso y pr\u00e1ctica (siguiendo a Laclau y Mouffe), luego arribo a un postulado diferente: hay que atender a las relaciones fragmentarias entre el discurso y la pr\u00e1ctica. Un problema que se articul\u00f3 poco a poco en la investigaci\u00f3n fue que mucho de lo que se dec\u00eda iba en una direcci\u00f3n contraria a lo que se hac\u00eda; las palabras segu\u00edan un rumbo y las cosas otras, por as\u00ed decirlo. Esta disyunci\u00f3n y esta divergencia fueron capitales para entender la relaci\u00f3n del lenguaje con la corporalidad, tal vez es el punto mismo donde se articula y se despliega el erotismo como una frontera entre el cuerpo y la palabra. Si s\u00f3lo se atend\u00eda a la producci\u00f3n m\u00e1s evidente de significados, al discurso p\u00fablico, entonces todo aparec\u00eda como coherente y coincidente, pero si analiz\u00e1bamos los desbordes de las mismas palabras, las contradicciones, las formas del silencio, entonces surg\u00edan las relaciones de desencajamiento, de contradicci\u00f3n y de desasimiento entre los discursos y las pr\u00e1cticas que encontramos en la c\u00e1rcel. El discurso puede ser una estrategia para sostener algo, pero tambi\u00e9n para permitir que se haga exactamente lo contrario a lo que se dice. Esta tensi\u00f3n fue la ruta que seguimos para comprender las din\u00e1micas deseantes en la c\u00e1rcel, nunca dichas, sugeridas y soterradas. Pero quisiera insistir en que no se trata de contraponer el discurso a las pr\u00e1cticas, como si el primero fuera el plano de la inteligibilidad y la regulaci\u00f3n y las segundas el de la impenetrabilidad y la dispersi\u00f3n. Ser\u00eda como replicar ciertos t\u00f3picos sobre lo civilizado y lo salvaje, lo dicho y lo indecible. S\u00f3lo puse el acento en relaciones diagonales, entrecruzamientos y desasimientos entre ambos planos de las relaciones sociales.<BR>  <P><B>Usted desarrolla un an\u00e1lisis del orden social carcelario en di\u00e1logo con los principios que Foucault hab\u00eda establecido para comprender el disciplinamiento que \u00e9ste produce. A usted le interesa recuperar lo que los sujetos encarcelados hacen con el orden irremediable del encierro, c\u00f3mo ellos reorganizan el r\u00e9gimen disciplinario. \u00bfQu\u00e9 transformaciones encontr\u00f3 en la peculiar legalidad instituida por los reclusos en la vida cotidiana de la c\u00e1rcel de hombres? \u00bfD\u00e9 qu\u00e9 modo esto complejiza el concepto de disciplina? <\/B><\/P> <P>He pensado esta investigaci\u00f3n como un di\u00e1logo con los an\u00e1lisis de Foucault. Es de sobra conocida la gran influencia que ha tenido <I>Vigilar y Castigar<\/I>, un libro dedicado al nacimiento de la prisi\u00f3n en Europa. De alg\u00fan modo, el libro determin\u00f3 cierta forma de pensar la c\u00e1rcel en general, y en muchos sentidos, las instituciones. Habr\u00eda que agregar la influencia de Goffman con su concepto de &lsquo;instituci\u00f3n total&rsquo;. En mi an\u00e1lisis la c\u00e1rcel aparece desplazada con respecto a la totalidad goffmaniana y la disciplina foucaultiana. \u00bfPor qu\u00e9? Porque la estudio a partir de los mismos presos y encuentro una legalidad y un orden social espec\u00edficos que organizan muchos de los aspectos de sus vidas, que les permiten apropiarse y desplazar la instituci\u00f3n, desterritorializarla y territorializarla de modos particulares, con fines diversos a los de la instituci\u00f3n misma. No obstante, el horizonte \u00faltimo de la disciplina es su funcionamiento capilar y disperso, sin un centro de vigilancia sino con m\u00faltiples terminales de control: si as\u00ed se la entiende, el m\u00e9todo m\u00e1s eficaz de disciplinamiento es la legalidad y las relaciones de poder que los mismos internos construyen. De todos modos, habr\u00eda que reconocer un desplazamiento en esta forma de disciplina con respecto a la foucaultiana, porque sirve para los intereses y fines de los mismos internos (o algunos de ellos), restringe y contradice las orientaciones de la instituci\u00f3n misma, si es necesario, pleg\u00e1ndose a ellas en un punto y desminti\u00e9ndolas en otro.<BR> <\/P> <P>Esta misma l\u00ednea de an\u00e1lisis se podr\u00eda extender a otras instituciones bajo las preguntas: \u00bfqu\u00e9 hacen los sujetos con las instituciones?; \u00bfqu\u00e9 hacen los locos con los hospitales psiqui\u00e1tricos?; \u00bfqu\u00e9 hacen los alumnos con las escuelas y los obreros con las f\u00e1bricas?; \u00bfc\u00f3mo se apropian, c\u00f3mo transforman, c\u00f3mo desplazan los sujetos estas instituciones cl\u00e1sicas del modelo disciplinario? En mi argumentaci\u00f3n recurro a ciertas ideas de Deleuze y Guattari, pero especialmente a una: el deseo es una dimensi\u00f3n productiva de las relaciones sociales; de este modo, los an\u00e1lisis sobre el poder deben articularse con otros sobre el deseo, que permitan visualizar estos procesos de apropiaci\u00f3n, desplazamiento y reformulaci\u00f3n a los que me he referido.<BR>  <P><B>Las figuraciones de la masculinidad en los modos de subjetivaci\u00f3n de los reclusos imponen a la investigaci\u00f3n un rodeo que es a la vez metodol\u00f3gico y te\u00f3rico: la pregunta acerca de qu\u00e9 es ser hombre produce extra\u00f1amiento, lo que conduce a dudar de la masculinidad como atributo sustantivo y a constatar, en la pr\u00e1ctica (o en los discursos) un juego de parcialidades y posiciones reversibles. \u00bfCu\u00e1l es el aporte de sus hallazgos a los estudios sobre masculinidades? <\/B> <P>Creo que un punto importante que trabaj\u00e9 en la investigaci\u00f3n son los desplazamientos entre una enunciaci\u00f3n de la masculinidad &mdash;el plano de las identidades&mdash; y el de las pr\u00e1cticas vinculadas con su enunciaci\u00f3n. Fue una cita la que me permiti\u00f3 entrar con mayor profundidad en el juego entre parcialidad y reversibilidad; en ella un interno me habl\u00f3 de un travesti preso en la c\u00e1rcel que dec\u00eda que &lsquo;lo puto lo ten\u00eda en el culo&rsquo;, pero que pod\u00eda golpear a quien se le pusiera al frente. Ese travesti dec\u00eda que era puto y hombre alternadamente y que en su propio cuerpo se encontraba el lugar &mdash;el culo&mdash; que le permit\u00eda transitar entre identidades y posiciones subjetivas. Por otra parte, hab\u00eda encontrado una din\u00e1mica entre intimidad y extra\u00f1amiento que apuntaba hacia una paradoja: los contenidos y las definiciones identitarias m\u00e1s apreciadas e importantes eran un producto social, el extra\u00f1amiento que se instalaba en el coraz\u00f3n mismo de la intimidad.<BR>  <P>Ahora bien, la masculinidad no puede ser objeto de interrogaci\u00f3n. Funciona, ante todo, como algo dado, natural, indescriptible en muchos sentidos. Por eso, en t\u00e9rminos metodol\u00f3gicos, la pregunta acerca de ella y sus caracter\u00edsticas supone que se ha desplazado de su lugar inconmovible y t\u00e1cito. Nuestros entrevistados a veces rechazaban la pregunta, porque interrogaba acerca de lo que para ellos era evidente, transparente como el aire. Pero algunos la pod\u00edan responder a partir de su experiencia en la c\u00e1rcel, que ellos le\u00edan como una ca\u00edda de su masculinidad. Ya estaba la distancia subjetiva y afectiva con lo que m\u00e1s valoraban. Observaban los restos de lo que ellos mismos eran.<BR>  <P>Por otra parte, las din\u00e1micas del deseo mostraban un saber compartido acerca de la seducci\u00f3n que, a su vez, se\u00f1alaba las estrategias de desconocimiento que estos hombres elaboraban. Lo indico muy claramente en el libro: no se trata de que todos los hombres tengan deseos homoer\u00f3ticos que permanec\u00edan ocultos o reprimidos hasta su llegada a la c\u00e1rcel. No me interesan las explicaciones psicol\u00f3gicas. Creo que lo importante es se\u00f1alar la configuraci\u00f3n social del deseo, en la que se puede participar de modo directo, elusivo, proyectivo o aversivo, entre otras posibilidades. Entonces, de nuevo surge el extra\u00f1amiento ante la intimidad y sus gestos. Los internos hu\u00edan de ser objetualizados (por ejemplo, mediante la seducci\u00f3n).<BR>  <P>Lo anterior me permite sostener dos elementos centrales, a mi entender, en el an\u00e1lisis de la masculinidad: uno es el requerimiento sostenido y urgente de mantener la totalidad ante cualquier amenaza de fragmentaci\u00f3n, la sustancialidad ante cualquier asomo de vac\u00edo, la permanencia ante la contingencia. Otro, es que la masculinidad les &lsquo;exige&rsquo; a los hombres ocupar y mantener una posici\u00f3n de sujetos y rechazar cualquier objetualizaci\u00f3n de ellos mismos, incluso la que podr\u00edan hacer mediante una interrogaci\u00f3n \u00edntima.<BR>  <P><B>El argot carcelario roba algunas categor\u00edas del g\u00e9nero (el papel de &ldquo;la mam\u00e1&rdquo;, por ejemplo, o la divisi\u00f3n del trabajo al interior de las celdas) y la sexualidad (lo puto, el cabr\u00f3n). \u00bfA qu\u00e9 obedece esta operaci\u00f3n? Es posible reconocer cierta exaltaci\u00f3n, o sacralizaci\u00f3n, de determinados valores asociados a lo femenino: la mam\u00e1 en el polo de la pureza; mientras que la producci\u00f3n de masculinidades y el tr\u00e1fico sexual parecen transitar otros caminos. \u00bfCu\u00e1les son \u00e9stos? <\/B> <P>La relaci\u00f3n con lo femenino era muy contradictoria en la c\u00e1rcel. Por una parte, se lo exaltaba de manera insistente, especialmente en la figura de la madre y de la Virgen, pero por otro se lo despreciaba y se lo rechazaba de modo tajante. No creo que la <I>mam\u00e1<\/I>, en el uso que se da al t\u00e9rmino en el argot carcelario (aquel que manda en una celda), est\u00e9 vinculada con la pureza y con la exaltaci\u00f3n de valores asociados a lo femenino. M\u00e1s bien creo que se relaciona con la conformaci\u00f3n de un orden social bastante perturbador que toma denominaciones y atributos para dirigirlos exactamente en la direcci\u00f3n contraria a la que se les da com\u00fanmente. El orden social carcelario en alg\u00fan sentido es un orden social invertido. Ahora bien, es un orden social instalado sobre las polaridades tributarias de otros \u00f3rdenes; por ejemplo, la divisi\u00f3n sexual del trabajo entre &lsquo;mujeres&rsquo; y &lsquo;hombres que en la c\u00e1rcel se reproduce mediante la creaci\u00f3n de &lsquo;mujeres&rsquo; provisionales y parciales que cumplen con algunas tareas que en el exterior se les asigna, habitualmente, a las mujeres (hablo del mundo popular). Entonces, el orden gen\u00e9rico y sexual opera de modo fragmentario e invertido en la c\u00e1rcel. El cabr\u00f3n se relaciona sexualmente con los putos porque no hay mujeres con las que hacerlo: los putos y los muchachos que se prostituyen funcionan tambi\u00e9n como mujeres parciales. De alguna manera, el que al jefe de una celda se le denomine como <I>mam\u00e1<\/I> se debe a que es el espacio de la reproducci\u00f3n de la vida cotidiana, lo m\u00e1s cercano al hogar en la c\u00e1rcel. Pero, como si se replicara una divisi\u00f3n entre espacios privados y p\u00fablicos, los presos m\u00e1s poderosos dentro del penal son conocidos como <I>padrinos<\/I>. Madres y padres: unas en el &lsquo;hogar&rsquo;, otros en la &lsquo;calle&rsquo;.<BR>  <P><B>Las categor\u00edas manejadas entre los internos se complican al intentar traducirlas al lenguaje corriente y viceversa. \u00bfC\u00f3mo trabajar con conceptos como <I>puto<\/I> o <I>maric\u00f3n<\/I> tal como lo manejan los internos? Por momentos no parecen estar ligados con la identidad o la preferencia sexual, aunque en otros afloran con toda su carga homof\u00f3bica. \u00bfDe qu\u00e9 modo operan las convenciones sociales acerca de las preferencias sexuales en el \u00e1mbito carcelario? <\/B> <P><I>Puto<\/I> y <I>maric\u00f3n<\/I> son expresiones del lenguaje cotidiano en M\u00e9xico utilizados tambi\u00e9n en la c\u00e1rcel. Son t\u00e9rminos que intentan identificar a alguien, a la vez que lo descalifican, y que sin duda tienen una carga homof\u00f3bica. No obstante, responden a un imaginario sexual que no se organiza en torno a preferencias sexuales tal como las delimita la sexolog\u00eda y el sentido com\u00fan sexual moderno &mdash;heterosexual, homosexual, bisexual&mdash;, sino a partir de una polaridad de identidades y posiciones subjetivas: hombre-puto. En este punto debemos indicar que la homofobia de la c\u00e1rcel no corresponde al rechazo de una identidad &mdash;lo gay, lo homosexual&mdash; sino de un deseo, una pr\u00e1ctica corporal, una posici\u00f3n en las relaciones de poder que se conjugan en el &lsquo;puto&rsquo;. Aqu\u00ed la homofobia debe leerse como el rechazo tajante a lo abyecto que se condensa en el puto (rechazo que constituye lo abyecto en su mismo gesto). Lo abyecto, la parte ca\u00edda de un sistema, la basura, lo rechazado, las sobras: eso es un <I>puto<\/I>. Por esto mismo funciona como el elemento ca\u00eddo, expulsado, en polaridad con el hombre: completo, integrado, prestigioso, estimable.<BR>  <P><B>\u00bfPodr\u00eda explicarnos el aporte de las ideas de parcialidad y de reversibilidad para comprender la subjetivaci\u00f3n er\u00f3tica en la c\u00e1rcel. Y m\u00e1s all\u00e1 de ese entorno cerrado, \u00bfpuede considerarse que tambi\u00e9n las formas en que se expresan la subjetivaci\u00f3n, el g\u00e9nero y la corporalidad son espec\u00edficas? \u00bfEs posible encontrar experiencias similares en otros entornos no cerrados? <\/B> <P>Como indiqu\u00e9 en otra pregunta, la parcialidad es una forma de organizar un orden de g\u00e9nero y sexual espec\u00edfico para la c\u00e1rcel, que vuelve a replicar la diferencia sexual sobre cuerpos &lsquo;masculinos&rsquo; y entre hombres. La parcialidad surge, en mis an\u00e1lisis, como un rasgo central de los procesos de subjetivaci\u00f3n en la c\u00e1rcel, que se vincula de modo intenso con la operaci\u00f3n contraria que reclama y protege una totalidad para la identidad masculina y su ejercicio. Lo que encuentro es que cualquier subjetividad es parcial y que cualquier cuerpo est\u00e1 formado de partes. Por eso no s\u00f3lo en la c\u00e1rcel la parcialidad apunta a un rasgo general de la subjetivaci\u00f3n: une partes, trata de crear totalidades, ejerce un control sobre los fragmentos. La subjetividad y el cuerpo estar\u00edan, en \u00faltimo t\u00e9rmino, como hilvanados. A esto agregamos otra caracter\u00edstica: la reversibilidad. Un orden de g\u00e9nero y la afirmaci\u00f3n de una subjetividad masculina se sostienen en la imperturbabilidad de sus t\u00e9rminos y designios. El camino que seguimos nos permiti\u00f3 demostrar que esa imperturbabilidad era s\u00f3lo una utop\u00eda subjetiva y una especie de cerrojo fallido ante la reversibilidad general de la subjetividad y los cuerpos; reversibilidad que se vincula con las oscilaciones corporales y deseantes que hallamos en nuestro estudio, en un estatuto parcial y fallido de las identidades.<BR>  <P>Tal vez el punto m\u00e1s importante sea contraponer este tipo de an\u00e1lisis a otros que construyen la sexualidad y el g\u00e9nero como objetos densos, discretos, fijos en muchos sentidos. Si en una c\u00e1rcel de hombres hay parcialidades de mujeres &mdash;y de hombres&mdash; construidas sobre cuerpos masculinos; identidades que se desplazan sobre el cuerpo operando de modo alterno polaridades de g\u00e9nero y deseos (como la se\u00f1alamos en el caso del travesti y su culo), deseos que siempre encuentran objetos sustitutos y justificaciones posibles; entonces no estamos ante algo s\u00f3lido y completo. Estamos ante un orden que funciona mediante su disoluci\u00f3n y reconfiguraci\u00f3n, mediante una recreaci\u00f3n estrat\u00e9gica. Un orden de parcialidades, reversible, aunque suene parad\u00f3jico.<BR>  <P><B>Entre tanta representaci\u00f3n &mdash;palabras y discursos para designar m\u00faltiples m\u00e1scaras&mdash; \u00bfcu\u00e1les son los espacios que le quedan a la corporalidad? \u00bfQu\u00e9 caminos hay que seguir para conseguir una genuina apropiaci\u00f3n del cuerpo?, \u00bfhasta qu\u00e9 punto la experiencia corporal obedece a deseos o a imposiciones identitarias o discursivas? En el caso de &ldquo;el m\u00e1s cabr\u00f3n&rdquo; que viola a los violines, por ejemplo, \u00bfse trata de un deseo corporal, de una expresi\u00f3n de identidad, o de una imposici\u00f3n subjetivada? <\/B> <P>Yo me preguntar\u00eda si se puede hablar del cuerpo, si el cuerpo es un objeto discursivo, si se lo puede enunciar. Creo que hay una dimensi\u00f3n de la experiencia del cuerpo que no es discursiva ni puede transitar por el discurso. Este es un l\u00edmite epistemol\u00f3gico y metodol\u00f3gico de las ciencias sociales para estudiarlo. Yo me limit\u00e9 a investigar ciertos entrecruzamientos entre cuerpo, identidad y deseo, que me parece constituyen la triada pertinente para estudiar g\u00e9nero y sexualidad. Si entre el cuerpo, la identidad y el deseo se pueden construir relaciones de acoplamiento, de &lsquo;alianza&rsquo; por as\u00ed llamarlas, tambi\u00e9n se pueden configurar relaciones de desasimiento y de fragmentaci\u00f3n. En este sentido, el ejemplo expuesto en la pregunta podr\u00eda tratarse tanto de un deseo corporal, como de una expresi\u00f3n de identidad y de una imposici\u00f3n subjetivada. La clave es que nunca ser\u00e1 s\u00f3lo una de esas dimensiones y cada una se interceptar\u00e1 con la otra en una escena como la descripta.<BR>  <P>No obstante, creo que la <I>corporalidad<\/I> debe entenderse como una dimensi\u00f3n liminar entre discurso y cuerpo. Este fue el concepto que mejor me sirvi\u00f3 para estudiar las relaciones entre ambos en la c\u00e1rcel. No hablaba ante todo de un objeto rodeado de descripciones y prescripciones, sino de un proceso oscilante. <\/P><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En di\u00e1logo con el CLAM, el autor de <I>Pan\u00f3pticos y laberintos. 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