{"id":1440,"date":"2013-01-30T00:00:00","date_gmt":"2013-01-30T02:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/clam.fw2web.com.br\/es\/2013\/01\/30\/en-los-margenes-del-ambiente\/"},"modified":"2013-01-30T00:00:00","modified_gmt":"2013-01-30T02:00:00","slug":"en-los-margenes-del-ambiente","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/clam.org.br\/es\/entrevistas\/en-los-margenes-del-ambiente\/1440\/","title":{"rendered":"En los m\u00e1rgenes del ambiente"},"content":{"rendered":"<p>En el mundo occidental la identidad gay y la cultura &lsquo;de ambiente&rsquo; (como es llamada en Hispanoam&eacute;rica) han jugado un papel central en las luchas por los derechos de las personas LGBT y en las reflexiones acad&eacute;micas sobre socializaci&oacute;n, pr&aacute;cticas pol&iacute;ticas, art&iacute;sticas y culturales de disidencia sexual. No obstante, el uso de estas categor&iacute;as con frecuencia ha conllevado una suerte de esencialismo cultural de los sujetos cobijados por este acr&oacute;nimo, aunque no se identifiquen con &eacute;l; formas hegem&oacute;nicas de representaci&oacute;n tanto de los sujetos como de los espacios en los que transcurre su vida cotidiana; y relaciones de poder entre quienes encarnan modos de vida que se enmarcan en las pol&iacute;ticas identitarias y de la visibilidad gay y quienes no se ajustan a ellas.<\/p>\n<p>Ya sean aquellos <a href=\"http:\/\/www.clam.org.br\/publique\/cgi\/cgilua.exe\/sys\/start.htm?infoid=9063&amp;sid=51\">&ldquo;&uacute;ltimos homosexuales&rdquo;<\/a> de los que habla Ernesto Meccia, cuya socializaci&oacute;n transcurri&oacute; en un contexto marcado por la represi&oacute;n y la clandestinidad y para quienes la &ldquo;gaycidad&rdquo; represent&oacute; la ganancia de tener algunos derechos respetados, pero tambi&eacute;n el fin de su mundo; o aquellos para quienes, como explica el antrop&oacute;logo Sigifredo Leal Guerrero, el intercambio sexual con otros hombres no deriva en una visi&oacute;n particular de mundo, ni de posturas pol&iacute;ticas, acad&eacute;micas o modos de socializaci&oacute;n compartidos; la lista de quienes impugnan estos modos de identificarse, a pesar de que en ocasiones acudan a ellos, es extensa y heterog&eacute;nea.<\/p>\n<p><img decoding=\"async\" width=\"134\" vspace=\"5\" hspace=\"5\" height=\"134\" align=\"left\" alt=\"\" src=\"\/uploads\/imagem\/pampa_y_chat.jpg\" \/>En <i>La pampa y el chat: aphrodisia, imagen e identidad entre hombres de Buenos Aires que se buscan y encuentran medianteinternet<\/i> (Buenos Aires, Antropofagia, 2011) Leal Guerrero analiza <i>&ldquo;los sentidos construidos por fuera de los marcos de interpretaci&oacute;n hegem&oacute;nicos elaborados por, y a prop&oacute;sito de, los hombres que persiguen el intercambio de placeres sexuales con otros hombres&rdquo; <\/i> (:40). Para tal fin, llev&oacute; a cabo una etnograf&iacute;a en lugares ubicados en los &ldquo;m&aacute;rgenes del ambiente&rdquo;, entre ellos dos portales web, <i>&ldquo;en los cuales la vida social se articula alrededor de la exploraci&oacute;n er&oacute;tica dependiente de la producci&oacute;n [&hellip;], exposici&oacute;n y\/o contemplaci&oacute;n de im&aacute;genes asociadas a los concurrentes&rdquo;<\/i> (:70).<\/p>\n<p>Contrario a lo se&ntilde;alado por otras investigaciones que le otorgan a la cultura gay un estatus articulador de la vida social de los varones que buscan el placer er&oacute;tico con otros hombres, Leal Guerrero enfatiza la diversidad generacional, social, econ&oacute;mica y pol&iacute;tica de los individuos que hicieron parte de su investigaci&oacute;n y concluye que <i>&ldquo;no es posible hablar del desarrollo de un perfil com&uacute;n o de una cultura derivada de la sociabilidad a la que dan lugar sus b&uacute;squedas de placer homoer&oacute;tico&rdquo;<\/i> (:125). Esto no equivale a afirmar que entre ellos no existan <i>&ldquo;elementos idiosincr&aacute;ticos comunes&rdquo;, <\/i> aclara, <i>&ldquo;en tanto miembros de la comunidad de ocasi&oacute;n que conforman&rdquo;.<\/i> Empero, tales rasgos tampoco denotan una <i>&ldquo;apropiaci&oacute;n uniforme [&hellip;] de una<\/i> Gay culture <i>bien diferenciada y discreta&rdquo;<\/i> (:125), pues en los m&aacute;rgenes del ambiente las clasificaciones identitarias a las que se refieren activistas e investigadores sociales son ostensiblemente fr&aacute;giles y contingentes.<\/p>\n<p>En su lugar, otros elementos como el ejercicio de las <i>aphrodisia<\/i> y una econom&iacute;a visual compartida, en el caso de los portales web, organizan los derroteros que estos hombres emprenden y los intercambios que realizan entre s&iacute;. El primer elemento da cuenta de las formas de interacci&oacute;n sexual en las que no existe contacto f&iacute;sico, as&iacute; como de la variedad de pr&aacute;cticas no genitales llevadas a cabo entre estos hombres, donde el intercambio verbal o de fotograf&iacute;as &ldquo;propias&rdquo; configura pr&aacute;cticas como los juegos de seducci&oacute;n que la jerga contempor&aacute;nea rioplatense denomina <i>&lsquo;histeriqueo&rsquo;<\/i> (que consiste en prolongar el cortejo &ldquo;virtual&rdquo; indefinidamente, evitando &ldquo;concretar&rdquo; un encuentro &ldquo;real&rdquo;). El segundo elemento se refiere al circuito en el que se producen, distribuyen y apropian dichas im&aacute;genes, las cuales, explica Leal Guerrero, adquieren un doble valor: el de mercanc&iacute;a-dinero que les permite a los sujetos incorporarse en dicho circuito como agentes y emplearlas como medio de pago, y el est&eacute;tico, pues son objetos de contemplaci&oacute;n y de evocaci&oacute;n de encuentros pasados.<\/p>\n<p>En entrevista con el CLAM, Leal Guerrero, que actualmente cursa su doctorado en el Instituto de Etnolog&iacute;a de la Universidad de Fr&aacute;ncfort y trabaja sobre las representaciones visuales y narrativas de la masacre conocida como &ldquo;El Holocausto del Palacio de Justicia&rdquo; (Colombia, 1985),  destaca el lugar de la identidad y la cultura gay en las luchas sexo-pol&iacute;ticas en Am&eacute;rica Latina, los modos hegem&oacute;nicos de representar a los varones en estas luchas y sus efectos en los &aacute;mbitos del activismo y la academia.<\/p>\n<p><b>En su libro se&ntilde;ala que las investigaciones sobre &ldquo;hombres que persiguen el intercambio sexual con otros hombres&rdquo; se han concentrado en los sujetos con trayectorias acad&eacute;micas y pol&iacute;ticas abiertamente asociadas al ambiente y los &aacute;mbitos relacionados a &eacute;l, dejando de lado lo que usted denomina los &ldquo;m&aacute;rgenes del ambiente&rdquo;. En su opini&oacute;n, &iquest;a partir de qu&eacute; elementos se estructura actualmente el centro y la periferia del ambiente? &iquest;Cu&aacute;les son sus implicaciones en la producci&oacute;n de conocimiento sobre lo que usted denomina &ldquo;hombres que persiguen entre s&iacute; el ejercicio de las aphrodisia&rdquo;, en la forma de representarlos y en el activismo sexual?<\/b><\/p>\n<p>Pienso que lo que puede denominarse &ldquo;centro del ambiente&rdquo; est&aacute; constituido por la vida social y las relaciones cultivadas en<img decoding=\"async\" width=\"200\" hspace=\"5\" height=\"171\" align=\"right\" src=\"\/uploads\/imagem\/SLealGinterior.jpg\" alt=\"\" \/> espacios donde la gente hace p&uacute;blicamente cosas que suele considerar consecuencia l&oacute;gica, &lsquo;natural&rsquo; de su inclinaci&oacute;n a intercambiar placeres er&oacute;ticos con otros de su mismo sexo. Las investigaciones, la prensa y la publicidad muestran que esos espacios son enormemente variados. Incluyen los hist&oacute;ricamente asociados al universo homosexual global &ndash;grupos de activismo, bares, saunas, etc&eacute;tera&ndash;, y los derivados de la apropiaci&oacute;n de formas de socializaci&oacute;n tradicionales locales, como las milongas en la Argentina, los &ldquo;reinados folcl&oacute;ricos&rdquo; en algunas regiones de Colombia, o las cervecer&iacute;as en Alemania. Por otro lado est&aacute; la periferia, conformada por quienes opinamos que desarrollar parte de nuestra vida en sitios asociados a ese centro o declarar p&uacute;blicamente nuestras preferencias er&oacute;ticas no son consecuencias l&oacute;gicas ni &lsquo;naturales&rsquo; de nuestras b&uacute;squedas del placer er&oacute;tico, de modo que en nuestra cotidianidad no frecuentamos esos lugares ni hacemos tales declaraciones.<\/p>\n<p>Como usted dice, opino que la vida social construida en esos m&aacute;rgenes que yo mismo habito est&aacute; subinvestigada. Dado que desde &ldquo;la vuelta a casa&rdquo; de la antropolog&iacute;a la gente casi siempre investiga lo que conoce y buena parte de los colegas que analizan estos temas habita el centro del ambiente, el sesgo resulta normal, pero sus resultados son lamentables desde el punto de vista cient&iacute;fico. Primero porque por ahora en los estudios sobre sexualidades tenemos un panorama incompleto, &ldquo;GLT-c&eacute;ntrico&rdquo;, que no refleja la diversidad de esa dimensi&oacute;n de la realidad. Segundo porque el sesgo suele instalar el silenciamiento de quienes habitamos la periferia. Como dir&iacute;a el Edward Said de <i>Orientalismo,<\/i> se habla <i>de<\/i> nosotros desde el centro del ambiente pero no se nos deja hablar. Es decir que se habla <i>por<\/i> nosotros, y as&iacute; se construyen representaciones que generalmente reflejan m&aacute;s los juegos de prejuicios que circulan en el centro que la realidad emp&iacute;rica de la periferia. Ese fen&oacute;meno se expresa entre muchos activistas y algunos activistas-investigadores en el rechazo y la descalificaci&oacute;n <i>a priori<\/i> de las opiniones pol&iacute;ticas o acad&eacute;micas &ndash;si es que la separaci&oacute;n es posible&ndash; de quienes habitamos los m&aacute;rgenes, y nuestra consecuente expulsi&oacute;n de la comunidad de interlocutores o aliados pol&iacute;ticos leg&iacute;timos. Es decir que son desplegadas ciertas formas de violencia, que a su vez se diversifican y recrudecen si el sujeto en cuesti&oacute;n se posiciona como bisexual&#8230; Y todo esto en el contexto de una gran tensi&oacute;n er&oacute;tica, porque las representaciones sectarias de nosotros como machistas suelen producir situaciones en las que entre los homosexualistas pol&iacute;ticamente correctos el repudio se pelea el terreno con el deseo, de modo que el valor que se le niega a uno como interlocutor se le concede de sobra como objeto deseado, y mientras por un lado lo descalifican por otro lo cortejan.<\/p>\n<p><b>Usted discute, entonces, que la vida social de los &ldquo;hombres que tienen sexo con hombres&rdquo; se articule en torno a una <i>Gay culture,<\/i> de la que deriva una identidad gay. En su lugar se&ntilde;ala que el ejercicio de las aphrodisia es un elemento central en la vida social de estos hombres. &iquest;Qu&eacute; conlleva este desplazamiento en su abordaje? <\/b><\/p>\n<p>Ese desplazamiento, como usted lo llama, puede servir para ampliar el panorama fragmentario del que acabo de hablar, investigando sobre la vida de gente a la que hasta ahora los estudios sobre homosexualidades le han prestado poca atenci&oacute;n. Y en este terreno mi apuesta es por la etnograf&iacute;a, primero porque es cient&iacute;ficamente necesario relevar la perspectiva del actor en el caso de gente que no ha sido tradicionalmente tenida en cuenta por los investigadores. Segundo porque hacerlo puede servir para combatir las formas de violencia epistemol&oacute;gica, simb&oacute;lica y de otros tipos de las que ya habl&eacute;. Ese ser&iacute;a un gran servicio prestado por la etnograf&iacute;a a la democracia, porque si la gente se toma la b&uacute;squeda de la perspectiva del actor en serio cuando investiga, o pone en suspenso sus prejuicios de progre cuando lee investigaciones sobre la periferia del ambiente e intenta comprender esos modos de vivir que muchas veces desconoce, casi seguro ampliar&aacute; su panorama pol&iacute;tico e intelectual. Sin esa ampliaci&oacute;n de &ldquo;la cabeza&rdquo; es imposible combatir exitosamente las formas de violencia que hacen blanco cotidianamente en quienes nos negamos a sacar las conclusiones que muchos activistas y algunos activistas-investigadores consideran &ldquo;l&oacute;gicas y naturales&rdquo; de nuestro gusto por intercambiar placeres homoer&oacute;ticos. Entonces a la larga el desplazamiento que propongo podr&iacute;a ayudar a desmontar la &ldquo;polic&iacute;a pol&iacute;tica&rdquo; que vigila, censura y exilia casi siempre desde el centro del ambiente.<\/p>\n<p><b>Pese a la diversidad de formas de ejercer las aphrodisia, pr&aacute;cticas como el &ldquo;histeriqueo&rdquo; han sido relegadas en las investigaciones sociales sobre sexualidad. &iquest;A qu&eacute; atribuye esto? &iquest;Cree que se debe a que no fundan una subjetividad basada en la problematizaci&oacute;n pol&iacute;tica de la identidad como suele ser empleada por el activismo LGBT?<\/b><\/p>\n<p>Creo que el histeriqueo y las diversas formas en las que actualmente se ejercen las aphrodisia no pueden ser calificados a secas como fundantes o no-fundantes de una subjetividad basada en la problematizaci&oacute;n pol&iacute;tica de la identidad, porque el panorama internacional al respecto es diverso. Por ejemplo, aunque en ciertos grupos sociales lo que uno haga con su cuerpo actualmente no siempre lo lleva a problematizar pol&iacute;ticamente su identidad, en otros donde la sanci&oacute;n legal o de hecho del homoerotismo sigue vigente, esa problematizaci&oacute;n puede estar a la vuelta de la esquina. En relaci&oacute;n con su pregunta creo que el relegamiento de esas pr&aacute;cticas como problemas de investigaci&oacute;n depende primero de la historia de los estudios sobre sexualidades, &iacute;ntimamente ligada a los campos de la salud reproductiva y la epidemiolog&iacute;a, y segundo del peso que la lucha por los derechos democr&aacute;ticos ha jugado en la historia de los movimientos LGBT. Un tercer factor son las condiciones de financiaci&oacute;n, que refuerzan esas &ldquo;vocaciones hist&oacute;ricas&rdquo; porque siempre es mucho m&aacute;s f&aacute;cil obtener recursos por ejemplo para investigar sobre el VIH-Sida o la situaci&oacute;n de la gente en cuanto al ejercicio de sus derechos, que para hacerlo sobre las formas en las que el placer er&oacute;tico es buscado y encontrado. No digo que esa asignaci&oacute;n diferencial de recursos sea negativa en s&iacute; misma, porque visto que los asuntos relacionados con la salud y los derechos democr&aacute;ticos son a veces, literalmente, &lsquo;de vida o muerte&rsquo;, es coherente que tengan prioridad frente a otros temas que aunque son intelectualmente interesantes a la larga podr&iacute;an considerarse casi &lsquo;de lujo&rsquo;. Sin embargo debo decir que algunos fondos para investigar estos temas se necesitan con urgencia, porque de lo contrario seguiremos dependiendo de &lsquo;tesistas rebeldes&rsquo; &ndash;que son pocos.<\/p>\n<p><b>&iquest;Qu&eacute; lugar ha tenido la reivindicaci&oacute;n de la identidad y la cultura gay en el activismo sexual en Am&eacute;rica Latina? &iquest;Qu&eacute; sentido tiene en la actualidad? &iquest;C&oacute;mo se imagina un activismo anclado en un elemento efectivamente compartido &ndash;como las aphrodisia&ndash; que al mismo tiempo d&eacute; cuenta de la diversidad de los sujetos que representa? <\/b><\/p>\n<p>La reivindicaci&oacute;n de las diversas identidades y subculturas gay ha sido y sigue siendo fundamental para la ampliaci&oacute;n del espacio democr&aacute;tico en Latinoam&eacute;rica y el mundo. Pero no veo en eso mayor o menor m&eacute;rito que en otras luchas democr&aacute;ticas como aquellas por los derechos a sindicalizarse y hacer huelga, a abortar, o a decidir cu&aacute;ndo y c&oacute;mo morir. En la medida en que las libertades conquistadas mediante la movilizaci&oacute;n y el activismo sexo-pol&iacute;ticos han instaurado condiciones que aunque todav&iacute;a incompletas sustentan parte de mis posibilidades de expresi&oacute;n, me identifico con esas luchas y con nuestras tareas pendientes, pero tanto como lo hago por ejemplo con las luchas por la educaci&oacute;n libre y gratuita o contra la xenofobia, que dicho sea de paso vuelve a ponerse de moda incluso en Latinoam&eacute;rica. Por eso no imagino un activismo anclado en el homoerotismo, que junta gente con intereses pol&iacute;ticos y de clase diversos e incluso contrapuestos, y en consecuencia no puede constituirse por s&iacute; mismo en soporte de v&iacute;nculos pol&iacute;ticos. Veo que los intereses articuladores est&aacute;n en otra parte, por ejemplo en el plano democr&aacute;tico, en la necesidad de conquistar espacios m&aacute;s amplios para que la gente pueda decidir qu&eacute; hace con su cuerpo no s&oacute;lo en el terreno sexual, c&oacute;mo construye su identidad, qu&eacute; tipo de familia establece, en s&iacute;ntesis qu&eacute; tipo de persona quiere ser. Esa lucha reclama, claro, confrontar a la gente que cree tener la autoridad para definir desde el activismo sexo-pol&iacute;tico o la academia cu&aacute;les son los modos correctos y los incorrectos de existir, que imagina que su actividad pol&iacute;tica o sus t&iacute;tulos profesionales le dan el derecho a pontificar sobre la vida de los dem&aacute;s.<\/p>\n<p><b>Otro elemento central en su an&aacute;lisis de los espacios antropol&oacute;gicos frecuentados por estos hombres son las im&aacute;genes producidas, distribuidas y apropiadas en portales web, las cuales, seg&uacute;n afirma, forman parte de una econom&iacute;a visual que organiza su vida social. &iquest;Podr&iacute;a hablar un poco sobre el funcionamiento de esta econom&iacute;a visual? &iquest;Ella no guardar&iacute;a una estrecha relaci&oacute;n con la <i>Gay culture<\/i> respecto a los modos de representar el homoerotismo y a los varones que persiguen el intercambio sexual con otros hombres? <\/b><\/p>\n<p>Hay un aspecto de ese an&aacute;lisis sobre la econom&iacute;a visual y el contexto en el que funciona que quiz&aacute; est&aacute; d&eacute;bilmente planteado en el libro: el de que no es casual que la b&uacute;squeda de placeres homoer&oacute;ticos est&eacute; organizada en muchos terrenos, no solamente en internet, como un mercado en el que se intercambian bienes inmateriales (placeres, representaciones, compa&ntilde;&iacute;a, atenci&oacute;n) o materiales (dinero, objetos, fluidos corporales), y se acumulan experiencias, estatus y amantes. Pienso, y esta idea no es m&iacute;a sino que ya Marshal Sahlins la plante&oacute; hablando de las moralidades en general, que esa organizaci&oacute;n econ&oacute;mica de las b&uacute;squedas del placer er&oacute;tico e incluso del amor es coherente con la moralidad que atraviesa de punta a punta a las sociedades organizadas bajo el sistema capitalista de producci&oacute;n: la del c&aacute;lculo costo-beneficio y el incremento del estatus mediante la acumulaci&oacute;n. A la larga uno podr&iacute;a ir m&aacute;s atr&aacute;s del planteo de Sahlins y decir con todas las letras que ese asunto de la penetraci&oacute;n capilar del sistema de valores de la econom&iacute;a capitalista en las relaciones interpersonales ya fue abordado por Marx en el siglo XIX, y que el fen&oacute;meno del que doy cuenta en <i>La Pampa y el Chat<\/i> constituye un ejemplo de la vigencia de esa vieja observaci&oacute;n. Ahora bien, si lo segundo que me pregunta es si opino que las im&aacute;genes que circulan en esa econom&iacute;a visual provienen de la llamada &ldquo;cultura gay&rdquo;, me da pie para insistir en que veo que es al rev&eacute;s, porque es en la amplia cultura de las sociedades que investigamos (incluida la pornograf&iacute;a de todos los g&eacute;neros), donde debemos buscar la fuente de los juicios que sustentan nuestras preferencias er&oacute;ticas y nuestros modos de presentarnos cuando buscamos gente para intercambiar placeres. Es decir que no me cabe en la cabeza que si por ejemplo muchos deseamos sexualmente a personas con cuerpos atl&eacute;ticos sea porque lo aprendimos de alg&uacute;n repertorio aislado de ideas llamado &ldquo;cultura gay&rdquo; o &ldquo;cultura heterosexual&rdquo;. Es al contrario: el contenido de esas subculturas proviene en buena medida de la m&aacute;s amplia cultura de las sociedades en las que se desarrollan, y si en ellas hay elementos transnacionales no es s&oacute;lo por la difusi&oacute;n que propician los viajes y la industria cultural y del entretenimiento, sino tambi&eacute;n porque en las llamadas sociedades occidentales hay enormidad de elementos transnacionales, como el culto contempor&aacute;neo del cuerpo atl&eacute;tico, la hipervisualizaci&oacute;n de la vida cotidiana, o una tendencia m&aacute;s fuerte que en el pasado a separar las relaciones er&oacute;ticas de los v&iacute;nculos amorosos.<\/p>\n<p><b>Usted afirma que en esta econom&iacute;a visual tambi&eacute;n existen ricos y pobres y que los atributos f&iacute;sicos tienen valores asignados dentro de esa econom&iacute;a. &iquest;C&oacute;mo se posicionan los varones involucrados en este intercambio sexual frente al modelo deseable de masculinidad producido, distribuido y apropiado a trav&eacute;s de esta l&oacute;gica? &iquest;Lo cuestionan? <\/b><\/p>\n<p>En primer lugar d&eacute;jeme recordarle que no hablo de un solo modelo de masculinidad deseable entre los protagonistas de la investigaci&oacute;n que dio lugar a <i>La Pampa y el Chat,<\/i> sino de muchos entre los que se encuentran por ejemplo los osos, los <i>twinks,<\/i> los papis, los de cuerpo de gimnasio, los de cuerpo atl&eacute;tico &ndash;que son distintos a los de gimnasio&ndash;, los <i>pibes<\/i> de barrio, y un largo etc&eacute;tera. En el marco de esa diversidad todos los modelos de masculinidad est&aacute;n cuestionados desde un punto u otro del espectro de gente que busca placeres homoer&oacute;ticos, algunos por razones est&eacute;ticas-visuales, otros por valoraciones relacionadas con la edad o la clase social, y uno podr&iacute;a seguir tirando la cuerda y enumerar infinidad de motivos. Claro, existen modelos de masculinidad y tipos de cuerpo m&aacute;s deseados que otros y esas diferencias de estatus condicionan, como usted lo ha dicho, las posibilidades que tiene cada quien para participar del mercado en el que se ofrecen y demandan placeres er&oacute;ticos, y tienden a delimitar el repertorio de t&aacute;cticas a las que puede apelar alguien para insertarse de la mejor de las maneras posibles en ese mercado: hacer ejercicio, tomarse &ldquo;buenas&rdquo; fotos, ser simp&aacute;tico, limitar sus pretensiones a cierto tipo de sujetos, ofrecer compensaciones materiales, etc&eacute;tera. Pero hay que decirlo: en ese &ldquo;r&iacute;o revuelto&rdquo;, tarde o temprano cada quien pesca algo al menos en lo que al intercambio de placeres homoer&oacute;ticos se trata. Lo que resulta m&aacute;s dif&iacute;cil es establecer relaciones amorosas, y eso da lugar a las saudades a las que me refer&iacute; al final del segundo cap&iacute;tulo de <i>La Pampa y el Chat,<\/i> pero esa es una dificultad que al menos en Buenos Aires, Bogot&aacute; o Berl&iacute;n no me parece exclusiva de los hombres que ejercen las aphrodisia con otros hombres. Hoy d&iacute;a el amor heterosexual tambi&eacute;n es un bien esquivo.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La identidad y la cultura gay han sido fundamentales para el reconocimiento de derechos, pero su reivindicaci\u00f3n ha configurado tambi\u00e9n una nueva \u2018correcci\u00f3n\u2019 que regula la visibilidad del homoerotismo. En entrevista con el CLAM, Sigifredo Leal Guerrero, autor de La Pampa y el Chat, habla sobre su etnograf\u00eda con varones cuya voz ha sido poco escuchada por activistas y estudiosos de la pol\u00edtica sexu<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":1441,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"site-sidebar-layout":"default","site-content-layout":"default","ast-global-header-display":"","ast-main-header-display":"","ast-hfb-above-header-display":"","ast-hfb-below-header-display":"","ast-hfb-mobile-header-display":"","site-post-title":"","ast-breadcrumbs-content":"","ast-featured-img":"","footer-sml-layout":"","theme-transparent-header-meta":"","adv-header-id-meta":"","stick-header-meta":"","header-above-stick-meta":"","header-main-stick-meta":"","header-below-stick-meta":"","_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":""},"categories":[8],"tags":[],"class_list":["post-1440","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-entrevistas"],"acf":[],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v26.1.1 - https:\/\/yoast.com\/wordpress\/plugins\/seo\/ -->\n<title>En los m\u00e1rgenes del ambiente - CLAM - ES<\/title>\n<meta name=\"robots\" content=\"index, follow, max-snippet:-1, max-image-preview:large, max-video-preview:-1\" \/>\n<link rel=\"canonical\" href=\"https:\/\/clam.org.br\/es\/entrevistas\/en-los-margenes-del-ambiente\/1440\/\" \/>\n<meta property=\"og:locale\" content=\"es_ES\" \/>\n<meta property=\"og:type\" content=\"article\" \/>\n<meta property=\"og:title\" content=\"En los m\u00e1rgenes del ambiente - CLAM - ES\" \/>\n<meta property=\"og:description\" content=\"La identidad y la cultura gay han sido fundamentales para el reconocimiento de derechos, pero su reivindicaci\u00f3n ha configurado tambi\u00e9n una nueva \u2018correcci\u00f3n\u2019 que regula la visibilidad del homoerotismo. 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