{"id":854,"date":"2012-11-21T00:00:00","date_gmt":"2012-11-21T02:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/clam.org.br\/es\/2012\/11\/21\/defensa-en-peligro\/"},"modified":"2012-11-21T00:00:00","modified_gmt":"2012-11-21T02:00:00","slug":"defensa-en-peligro","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/clam.org.br\/es\/noticias-clam\/defensa-en-peligro\/854\/","title":{"rendered":"Defensa en peligro"},"content":{"rendered":"<p>Las agresiones contra las personas y organizaciones defensoras de los derechos de las mujeres trascienden el &aacute;mbito individual en el que ocurren y se conectan con formas de opresi&oacute;n sistem&aacute;ticas y estructurales relacionadas tanto con el g&eacute;nero de las activistas como con su trabajo. Lo constata el <i><a href=\"http:\/\/www.defendingwomen-defendingrights.org\/pdf\/WHRD_IC_Global%20Report_2012.pdf\">Global Report on the Situation of Women Human Rights Defender (2012)<\/a>,<\/i> una iniciativa de la Women Human Rights Defenders International Coalition &ndash; WHRDIC (Coalici&oacute;n Internacional de las Defensoras de los Derechos de las Mujeres), que mediante el estudio de 43 casos de violencia contra activistas ocurridos en diferentes pa&iacute;ses del mundo busca proporcionar herramientas anal&iacute;ticas que permitan enfrentar mejor estas situaciones.<\/p>\n<p>El documento identifica cinco fen&oacute;menos clave que definen los contextos en los que se presentan estas violencias: fundamentalismos, militarizaci&oacute;n y situaciones de conflicto, globalizaci&oacute;n, crisis de la democracia o de la gobernanza y heteronormatividad. Estos fen&oacute;menos movilizan ideolog&iacute;as y discursos que justifican y refuerzan restricciones, pr&aacute;cticas y estructuras discriminatorias de &iacute;ndole social, econ&oacute;mica y pol&iacute;tica contra las mujeres y las defensoras de sus derechos.<\/p>\n<p>En los casos latinoamericanos, su recurrencia muestra que en esta regi&oacute;n la violencia contra las defensoras de los derechos de las mujeres se enmarca principalmente, aunque no de manera exclusiva, en cuatro de los cinco fen&oacute;menos se&ntilde;alados: la  militarizaci&oacute;n y situaciones de conflicto, globalizaci&oacute;n, crisis de la democracia y heteronormatividad. Los fundamentalismos, aunque presentes bajo distintas formas, no adquieren un papel tan predominante como los otros.<\/p>\n<p>Al respecto, el informe aclara que los fundamentalismos no s&oacute;lo tienen lugar en los Estados religiosos o teocr&aacute;ticos, sino tambi&eacute;n en Estados seculares en los que se observa un incremento general del conservadurismo marcado por el despliegue de discursos religiosos, &eacute;tnicos, culturales o nacionalistas a partir de los cuales determinados agentes concentran poder pol&iacute;tico y legitimidad. Ellos excluyen cualquier posibilidad de disenso al definir modos puros y aut&eacute;nticos de vivir la religi&oacute;n, la cultura y determinados valores sociales en oposici&oacute;n a otros que se desv&iacute;an de estos preceptos y que &lsquo;deben&rsquo; ser castigados. Esta definici&oacute;n permite no s&oacute;lo desatar el lazo que asocia un&iacute;vocamente el fundamentalismo con los pa&iacute;ses musulmanes, sino tambi&eacute;n incluir a otros que los han etiquetado de este modo para justificar su invasi&oacute;n y favorecer intereses econ&oacute;micos y pol&iacute;ticos, como Estados Unidos, en donde m&eacute;dicos y prestadores de servicios de aborto legal han sido objeto sistem&aacute;tico de acoso, agresiones f&iacute;sicas e incluso asesinatos por parte de grupos radicales &lsquo;pro-vida&rsquo;.<\/p>\n<p>La informaci&oacute;n suministrada por el informe se&ntilde;ala a Colombia y M&eacute;xico como los pa&iacute;ses de la regi&oacute;n donde la situaci&oacute;n de las\/os defensoras\/es de los derechos de las mujeres es m&aacute;s cr&iacute;tica. En ambos pa&iacute;ses se yuxtaponen de forma compleja la militarizaci&oacute;n, la globalizaci&oacute;n, la crisis democr&aacute;tica y la heteronormatividad, lo que suele derivar en formas sutiles y brutales de violencia contra las mujeres y contra quienes defienden sus derechos. Otros pa&iacute;ses que reportan complejas situaciones son Guatemala y Honduras, en donde la mercantilizaci&oacute;n de la tierra, los recursos naturales y los derechos definida por las pol&iacute;ticas neoliberales amenaza no s&oacute;lo el territorio de grupos ind&iacute;genas y el acceso a derechos como la educaci&oacute;n por parte de la poblaci&oacute;n en general, sino tambi&eacute;n a organizaciones feministas y mujeres l&iacute;deres que exponen las violencias del capitalismo. En estos casos, las intimidaciones y agresiones con las que  grupos armados, gobierno y actores privados buscan disuadirlas de su labor adquieren claros matices de g&eacute;nero. En Brasil, se reportan graves situaciones relacionadas con crisis de gobernanza, manifestada en la incapacidad o falta de voluntad del gobierno de brindar protecci&oacute;n efectiva a las defensoras. Si bien el informe de la WHRDIC no hace referencia a las agresiones contra activistas LGBTI en Brasil, la gravedad de su situaci&oacute;n en ese pa&iacute;s y otros como Colombia, M&eacute;xico y Honduras ha sido materia de discusi&oacute;n en varios documentos, entre los cuales se destaca el Segundo Informe sobre la Situaci&oacute;n de las Defensoras y Defensores de Derechos Humanos en las Am&eacute;ricas (2011) de la Comisi&oacute;n Interamericana de Derechos Humanos.<\/p>\n<p><b>Militarizaci&oacute;n y situaciones de conflicto<\/b><\/p>\n<p>El informe explica que la militarizaci&oacute;n obedece a un proceso por el cual valores, instituciones y patrones de comportamiento militares tienen una creciente influencia en la sociedad. Los contextos de conflicto, por su parte, abarcan tanto los enfrentamientos armados internos como luchas separatistas que se extienden m&aacute;s all&aacute; del momento formal del cese de hostilidades. Colombia, que vive un intenso conflicto armado que ronda los 50 a&ntilde;os, y M&eacute;xico, cuya pol&iacute;tica de seguridad nacional ha tenido una perspectiva militar desde la d&eacute;cada de 1970, son ejemplos de ello.<\/p>\n<p>En tales contextos es frecuente el uso de la violencia sexual y de g&eacute;nero por parte de actores legales e ilegales para imponer o reforzar jerarqu&iacute;as sociales y pol&iacute;ticas. En algunas regiones de Colombia, por ejemplo, otras investigaciones han reportado que grupos paramilitares apoyados por organizaciones cristianas implementaron estrategias de regulaci&oacute;n y control de la vida cotidiana de los habitantes, incluyendo aspectos relacionados con el g&eacute;nero y la sexualidad que abarcaban la imposici&oacute;n de c&oacute;digos de vestuario para las mujeres, la prohibici&oacute;n de la prostituci&oacute;n y la homosexualidad, entre otros. Las personas que faltaran a estas normas pod&iacute;an ser castigadas con la expulsi&oacute;n, la tortura o el asesinato.<\/p>\n<p>Durante las situaciones de conflicto se observa una creciente subordinaci&oacute;n de las mujeres, la exacerbaci&oacute;n de iniquidades de g&eacute;nero y la propagaci&oacute;n de masculinidades violentas ligadas en buena medida al uso permisivo de la violencia y a la creciente situaci&oacute;n de inseguridad, afirma el documento. Por tal motivo y debido a su cuestionamiento de las normas de g&eacute;nero y sexualidad, las defensoras de los derechos de las mujeres est&aacute;n expuestas a graves riesgos, entre los que destaca una alta incidencia de violencia sexual. A esto se suma la respuesta intimidatoria de actores armados legales e ilegales frente a las labores que adelantan las activistas en situaciones de conflicto en materia de provisi&oacute;n de servicios m&eacute;dicos y de abrigo, rehabilitaci&oacute;n de v&iacute;ctimas de violencia, negociaci&oacute;n con actores armados para proteger a las comunidades, esclarecimiento de las responsabilidades en la vulneraci&oacute;n de derechos y b&uacute;squeda de justicia.<\/p>\n<p>Este es el caso de las mujeres campesinas e ind&iacute;genas del estado de Guerrero, M&eacute;xico. En estas comunidades, ellas suelen confrontar a los militares por su responsabilidad en la comisi&oacute;n de agresiones sexuales, asesinatos extrajudiciales y torturas contra la poblaci&oacute;n. Esto puede costarles la vida, como en el caso de Valentina Rosendo e In&eacute;s Fern&aacute;ndez, integrantes de la Organizaci&oacute;n del Pueblo Ind&iacute;gena Mepha&rsquo;a. Tras investigar el asesinato de estas l&iacute;deres, la Corte Interamericana de Derechos Humanos emiti&oacute; en 2010 dos sentencias contra el Estado mexicano, se&ntilde;alando que hab&iacute;an sido torturadas, violadas y asesinadas por miembros de las fuerzas armadas con el fin de castigar a la comunidad por su trabajo en derechos humanos.<\/p>\n<p>El d&eacute;ficit en la implementaci&oacute;n de mecanismos legales para la protecci&oacute;n de derechos y acceso a la justicia en contextos de militarizaci&oacute;n y conflicto, evidentes en los altos &iacute;ndices de impunidad, agravan m&aacute;s la situaci&oacute;n de las v&iacute;ctimas y de quienes defienden sus derechos. En los contextos posconflicto las agresiones contra las defensoras de los derechos de las mujeres persisten, con el fin de limitar o prevenir su participaci&oacute;n pol&iacute;tica. De ah&iacute; que sean comunes las campa&ntilde;as de difamaci&oacute;n que buscan representarlas como agentes negativos para las comunidades, se&ntilde;ala el informe.<\/p>\n<p><b>Globalizaci&oacute;n<\/b><\/p>\n<p>A diferencia de la militarizaci&oacute;n, que actualmente afecta principalmente a determinados pa&iacute;ses, el impacto de la globalizaci&oacute;n en los derechos econ&oacute;micos, sociales y culturales, as&iacute; como en la restricci&oacute;n de los derechos civiles y pol&iacute;ticos se extiende pr&aacute;cticamente a todo el planeta. Aunque su incidencia se distribuye de manera distinta seg&uacute;n pol&iacute;ticas gubernamentales orientadas en mayor o menor medida hacia el neoliberalismo, en general se observa un crecimiento del poder y de la influencia del sector privado paralelo al empobrecimiento y marginaci&oacute;n de distintos sectores sociales. Esta situaci&oacute;n muchas veces es reforzada por pol&iacute;ticas estatales que favorecen la expropiaci&oacute;n de tierras &lsquo;productivas&rsquo; y recursos naturales de poblaciones rurales e ind&iacute;genas para su explotaci&oacute;n por parte de empresas multinacionales, lo que suele conllevar desplazamientos internos de poblaci&oacute;n, la privatizaci&oacute;n de los servicios p&uacute;blicos y la reducci&oacute;n de los recursos destinados por el gobierno a las pol&iacute;ticas sociales.<\/p>\n<p>La globalizaci&oacute;n &ndash;un proceso altamente &lsquo;generificado&rsquo;&ndash; no solamente ignora que no todas las personas tienen los mismos recursos y acceso al mercado, sino que exacerba las desigualdades y las capitaliza para la obtenci&oacute;n de ventajas en el mercado, afirma Kaavya Asoka, autora del documento. Esto es particularmente evidente en el uso de mano de obra barata, que afecta sobre todo a mujeres y ni&ntilde;os, as&iacute; como en la imposici&oacute;n de la doble jornada de trabajo a las mujeres, quienes consumen y devengan menos que los hombres y gozan de menor independencia econ&oacute;mica, pese a que suelen tener m&aacute;s responsabilidades que ellos. Las m&aacute;s de las veces estas mujeres trabajan en entornos de desprotecci&oacute;n institucional que las dejan vulnerables a la explotaci&oacute;n y el abuso.<\/p>\n<p>En este contexto de empobrecimiento y profundizaci&oacute;n de las iniquidades econ&oacute;micas y sociales, afirma el documento, muchos actores fundamentalistas y ultraconservadores han ganado legitimidad al proveer servicios a la comunidad que antes le correspond&iacute;an al Estado; de ah&iacute; que adem&aacute;s de promover pol&iacute;ticas neoliberales, estos sectores las aprovechen para la promoci&oacute;n de sus ideolog&iacute;as, lo que tiene claras repercusiones en materia de derechos para las mujeres. Asimismo, crisis econ&oacute;micas como la actual tienden a recrudecer el riesgo y la incidencia de la violencia contra las mujeres, como la dom&eacute;stica, el tr&aacute;fico de mujeres y la explotaci&oacute;n sexual, adem&aacute;s de limitar sus  oportunidades de participaci&oacute;n en la esfera p&uacute;blica.<\/p>\n<p>En Guatemala es palpable la articulaci&oacute;n entre violencia contra las mujeres, defensa de los derechos humanos y globalizaci&oacute;n. En las comunidades ind&iacute;genas de ese pa&iacute;s las mujeres suelen liderar la defensa de sus territorios y recursos naturales frente a la expropiaci&oacute;n por parte de agentes privados, debido al v&iacute;nculo simb&oacute;lico que las conecta con la tierra y que se ancla en la construcci&oacute;n de la feminidad. Con frecuencia las l&iacute;deres ind&iacute;genas son v&iacute;ctimas de agresiones perpetradas por agentes que las ven como una amenaza para sus intereses econ&oacute;micos y que buscan intimidarlas mediante el uso de la violencia, especialmente de la violencia sexual. La confabulaci&oacute;n del gobierno con las empresas privadas le resta visibilidad a sus demandas y limita su acceso a mecanismos legales que garanticen sus derechos. En ese pa&iacute;s se han reportado situaciones similares entre activistas que combaten la implementaci&oacute;n de pol&iacute;ticas neoliberales, como asociaciones de mujeres trabajadoras, que son objeto de atentados, amenazas de muerte y agresiones sexuales por parte de grupos de crimen organizado, muchas veces contratados por empresas privadas.<\/p>\n<p>En Honduras, donde desde hace unos a&ntilde;os se viene discutiendo el futuro de la educaci&oacute;n p&uacute;blica, organizaciones de mujeres y feministas y periodistas de radio comunitarias que han protestado contra la privatizaci&oacute;n y el despido masivo de maestros han sido objeto de persecuciones y amenazas. La organizaci&oacute;n feminista Centro de Estudios y Acci&oacute;n para el Desarrollo de Honduras,   ha sido asaltada y saqueada en numerosas ocasiones. Este panorama tambi&eacute;n se ve agravado por la impunidad de la violencia contra las mujeres, que en los primeros meses de 2011 registr&oacute; 50 femicidios y que en el a&ntilde;o anterior report&oacute; el asesinato de dos defensoras de los derechos de las mujeres y dos activistas del movimiento LGBT.<\/p>\n<p><b>Crisis de la democracia: la gobernanza<\/b><\/p>\n<p>En pa&iacute;ses con democracias o gobiernos d&eacute;biles, la situaci&oacute;n de los defensores de derechos es cr&iacute;tica, debido a que la capacidad o la voluntad del Estado para garantizar la protecci&oacute;n de los derechos humanos suele verse comprometida. Aparte de los Estados autoritarios, en esta categor&iacute;a se ubican aquellos que se encuentran en una situaci&oacute;n de transici&oacute;n o posconflicto y que son incapaces de restringir la acci&oacute;n de grupos armados, paramilitares o de crimen organizado, as&iacute; como de procesarlos judicialmente. En estos casos, el ej&eacute;rcito asume labores que le corresponden a la polic&iacute;a u otras autoridades civiles, conllevando a la &lsquo;normalizaci&oacute;n&rsquo; de la violencia y a la derogaci&oacute;n de las responsabilidades del Estado en la protecci&oacute;n de derechos. Los pa&iacute;ses que se encuentran en esta situaci&oacute;n suelen decretar estados de emergencia o expedir legislaciones antiterroristas o de seguridad que restringen los derechos de la poblaci&oacute;n y suelen ser empleadas por los mismos gobiernos para silenciar a la oposici&oacute;n o a los defensores de derechos humanos. La acusaci&oacute;n de terrorismo y sospecha de amenaza a la seguridad nacional socava la credibilidad de estas personas, las estigmatiza en sus comunidades y justifica acciones violentas en su contra por agentes armados legales e ilegales. Son comunes la falta de protecci&oacute;n frente a amenazas y la impunidad en los casos de violencia y las violaciones cometidas por agentes del propio Estado. En la regi&oacute;n, Colombia, M&eacute;xico y Brasil son ejemplos de ello.<\/p>\n<p>En el marco del conflicto armado colombiano, las fuerzas de seguridad y los grupos paramilitares han acusado a los defensores de derechos humanos de ser colaboradores de las FARC, lo que ha desembocado en el asesinato y desaparici&oacute;n forzada de varios de ellos. Luego de un trabajo de apoyo y empoderamiento de mujeres desplazadas realizado en 2010, grupos paramilitares declararon como objetivo militar a la ONG Sisma Mujer. Ante la inoperancia del Estado colombiano en la investigaci&oacute;n y judicializaci&oacute;n de los agresores y su incapacidad o falta de voluntad de protegerlas, las activistas acudieron ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos, que orden&oacute; al Estado garantizar medidas de seguridad para proteger la vida e integridad de las demandantes. Pese a ello, la situaci&oacute;n de estas mujeres no ha cambiado.<\/p>\n<p>La impunidad frente a los casos de violencia contra las mujeres y las defensoras de sus derechos es patente tambi&eacute;n en M&eacute;xico, donde los femicidios, las agresiones sexuales y las desapariciones forzadas de mujeres j&oacute;venes que vienen ocurriendo desde hace 20 a&ntilde;os en Ciudad Ju&aacute;rez y Chihuahua no han conducido al esclarecimiento ni a la judicializaci&oacute;n de sus responsables. El informe de la WHRDIC se&ntilde;ala que esto ha derivado en un ciclo auto perpetuado de abuso sistem&aacute;tico, intimidaci&oacute;n y acoso de las familias de las v&iacute;ctimas y de las mujeres que buscan justicia, como en el <a href=\"http:\/\/www.clam.org.br\/noticias-clam\/conteudo.asp?cod=7895\">caso de Marisela Escobedo Ortiz, que durante dos a&ntilde;os denunci&oacute; la complicidad y la negligencia de las autoridades en la investigaci&oacute;n del asesinato de su hija y de otras mujeres, y fue asesinada a causa de ello<\/a>.<\/p>\n<p>Las violaciones de derechos cometidas por agentes del Estado son claras en el caso de Valdenia Paulino, abogada brasile&ntilde;a y cofundadora del Centro de Derechos Humanos de Sapopemba (S&atilde;o Paulo), que ha tenido que salir del pa&iacute;s en dos oportunidades por denunciar los abusos sexuales y las agresiones cometidas por integrantes de la polic&iacute;a contra las mujeres de esa ciudad. Valdenia ha recibido amenazas de muerte, ha sido v&iacute;ctima de dos intentos de abuso sexual y fue difamada por miembros de la polic&iacute;a, quienes divulgaron en su comunidad el rumor de que estaba relacionada con grupos criminales y carteles de drogas. En la actualidad, y luego de que su hermano fuera v&iacute;ctima de un intento de secuestro, la activista vive an&oacute;nimamente en el nordeste del pa&iacute;s.<\/p>\n<p><b>Heteronormatividad<\/b><\/p>\n<p>La institucionalizaci&oacute;n de la heteronormatividad en leyes y pol&iacute;ticas, as&iacute; como la circulaci&oacute;n de sus preceptos a trav&eacute;s de discursos p&uacute;blicos que discriminan a las personas LGBTI y promueven el sexo reproductivo como &uacute;nica forma v&aacute;lida del ejercicio de la sexualidad son algunos de los factores que exacerban las amenazas contra hombres y mujeres cuya sexualidad se aleja de estos par&aacute;metros, as&iacute; como de quienes defienden los derechos sexuales, los derechos reproductivos y de las minor&iacute;as sexuales.<\/p>\n<p>Estos factores determinan en buena medida las condiciones en las que violaciones de los derechos sexuales y reproductivos de la poblaci&oacute;n ocurren, as&iacute; como la impunidad de los perpetradores y la restricci&oacute;n en el acceso a la justicia de las v&iacute;ctimas. Al solaparse con otros contextos como los descritos anteriormente, los peligros asociados a la violencia contra las\/os defensoras\/es de estos derechos son similares y abarcan desde las manifestaciones m&aacute;s sutiles de violencia hasta aquellas que ponen en mayor peligro su vida e integridad.<\/p>\n<p>En estas situaciones tambi&eacute;n es com&uacute;n el uso de procedimientos administrativos y legales por parte de funcionarios p&uacute;blicos para acosar a defensoras y defensores de derechos, como los <a href=\"http:\/\/www.clam.org.br\/ES\/destaque\/conteudo.asp?cod=10003\">ataques reportados en Colombia por parte del Procurador General de la Naci&oacute;n<\/a>. Con frecuencia, las y los activistas suelen ser se&ntilde;alados como blanco de violaciones, asesinatos, tratamientos &lsquo;reparadores&rsquo; y torturas. Pese a la variada intensidad de agresiones como el acoso y las burlas, que pueden parecen inofensivas&rsquo; frente al asesinato y torturas, como los femicidios de personas trans registrados en los &uacute;ltimos a&ntilde;os en M&eacute;xico, el informe se&ntilde;ala que existe una relaci&oacute;n entre unas y otras y que las primeras suelen ser la antesala de la brutalidad homof&oacute;bica y la violencia f&iacute;sica contra las y los defensores de derechos y sus familiares.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>M\u00e9xico y Colombia encabezan la lista de pa\u00edses donde defender los derechos de las mujeres es una actividad riesgosa. 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