{"id":1432,"date":"2012-09-12T00:00:00","date_gmt":"2012-09-12T03:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/clam.fw2web.com.br\/es\/2012\/09\/12\/masculinidades-y-violencia\/"},"modified":"2012-09-12T00:00:00","modified_gmt":"2012-09-12T03:00:00","slug":"masculinidades-y-violencia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/clam.org.br\/es\/entrevistas\/masculinidades-y-violencia\/1432\/","title":{"rendered":"Masculinidades y violencia"},"content":{"rendered":"<p>Agrupaciones de hombres que afirman proteger los derechos de sus cong&eacute;neres de lo que han llamado &ldquo;los excesos del feminismo&rdquo; han cobrado mayor visibilidad en varios pa&iacute;ses del mundo, entre ellos Inglaterra, Canad&aacute; y Sud&aacute;frica. Estas reivindicaciones han sido objeto de duras cr&iacute;ticas por banalizar la violencia contra las mujeres y reafirmar una masculinidad cimentada en la dominaci&oacute;n. En pa&iacute;ses como Colombia, donde la violencia contra las mujeres ha encendido las alarmas de las autoridades y la sociedad civil, el eco de estos planteamientos resulta preocupante.<\/p>\n<p>Libros como <a href=\"http:\/\/www.clam.org.br\/noticias-clam\/conteudo.asp?cod=9365\"><i>El segundo sexismo: discriminaci&oacute;n contra hombres y ni&ntilde;os<\/i> (2012), de David Benatar, recogen los reclamos de los llamados &lsquo;movimientos masculinistas&rsquo;<\/a>, para quienes la lucha por los derechos de las mujeres deriv&oacute; en la instauraci&oacute;n de un &ldquo;matriarcado castrante&rdquo; y en distintas formas de discriminaci&oacute;n contra los hombres. De acuerdo con sus integrantes, esto ser&iacute;a evidente en el sector educativo, donde las mujeres constituyen el grueso de estudiantes en los pa&iacute;ses industrializados, as&iacute; como en el de la salud, ya que las autoridades sanitarias le han dado prelaci&oacute;n a las enfermedades que afectan a las mujeres frente a las de los hombres.<\/p>\n<p>En Colombia, el tema cobr&oacute; visibilidad a ra&iacute;z de las declaraciones de Edilberto Barreto Vargas, fundador del Movimiento Machista Colombiano. En una entrevista transmitida por la televisi&oacute;n nacional, Barreto se&ntilde;al&oacute; que para pertenecer a esta organizaci&oacute;n era necesario demostrar que se es un hombre a trav&eacute;s de actitudes como golpear a la suegra, haber sido demandado por acoso sexual o por incumplir con la obligaci&oacute;n de proporcionar recursos para la alimentaci&oacute;n de los hijos. En declaraciones a otro medio, afirm&oacute; que el hombre deb&iacute;a educar a las mujeres y ten&iacute;a derecho a golpearlas (&ldquo;darles duro como al ganado&rdquo;), cuando ellas no lo obedecieran.<\/p>\n<p>Pronunciadas en un contexto en el que la violencia contra las mujeres est&aacute; en el debate p&uacute;blico a ra&iacute;z de los crecientes ataques con &aacute;cido y del aumento de femicidios, estas afirmaciones le valieron a Barreto una demanda penal por violencia contra las mujeres y discriminaci&oacute;n. El recurso fue interpuesto por el Representante a la C&aacute;mara Iv&aacute;n Cepeda, quien es coautor de un proyecto de ley que busca elevar a la categor&iacute;a de cr&iacute;menes de lesa humanidad los delitos de violencia sexual, haci&eacute;ndolos imprescriptibles.<\/p>\n<p>En entrevista con el CLAM, Mara Viveros Vigoya &ndash;Doctora en Antropolog&iacute;a de la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales, EHESS, de Paris y Profesora Asociada de la Escuela de Estudios de G&eacute;nero y del Departamento de Antropolog&iacute;a de la Universidad Nacional de Colombia, Sede Bogot&aacute;&ndash; habla sobre la proliferaci&oacute;n de la violencia contra las mujeres en contextos en los que se cuestiona el orden de g&eacute;nero. Tambi&eacute;n pondera las transformaciones a las que se oponen los movimientos masculinistas y analiza el lugar que ha ocupado la violencia en la construcci&oacute;n de las masculinidades en Am&eacute;rica Latina.<\/p>\n<p><b>&iquest;Qu&eacute; opinas de las declaraciones de Edilberto Barreto Vargas?<\/b><\/p>\n<p>Lo primero que me llama la atenci&oacute;n es la trivializaci&oacute;n de expresiones como &eacute;stas en el contexto colombiano. Por ello me alegra mucho la demanda de Iv&aacute;n Cepeda. Tambi&eacute;n por el hecho de que sea otro hombre el que haga ese reclamo, pese a que las mujeres ya hab&iacute;amos protestado contra ello. Esto tiene un efecto simb&oacute;lico importante en el pa&iacute;s, puesto que la masculinidad es un asunto entre hombres. Recuerdo que en alg&uacute;n momento entrevistaron a Florence Thomas, una reconocida feminita colombo-francesa, sobre el movimiento machista y un proyecto de ley para proteger a los hombres que Barreto quer&iacute;a tramitar en el Congreso. Al respecto yo ve&iacute;a dos cosas: primero, que situaban al movimiento feminista como la contraparte del movimiento machista. Una falsa oposici&oacute;n que siempre me ha irritado mucho. En segundo lugar, que las declaraciones de Florence no tuvieron ninguna recepci&oacute;n medi&aacute;tica, porque eran, una vez m&aacute;s, las palabras de una mujer feminista, es decir &lsquo;un poco loca&rsquo;, algo ya devaluado <i>per se.<\/i> El reclamo se escucha mejor de parte de Iv&aacute;n Cepeda. Si bien me molesta que siempre sea un asunto entre hombres, celebro que &eacute;l haya utilizado el privilegio masculino que tiene en la sociedad para hacerlo y que haya asumido el costo que implica en Colombia defender una causa que parece trivial.<\/p>\n<p><b>&iquest;C&oacute;mo interpretas el hecho de que estas afirmaciones y las de la Senadora Liliana Rend&oacute;n &ndash;quien justific&oacute; las agresiones contra una mujer por parte del ex director t&eacute;cnico de la selecci&oacute;n colombiana de f&uacute;tbol Hern&aacute;n Dar&iacute;o G&oacute;mez&ndash; se hayan dado en un contexto en el que parece cobrar mayor importancia la violencia contra las mujeres? <\/b><\/p>\n<p>Creo que, sin duda, estos dos aspectos, violencia contra las mujeres y reacciones masculinas frente a los cuestionamientos de la dominaci&oacute;n masculina, est&aacute;n relacionados. Como tambi&eacute;n lo est&aacute;n los femicidios de Ciudad Ju&aacute;rez y cierto empoderamiento que han adquirido las mujeres que trabajan en las maquiladoras. Las maquiladoras no son una actividad que en s&iacute; misma empodere a las mujeres, pero, de manera parad&oacute;jica, el capitalismo ofrece la posibilidad de que las mujeres se empleen y a trav&eacute;s de ello tengan cierta autonom&iacute;a econ&oacute;mica, permiti&eacute;ndoles ocupar lugares preeminentes en la sociedad y en sus hogares. Este nuevo lugar de las mujeres y la multiplicaci&oacute;n de empleos femeninos j&oacute;venes en esa ciudad despertaron muchas reacciones en los hombres. Los femicidios son un ejemplo extremo de estas reacciones masculinas a una redefinici&oacute;n, as&iacute; sea parcial, del orden de g&eacute;nero. Violencias como estas tienen lugar en contextos en los que se cuestiona la dominaci&oacute;n masculina y en los que se les da un espacio a los movimientos de emancipaci&oacute;n de las mujeres.<\/p>\n<p>Volviendo al contexto local, considero que declaraciones como las de Barreto son un ejemplo de los coletazos reaccionarios de muchos hombres contra el feminismo, aunque de maneras menos horrorosas. Revelan un temor masculino frente a unas mujeres que han cuestionado su poder. No son signos del poder masculino sino de su impotencia. Por ello adoptan formas tan represivas y violentas como las de &ldquo;darles duro como al ganado&rdquo;. Estas afirmaciones provocaron muchas risas socarronas en el pa&iacute;s. Son risas c&oacute;mplices. Lo que Barreto dice es visto como un exceso, pero es un exceso de algo que mucha gente piensa. De alguna manera, &eacute;l amplifica esos temores masculinos.<\/p>\n<p>Hace unos d&iacute;as di una conferencia en la Biblioteca Luis &Aacute;ngel Arango sobre los sentimientos amorosos en la segunda mitad del siglo XX. Al terminar, varios hombres me interpelaron dici&eacute;ndome: &ldquo;&iquest;d&oacute;nde est&aacute;n los hombres en sus escritos?&rdquo;, &ldquo;&iquest;por qu&eacute; no habla de c&oacute;mo las mujeres nos oprimen?&rdquo; &ldquo;&iquest;de c&oacute;mo las leyes por la equidad de g&eacute;nero terminan oprimiendo a los hombres?&rdquo;. Estas cuestiones forman parte del discurso de &lsquo;Beto&rsquo; Barreto, quien quiere hacer una defensa del honor masculino, porque, en su opini&oacute;n, los hombres se acabaron y est&aacute;n oprimidos por las mujeres. Son momentos en los que se expresan de manera muy fuerte contradicciones que ya estaban latentes en la sociedad.<\/p>\n<p>Pienso que algo similar ocurre con frases racistas como las del <a href=\"http:\/\/www.semana.com\/nacion\/diputado-antioqueno-ofrece-disculpas-polemicas-declaraciones\/176898-3.aspx\">ex diputado Rodrigo Mesa<\/a> y las del <a href=\"http:\/\/www.semana.com\/nacion\/merienda-negros-frase-puso-aprietos-concejal-duran\/181971-3.aspx\">concejal bogotano Jorge Dur&aacute;n Silva<\/a>. Me pregunto por qu&eacute; estas declaraciones fueron pronunciadas en un momento en el que aparece la ley contra la discriminaci&oacute;n. Por qu&eacute; hoy algunas personas tienen <i>lapsus<\/i> de este tipo, pero en voz alta. Lamentablemente, la primera reacci&oacute;n de muchas personas es decir: &ldquo;es una cuesti&oacute;n de forma&rdquo;, &ldquo;se le fue la mano&rdquo;, pero a mi modo de ver, lo que esos <i>lapsus<\/i> est&aacute;n expresando es la irritaci&oacute;n que le produce a muchas personas de la sociedad colombiana el cuestionamiento del orden socio-racial que hab&iacute;a imperado en nuestro pa&iacute;s hasta hace poco, es decir, dicen en voz alta lo que muchas de estas personas piensan.<\/p>\n<p><b>Hace un rato hablabas sobre la trivializaci&oacute;n de estas cuestiones. &iquest;Crees que declaraciones como &eacute;stas y como las del candidato republicano al Senado de Estados Unidos Todd Akin &ndash;que aboga por excluir la violaci&oacute;n de las permisivas de aborto argumentando que las mujeres violadas rara vez quedan embarazadas&ndash; evidencian una banalizaci&oacute;n de la violencia contra las mujeres?<\/b><\/p>\n<p>S&iacute;. Creo que esto puede verse en el marco de ciertas oscilaciones que hay en la historia de las relaciones de g&eacute;nero. Estamos en un momento m&aacute;s represivo que expansivo. Pienso en la d&eacute;cada de 1980, una d&eacute;cada que busc&oacute; regresar al orden de g&eacute;nero tradicional cuando a&uacute;n se sent&iacute;an coletazos fuertes de cambio en el mundo. En Colombia, por ejemplo, se llevaron a cabo el encuentro feminista de 1981 y la primera marcha de minor&iacute;as sexuales en 1982. Pero al mismo tiempo, es la d&eacute;cada de la pandemia del Sida y del p&aacute;nico moral, y es el momento de cerrar filas debido a los &lsquo;excesos&rsquo; de las d&eacute;cadas de 1960 y 1970.<\/p>\n<p>Habr&iacute;a que mirar declaraciones como la de Akin en perspectiva, algunos derechos que se han alcanzado en algunos pa&iacute;ses, como el de interrumpir voluntariamente un embarazo, son interpretados como si a las feministas se nos fue la mano. Por eso, hay que recordarles a las mujeres su lugar y hacer gala de un poder que se ha perdido banalizando la violencia sexual contra ellas. Avances en materia de parejas del mismo sexo como los de Argentina y el lugar que ocupa el &lsquo;matrimonio gay&rsquo; en la campa&ntilde;a presidencial de Estados Unidos se convierten en temas intensamente pol&iacute;ticos, polarizando posiciones en torno al orden de g&eacute;nero deseable.<\/p>\n<p>Podr&iacute;a pensarse que lo de &lsquo;Beto&rsquo; Barreto es banal, pero no lo es. Adem&aacute;s, la recepci&oacute;n medi&aacute;tica se ha encargado de convertirlo en un hecho pol&iacute;tico y con la demanda de Iv&aacute;n Cepeda, todo esto se politiz&oacute; a&uacute;n m&aacute;s. Estoy segura de que si una mujer hubiera entablado la misma demanda, mucha gente pensar&iacute;a: &ldquo;est&aacute; respirando por la herida&rdquo;. Las v&iacute;ctimas no tienen derecho a protestar contra la injusticia de la cual son objeto sin que su solicitud sea devaluada. Ese es otro privilegio de los dominantes: se&ntilde;alar la injusticia.<\/p>\n<p><b>&iquest;Estas oscilaciones de la historia se dan a escala global? <\/b><\/p>\n<p>Es probable, pero tambi&eacute;n es necesario considerar algunas cuestiones geopol&iacute;ticas. Algunos l&iacute;deres de ciertos pa&iacute;ses africanos se expresan de forma muy violenta contra la  homosexualidad, pero el debate sobre el tema no solo tiene visos de g&eacute;nero y sexualidad sino que tambi&eacute;n se ha enmarcado en toda una cuesti&oacute;n geopol&iacute;tica. Por una parte, desde lo que llamamos Occidente, se les ha tildado de pa&iacute;ses b&aacute;rbaros en una escala valorativa relacionada con sus posiciones frente a la homosexualidad, pero por otra parte, ellos se valen de una ret&oacute;rica antiimperialista en sus declaraciones. No quieren ser marionetas de Occidente, al que identifican con la defensa de los derechos de los gays, y ven la cuesti&oacute;n gay como algo ajeno a sus historias y sociedades. Este es un tema muy complejo, porque si bien estoy, por supuesto, en contra de esta violencia homof&oacute;bica y contra declaraciones como las de &lsquo;Beto&rsquo; Barreto, tambi&eacute;n lo estoy contra los comentarios naturalizantes que dicen que los africanos son b&aacute;rbaros salvajes y que &lsquo;Beto&rsquo; es un llanero machista. Esa es una comprensi&oacute;n culturalista seg&uacute;n la cual los llaneros son machistas, porque su cultura es machista, como si las culturas fueran siempre las mismas, congeladas en el tiempo. Lo de Barreto es una reacci&oacute;n amplificada pero contempor&aacute;nea de un hombre colombiano, en este caso llanero, frente a la nueva situaci&oacute;n de las relaciones de g&eacute;nero en el pa&iacute;s.<\/p>\n<p>En la pasada contienda electoral en los debates entre los candidatos Antanas Mockus y Felipe Arias, Arias combat&iacute;a a Mockus feminiz&aacute;ndolo, diciendo que si algo llegaba a molestarle, &eacute;l se bajar&iacute;a los pantalones para &ldquo;mostrar las nalguitas&rdquo; [en alusi&oacute;n al pol&eacute;mico gesto protagonizado por Mockus frente a un grupo de estudiantes que no le permit&iacute;an hablar cuando era rector de la Universidad Nacional]. Como sabemos, esta parte del cuerpo ocupa un lugar particular en los hombres, es un sitio abyecto de feminizaci&oacute;n. Enrique Pe&ntilde;alosa, que en aquel momento formaba parte del mismo partido pol&iacute;tico de Mockus, sali&oacute; a defenderlo diciendo que, de ser elegido, Mockus defender&iacute;a con firmeza y car&aacute;cter su programa, es decir, como un verdadero var&oacute;n. Este tipo de di&aacute;logos entre hombres son reveladores de la forma como se construye la masculinidad y de la importancia que sigue teniendo la &ldquo;verdadera masculinidad&rdquo; en la sociedad colombiana.<\/p>\n<p>Ahora, no puedo dejar de pensar que ese di&aacute;logo tiene que ver algo con el di&aacute;logo que se entabla entre Iv&aacute;n Cepeda y &lsquo;Beto&rsquo; Barreto, v&iacute;a la demanda, en donde Arias ser&iacute;a como el &lsquo;Beto&rsquo; Barreto, o el &lsquo;uribito&rsquo; recio [en alusi&oacute;n a &Aacute;lvaro Uribe V&eacute;lez, ex presidente de Colombia] y Cepeda ser&iacute;a como Mockus, descrito por Pe&ntilde;alosa, como el portador de los valores del hombre verdadero&hellip; Esto evidencia los valores de g&eacute;nero que orientan muchas posiciones pol&iacute;ticas.<\/p>\n<p><b>&iquest;Qu&eacute; opinas respecto a que movimientos similares, cr&iacute;ticos de lo que ellos llaman &ldquo;los excesos del feminismo&rdquo;, hayan surgido en pa&iacute;ses considerados liberales o progresistas frente a los derechos de las mujeres como Inglaterra, en donde se gest&oacute; uno de los primeros movimientos sufragistas femeninos? <\/b><\/p>\n<p>Esto que se&ntilde;alas (&ldquo;se les fue la mano&rdquo;, &ldquo;es un exceso&rdquo;) es exactamente lo que describ&iacute;a antes. Estos grupos constituyen un fen&oacute;meno de resaca que pretende frenar los logros adquiridos por las mujeres &ndash;garantizados en estos pa&iacute;ses por leyes, pol&iacute;ticas y programas sociales en distintos campos&ndash;. Expresan un sentimiento de p&eacute;rdida de poder de algunos hombres de estas sociedades y una reacci&oacute;n defensiva frente a esta experiencia de menoscabo. Y probablemente entre m&aacute;s se cuestionen los ordenamientos de g&eacute;nero m&aacute;s fuertes ser&aacute;n estas reacciones. Pero me gustar&iacute;a matizar algunas de las afirmaciones de libros como <i>El segundo sexismo<\/i> con el ejemplo de la educaci&oacute;n superior. Se habla mucho de que en los pa&iacute;ses industrializados existe un mayor n&uacute;mero de mujeres que de hombres en la universidad y que sus niveles de deserci&oacute;n son menores. Esto tambi&eacute;n es v&aacute;lido para Am&eacute;rica Latina y para Colombia. Pero cabe preguntarse <a href=\"http:\/\/www.clam.org.br\/es\/noticias-clam\/conteudo.asp?cod=7588\">en qu&eacute; lugares de la universidad est&aacute;n estas mujeres<\/a>. Las cifras de la Universidad Nacional, por ejemplo, muestran una mayor concentraci&oacute;n de mujeres en carreras como enfermer&iacute;a, nutrici&oacute;n, terapia ocupacional, trabajo social, todas vinculadas con las tareas de cuidado y asociadas a sus roles de g&eacute;nero y por eso mismo, devaluadas de antemano en la escala jer&aacute;rquica de las disciplinas. Hay muy pocas mujeres en ingenier&iacute;as y en ciencias. Al contrario de lo que parecen decir estos hombres masculinistas, creo que el ordenamiento de g&eacute;nero ha cambiado poco. Estas protestas frente a cambios que parecen espectaculares, como el n&uacute;mero de mujeres matriculadas en la educaci&oacute;n superior, son en realidad, reacciones excesivas frente a avances relativamente moderados. Es verdad que en Canad&aacute;, Sud&aacute;frica e Inglaterra ha habido avances, pero no son tantos ni tan profundos.<\/p>\n<p><b>Algunas personas se&ntilde;alan que las transformaciones operadas por el feminismo a nivel de las subjetividades han calado m&aacute;s en las mujeres que en los hombres, de ah&iacute; que exista una suerte de desfase entre unas y otros. &iquest;Crees que esto es cierto? <\/b><\/p>\n<p>Yo creo que s&iacute;, porque el ejercicio reflexivo sobre el g&eacute;nero, que ha estado menos presente en los hombres que en las mujeres, es transformador de las subjetividades. Parte del problema es que los hombres no se han sentido convocados por esos temas. Pero los hombres reflexivos en t&eacute;rminos de g&eacute;nero, que tambi&eacute;n los hay, se transforman. Sin embargo son pocos porque no tienen necesidad de ello. Las mujeres hemos hecho de la necesidad virtud. Hay necesidad de ser reflexivas para defenderse en este mundo, ordenado tal como est&aacute;. Cuando se ocupa el lugar del privilegio no es necesario cuestionar nada. Felizmente, hay unos cuantos hombres que no se sienten muy c&oacute;modos ocupando este lugar y hacen ese ejercicio reflexivo&hellip; y asumirlo no es cuesti&oacute;n de cuerpos, no importa que sean hombres o mujeres quienes lo hacen, lo importante es hacerlo.<\/p>\n<p>En mi generaci&oacute;n, el desfase que existe entre las mujeres que hemos estado en contacto con el feminismo y los hombres que no, es impresionante. Hay un hiato muy grande que tambi&eacute;n se expresa en los desencuentros en las relaciones amorosas y er&oacute;ticas, como seguramente tambi&eacute;n se manifiesta en los &iacute;ndices de separaciones conyugales y divorcios. Ahora hay muchas mujeres que piden el divorcio, porque son ellas las que se sienten mal con esa conyugalidad, y no ellos, que no quieren perder esos v&iacute;nculos pues les resultan protectores. Esto es as&iacute; porque no ha habido transformaciones en las subjetividades de los hombres de esta generaci&oacute;n.<\/p>\n<p>Sin embargo, tampoco considero que necesariamente los hombres m&aacute;s j&oacute;venes se hayan transformado m&aacute;s en estos aspectos. Ser&iacute;a iluso pensarlo, porque esa no es una cuesti&oacute;n biol&oacute;gica, no tiene que ver con la edad sino con la generaci&oacute;n, con las ideas que circulan y con la recepci&oacute;n de esas ideas. Los hombres que se han transformado, mayores o j&oacute;venes, constituyen una capa todav&iacute;a peque&ntilde;a de la sociedad colombiana.<\/p>\n<p><b>Teniendo en cuenta lo que has se&ntilde;alado sobre geopol&iacute;tica, violencia y masculinidad, &iquest;qu&eacute; lugar crees que ocupa la violencia en la construcci&oacute;n de masculinidades en Am&eacute;rica Latina? <\/b><\/p>\n<p>Esa es una pregunta grande, pero muy interesante. Yo creo que, infortunadamente, la violencia masculina ha ocupado un lugar casi podr&iacute;amos decir fundante en la historia latinoamericana. Nuestra historia est&aacute; hecha de procesos violentos protagonizados por hombres, como la Conquista y la Colonizaci&oacute;n. Y en lo que llamamos mestizaje colombiano deben haber existido muy pocas relaciones consentidas, y muchas mujeres ind&iacute;genas y afrodescendientes violadas. La historia del mestizaje no fue una historia feliz.<\/p>\n<p>En Colombia es dif&iacute;cil hablar de espacios y momentos en los que la violencia no haya estado presente, pese a que no quiero dar la idea de que desde la Guerra de los Mil d&iacute;as hasta nuestros d&iacute;as ha habido una l&iacute;nea continua de violencia. Trabajos como el de Daniel P&eacute;caut muestran que hubo un per&iacute;odo en la historia reciente, como de 10 a&ntilde;os de relativa calma, que se acab&oacute; por el narcotr&aacute;fico. Pero si miramos qui&eacute;nes son los narcotraficantes, encontraremos que muchos son hombres y que la subcultura que se crea en torno al narcotr&aacute;fico as&iacute; como su derivado, el sicariato, es masculina. Hay mujeres narcotraficantes y sicarias, ciertamente, pero ellas asumen y defienden comportamientos hipermasculinos.<\/p>\n<p>Infortunadamente, es dif&iacute;cil disociar la violencia de la masculinidad, tal como ha sido concebida y construida en Am&eacute;rica Latina. Y aunque siempre se han configurado espacios de resistencia, estos no han sido muy documentados ya que la historia oficial, el relato de nuestras identidades nacionales, los ha dejado de lado.<\/p>\n<p>Quisiera pensar m&aacute;s esta respuesta. Es un asunto que tiene muchos hilos para trenzar, algunos muy gruesos. Por ejemplo: &iquest;C&oacute;mo articular en esta violencia masculina el impacto de otros sistemas de dominaci&oacute;n distintos al g&eacute;nero? Una mirada interseccional e hist&oacute;rica puede ayudar a pensar mejor eso de la violencia en la construcci&oacute;n de masculinidades en Am&eacute;rica Latina. Si rastreamos por ejemplo los efectos de larga duraci&oacute;n de la Colonizaci&oacute;n en las construcciones de las identidades masculinas debemos comenzar por identificar distintos grupos de hombres en este proceso porque en &eacute;l tambi&eacute;n hay luchas entre hombres, hay unos dominantes y otros que est&aacute;n en posiciones dominadas. En esta historia colonial, los dominados fueron los hombres de los grupos ind&iacute;genas y afrodescendientes esclavizados, pero dentro de los grupos ind&iacute;genas y afrodescendientes tambi&eacute;n hay heterogeneidad y las relaciones entre unos y otros no han sido siempre las mismas. La violencia ha estado presente en estas relaciones, pero de maneras diversa. Mientras iba contestando tu pregunta se iba complejizando mi respuesta. Por eso creo que una respuesta a esta pregunta amerita una reflexi&oacute;n m&aacute;s profunda.<\/p>\n<p><b>En algunos de tus escritos se&ntilde;alas que si bien el llamado &lsquo;machismo latinoamericano&rsquo; ha sido empleado para esencializar a determinados grupos, la violencia parece indisociable de la construcci&oacute;n de masculinidades en Am&eacute;rica Latina&hellip;<\/b><\/p>\n<p>As&iacute; es&hellip; los estudios realizados en Am&eacute;rica Latina, entre ellos los m&iacute;os, muestran que la violencia est&aacute; presente en las masculinidades hegem&oacute;nicas, pero tambi&eacute;n en las masculinidades subordinadas por razones de clase, etnicidad o raza. Es cierto que muchos hombres dominados se han sentido despojados de su humanidad por la supremac&iacute;a de los hombres blancos, ricos y heterosexuales, pero tambi&eacute;n es cierto que muchos hombres dominados han llegado a creer que el fortalecimiento de la masculinidad y la autoridad masculina sobre las mujeres son parte esencial de su emancipaci&oacute;n. En muchos relatos de luchas pol&iacute;ticas latinoamericanas, como en el de la revoluci&oacute;n mexicana y en las descripciones de sus caudillos se entrelazan las referencias al orgullo viril y a la agresividad sexual con las acciones pol&iacute;ticas, como si &eacute;stas necesitaran apelar al orgullo masculino para poder triunfar. En ese sentido me pregunto: &iquest;Por qu&eacute; no anclar esa posibilidad de lucha en otro lugar?<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Organizaciones masculinistas que afirman proteger a los hombres de los excesos del feminismo banalizan la violencia contra las mujeres. 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