{"id":914,"date":"2013-08-27T00:00:00","date_gmt":"2013-08-27T03:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/clam.org.br\/es\/2013\/08\/27\/derechos-de-la-mujer-migrante\/"},"modified":"2013-08-27T00:00:00","modified_gmt":"2013-08-27T03:00:00","slug":"derechos-de-la-mujer-migrante","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/clam.org.br\/es\/noticias-clam\/derechos-de-la-mujer-migrante\/914\/","title":{"rendered":"DERECHOS DE LA MUJER MIGRANTE"},"content":{"rendered":"<p>En Chile, &iacute;ndices macroecon&oacute;micos altos y estabilidad pol&iacute;tica son factores que atraen inversiones y expanden el mercado de trabajo, aunque lo segundo en condiciones no necesariamente &oacute;ptimas. Mujeres y hombres atraviesan fronteras en busca de oportunidades que escasean en sus lugares de origen. En d&eacute;cadas recientes se ha incrementado la migraci&oacute;n masiva de mujeres en busca de trabajo, confirmando una suerte de &lsquo;feminizaci&oacute;n de las migraciones&rsquo;.<\/p>\n<p>Durante los &uacute;ltimos cinco a&ntilde;os en Chile no s&oacute;lo ha ido en aumento la cifra de inmigrantes extranjeros; tambi&eacute;n se ha diversificado su origen. En la actualidad se estima la poblaci&oacute;n total de inmigrantes en cerca de 400.000 personas. En la &uacute;ltima d&eacute;cada la cifra absoluta casi se duplic&oacute;, al pasar de 184.464 personas en 2002, a 339.536 en 2012, seg&uacute;n datos desagregados del Censo 2012. La poblaci&oacute;n de origen peruana contin&uacute;a encabezando el ranking de nacionalidades, con m&aacute;s de 103.624 personas; pero ya no llegan trabajadores migrantes de pa&iacute;ses fronterizos como Bolivia (25.151) o Argentina (57.019), sino que hay se suma una presencia equivalente de colombianos (27.411), ecuatorianos (16.357) y dominicanos en el pa&iacute;s. Aunque el peso relativo de cada una de esas nacionalidades se mantiene por debajo del de la migraci&oacute;n peruana, su tasa de crecimiento es importante.<\/p>\n<p>Otro dato de inter&eacute;s proviene del Departamento de Extranjer&iacute;a e Inmigraci&oacute;n del Ministerio del Interior. Las visas sujetas a contrato hasta finales de octubre 2012 fueron lideradas por peruanos (50%), seguidos por colombianos (22,6%), y luego por dominicanos (7%). Sin embargo, a&uacute;n es mayor la cantidad de chilenos viviendo fuera del pa&iacute;s, con un pico del &eacute;xodo generado por la dictadura militar durante los a&ntilde;os 70 y 80.<\/p>\n<p>En el caso de la migraci&oacute;n femenina, en la primera mitad del siglo XX su presencia era poco visible, al llegar como esposa, hija o familiar. Esto signific&oacute; que durante muchos a&ntilde;os la migraci&oacute;n fuera considerada como un fen&oacute;meno esencialmente masculino, compuesta por hombres que iban a buscar trabajos solos o acompa&ntilde;ados de sus familias. Ese paradigma cambi&oacute;. La precarizaci&oacute;n del n&uacute;cleo familiar, el aumento de la jefatura femenina de hogar, la violencia dom&eacute;stica y la b&uacute;squeda de autonom&iacute;a, son factores sociales que pesan en la decisi&oacute;n de emigrar de las mujeres.<\/p>\n<p>Existen en la Regi&oacute;n otras razones que no deben ser soslayadas. Est&aacute;n los desplazamientos en respuesta al conflicto armado y violencia pol&iacute;tica, como los producidos en Colombia, a los cuales en M&eacute;xico se suma el femicidio. Las cat&aacute;strofes naturales tambi&eacute;n han golpeado de manera particular la vida de las mujeres. Todas estas se convierten en poderosas razones para emigrar hacia otras latitudes.<\/p>\n<p><b>&iquest;Migrantes emancipadas o postergadas? <\/b><\/p>\n<p>Hoy en Chile las mujeres constituyen un 52% de la poblaci&oacute;n inmigrante, seg&uacute;n consigna el Instituto de la Mujer. Esta cifra puede aumentar, como en el caso de las peruanas, que representan el 60,2% del total de migrantes de ese pa&iacute;s. Carolina Stefoni, directora del departamento de  Sociolog&iacute;a de la Universidad Alberto Hurtado y editora del libro <i><a href=\"http:\/\/filosofiahumanidades.uahurtado.cl\/ediciones\/mujeres-inmigrantes-en-chile-mano-de-obra-o-trabajadoras-con-derechos\/\">Mujeres inmigrantes en Chile. &iquest;Mano de obra o trabajadoras con derechos?<\/a><\/i> (2011), indica que se habla de feminizaci&oacute;n de la inmigraci&oacute;n cuando se constatan dos factores. Por un lado, el aumento de la migraci&oacute;n femenina, que produce una visibilizaci&oacute;n de la mujer en las estad&iacute;sticas. Por otro lado, el rol de las mujeres en el proceso migratorio. <i>&ldquo;Dejan de ser acompa&ntilde;ante, si es que alguna vez lo fueron, y se las ve hoy d&iacute;a como mujeres trabajadoras. Eso las pone en un estatus a la par del hombre&rdquo;,<\/i> sostiene. A veces su rol es protag&oacute;nico, contin&uacute;a la acad&eacute;mica, ya que algunas mujeres inician su proyecto migratorio solas; otras lo hacen con parte de sus familias, donde llega ella primero y despu&eacute;s el marido, los hijos o la pareja.<\/p>\n<p>A este nuevo escenario, la abogada Helena Olea, profesora de la Cl&iacute;nica de Migrantes y Refugiados de la Universidad Diego Portales, a&ntilde;ade una serie de cambios que se han producido respecto de la migraci&oacute;n en s&iacute; misma. Est&aacute;bamos acostumbrados a nivel global a pensar en fen&oacute;menos de migraci&oacute;n circular, interna o internacional, y en ese contexto era el hombre que iba a trabajar afuera y regresaba, indica la experta. Las mujeres se quedaban en el pa&iacute;s de origen y era s&oacute;lo la cabeza masculina del hogar quien sal&iacute;a.  Esos flujos cambiaron dram&aacute;ticamente sobre todo cuando se hizo m&aacute;s estricto el control fronterizo, precisa la experta. <i>&ldquo;Hoy d&iacute;a tanto hombres como mujeres j&oacute;venes resuelven migrar en busca de nuevos horizontes, siendo habitualmente los m&aacute;s inteligentes, con m&aacute;s recursos y posibilidades de buscar alternativas fuera de su pa&iacute;s&rdquo;, <\/i> se&ntilde;ala.<\/p>\n<p>Paralelo a eso, hay otro sector de mujeres de 30, 40 a 50 a&ntilde;os con familia que comienzan un proceso migratorio solas, dejando a sus hijos, si son peque&ntilde;os a cargo de sus madres, hermanas u otras personas. Todo eso ha propiciado que muchas mujeres ya no vayan detr&aacute;s de sus parejas, sino que &eacute;ste sea <i>&ldquo;un proyecto migratorio femenino aut&oacute;nomo en su gran mayor&iacute;a. Por eso hablamos de la feminizaci&oacute;n de la migraci&oacute;n. Esto es una tendencia global que evidencia tambi&eacute;n otros cambios poblacionales y din&aacute;micas de los mercados laborales&rdquo;, <\/i> afirma Helena Olea.<\/p>\n<p>En su libro Stefoni detalla las transformaciones del mercado laboral y los procesos de crecimiento desigual de las regiones, que operan como disparadores de la migraci&oacute;n femenina. La soci&oacute;loga explica que para la mujer chilena el incorporarse, lenta pero progresivamente, al mercado laboral implica la necesidad de resolver el tema del cuidado. En una sociedad en que las tareas no se distribuyen de manera equitativa ni el Estado asume un rol como regulador, donde las chilenas prefieren trabajar en el mercado minorista, incluso por menores ingresos pero con mayor estatus, se genera un nicho laboral donde es otra mujer la que se hace cargo del cuidado de los ni&ntilde;os, la familia y las tareas dom&eacute;sticas. En la medida en que comienza a mejorar la situaci&oacute;n econ&oacute;mica del pa&iacute;s y las trabajadoras locales aspiran a mejores puestos, se genera una demanda por mano de obra que el imaginario cultural tradicionalmente asocia particularmente con mujeres migrantes extranjeras.<\/p>\n<p>Ese nicho es hoy llenado por mujeres migrantes &ndash;en particular peruanas&ndash;, quienes adem&aacute;s pueden trabajar puertas adentro y ahorrar mucho m&aacute;s dinero para enviar a sus familias. Seg&uacute;n el censo 2002, un 70% de las inmigrantes peruanas se desempe&ntilde;aban en el trabajo dom&eacute;stico. Para ellas, a pesar de los bajos salarios, sus ingresos son mayores que los que recibir&iacute;an en su pa&iacute;s de origen.<\/p>\n<p>A su vez, el mercado para ese tipo de trabajo es m&aacute;s peque&ntilde;o que en el otro pa&iacute;s, explica Olea. A su juicio, al analizar el rol de las migrantes en el trabajo dom&eacute;stico se observa que se ha logrado formalizar una relaci&oacute;n de trabajo que antes era mucho m&aacute;s informal. Parad&oacute;jicamente, la exigencia de un contrato escrito notarizado, con cl&aacute;usulas especiales para regularizar su situaci&oacute;n de migraci&oacute;n, es lo que ha llevado tambi&eacute;n a que se empiece a regularizar y formalizar la relaci&oacute;n con todas las labores dom&eacute;sticas, explica la abogada. <i>&ldquo;Son mujeres que est&aacute;n mucho m&aacute;s dispuestas a reclamar y exigir sus derechos laborales que muchas nacionales. Creo que ellas han cambiado el est&aacute;ndar y eso es muy importante&rdquo;,<\/i> afirma la abogada.<\/p>\n<p>Dentro de la regi&oacute;n, Chile es uno de los pa&iacute;ses donde se ha regularizado el trabajo dom&eacute;stico. No existe tanto trabajo <i>&ldquo;en negro&rdquo;,<\/i> como sucede por ejemplo en Argentina. Es en este contexto donde las mujeres migrantes se han apropiado sus derechos laborales, en particular en el empleo dom&eacute;stico. Este es un proceso de aprendizaje que no hab&iacute;an tenido en sus pa&iacute;ses, comenta Carolina Stefoni.<\/p>\n<p>Sin embargo, el hecho de ser mujeres migrantes implica condicionamientos particulares. La mayor&iacute;a cuenta con una familia que est&aacute; lejos, muchas veces con hijos, y la obligatoriedad del env&iacute;o peri&oacute;dico de remesas de dinero. Entonces, argumenta Stefoni, no es tampoco un proceso de <i>&ldquo;liberaci&oacute;n de las mujeres migrantes que salen a trabajar&rdquo;.<\/i> Explica que son otras formas de quedar <i>&ldquo;presas en este trabajo en que reciben el sueldo y env&iacute;an el 80% al pa&iacute;s de origen y se quedan con algo m&iacute;nimo. De nuevo viene la postergaci&oacute;n&rdquo;,<\/i> comenta. Sin embargo, si avanza y logra una trayectoria positiva que implique reunir a la familia, reorganizar y traer a los ni&ntilde;os, en el largo plazo se pueden ver procesos m&aacute;s que de emancipaci&oacute;n, de reorganizaci&oacute;n de familia, de pensar y tener proyectos para adelante, reconoce la profesional. No obstante observa que en el caso de las mujeres migrantes ese &lsquo;final feliz&rsquo; es mucho m&aacute;s dif&iacute;cil de lograr. <i> &ldquo;No es el mismo final feliz que pueden tener las mujeres chilenas, y por otra parte, sigue tensionado a lo largo de toda la trayectoria por esto de estar situado ac&aacute; y all&aacute;. Persiste la idea de origen y es una situaci&oacute;n que se mantiene abierta y se hace parte de la experiencia de la migraci&oacute;n&rdquo;,<\/i> concluye.<\/p>\n<p>Olea comenta que hay tambi&eacute;n una generaci&oacute;n m&aacute;s joven de mujeres que vienen solas y solteras a Chile buscando otro tipo de alternativas, que est&aacute;n m&aacute;s interesadas en ingresar al sector de servicios y aspiran a tener un trabajo como vendedoras en el comercio, como meseras o en el comercio minorista. Paralelo a eso hay un sector de mujeres profesionales que buscan alternativas laborales de mayor jerarqu&iacute;a.<\/p>\n<p><b>Redes de tr&aacute;fico y prostituci&oacute;n<\/b><\/p>\n<p>El 8 de abril de 2011 entr&oacute; en vigencia la Ley N&ordm; 20.507 que modifica el C&oacute;digo Penal Chileno y elimina el tipo penal <i>&ldquo;Trata de personas para fines de explotaci&oacute;n sexual&rdquo;,<\/i>  incorporando nuevos articulados que describen similar figura, pero que adem&aacute;s considera la trata para otros fines y el delito de tr&aacute;fico de inmigrantes. Chile tambi&eacute;n firm&oacute; el <i>Protocolo de Palermo<\/i> que busca prevenir, reprimir y sancionar la trata de personas, especialmente mujeres y ni&ntilde;os, que complementa la Convenci&oacute;n de las Naciones Unidas contra la Delincuencia Organizada Transnacional.<\/p>\n<p>Stefoni explica que en Chile hay mucho desconocimiento sobre lo que significa la trata con fines de explotaci&oacute;n sexual y laboral. Es un fen&oacute;meno poco visible, con escasos datos e investigaciones. Es un delito que est&aacute; asociado al norte del pa&iacute;s y a la agricultura, donde hubo denuncias de casos de trata.<\/p>\n<p>Olea cuenta que desde siempre ha habido redes de tr&aacute;fico y de trata de mujeres, en especial, peruanas y bolivianas, incluso para el servicio dom&eacute;stico. Sin embargo, en el imaginario local es la inmigrante afrodescendiente la que se dedica a la prostituci&oacute;n. La lujuria viene asociada al color de piel en la mentalidad de los chilenos, asegura la abogada. Indica que el gran problema es <i>&ldquo;el imaginario tipo pel&iacute;cula norteamericana&rdquo;<\/i> que se ha construido en torno a estos delitos versus la realidad de los delitos como son. Explica que al existir un desconocimiento general del tema, se trata de perseguirlos de manera muy torpe. <i>&ldquo;Lo que s&iacute; existe masivamente es trabajo en prostituci&oacute;n; no s&eacute; si como redes de trata o tr&aacute;fico&rdquo;,<\/i> aclara.<\/p>\n<p>La investigadora explica que hay una red muy grande de mujeres inmigrantes que se dedican a eso. Por lo general, son mujeres que vienen aut&oacute;nomamente al pa&iacute;s y se conectan con redes de prostituci&oacute;n que les arriendan un departamento en barrios acomodados, les sacan fotos, las suben a Internet, y se transforman en sus intermediarios. No s&oacute;lo son mujeres afrodescendientes. <i>&ldquo;Todas ellas corren un gran riesgo porque se encierran en departamentos con sujetos que no conocen, ni siquiera podemos hablar que el proxeneta est&aacute; afuera cuidando, porque no es un lugar en que se dedica a eso&rdquo;,<\/i> revela la experta. Advierte que hay una idea de que al ser un departamento en barrios m&aacute;s acomodados, va a operar el autocontrol social del mismo cliente, y no va a pasar nada; sin embargo, <i>&ldquo;nadie puede garantizar eso&rdquo;,<\/i> reconoce la profesional.<\/p>\n<p>Corporaci&oacute;n Humanas, que expuso recientemente en Ginebra el Informe Alternativo de la Sociedad Civil ante el Comit&eacute; para la Eliminaci&oacute;n de Discriminaci&oacute;n Racial de la ONU, abord&oacute; las problem&aacute;ticas de discriminaci&oacute;n racial que afectan a las mujeres ind&iacute;genas y migrantes. Los desaf&iacute;os que se mantienen est&aacute;n en relaci&oacute;n a la legislaci&oacute;n que sanciona la trata de personas, el condicionamiento de la protecci&oacute;n de las v&iacute;ctimas a la judicializaci&oacute;n de los casos; las dificultades para tramitar permisos de residencia; el escaso n&uacute;mero de centros de acogida estatales; la m&iacute;nima cobertura de rehabilitaci&oacute;n psicol&oacute;gica y reinserci&oacute;n laboral y la falta de medidas de reparaci&oacute;n para las v&iacute;ctimas.<\/p>\n<p><b>Diferencias culturales<\/b><\/p>\n<p>Otro aspecto importante para las mujeres migrantes tiene que ver con el acceso a la salud.  El informe presentado por Humanas insta a garantizar el acceso de las mujeres migrantes a los servicios de salud sexual y reproductiva, especialmente cuando est&aacute;n embarazadas, con independencia de que su situaci&oacute;n migratoria sea regular o irregular. Helena Olea reconoce que es poco lo que se ha investigado. Poco se sabe sobre la eficiencia del acceso a m&eacute;todos anticonceptivos, y si la situaci&oacute;n migratoria les permite a las mujeres tener acceso a los consultorios.<\/p>\n<p>La profesional ha constatado que muchas de las mujeres inmigrantes j&oacute;venes son madres a muy temprana edad. Lo que llama la atenci&oacute;n &ndash;seg&uacute;n la especialista&ndash;, y no ha sido tema de discusi&oacute;n entre organizaciones feministas, es que la mayor&iacute;a de las organizaciones que trabajan con inmigrantes son de la Iglesia. <i>&ldquo;Y eso genera que el tema de la anticoncepci&oacute;n sea un tema que no se discute, no est&aacute; sobre la mesa&rdquo;,<\/i> afirma.<\/p>\n<p>Cuando las mujeres migrantes llegan a ser atendidas en consultorios y hospitales chilenos, advierte Stefoni, uno de los problemas relacionados con sus derechos sexuales y reproductivos es que en de la atenci&oacute;n no est&aacute; incorporada la dimensi&oacute;n cultural. Existe un fen&oacute;meno de infantilizaci&oacute;n, explica. Los profesionales plantean que estas mujeres <i>&ldquo;no entienden nada, que no se cuidan&rdquo;;<\/i> pero no se establecen los mecanismos para una intervenci&oacute;n culturalmente eficaz, que supere el <i>&ldquo;simplemente tratar de aplicar a la fuerza lo poco y nada que tenemos de derechos reproductivos en Chile&rdquo;,<\/i> afirma la especialista.<\/p>\n<p>Por otro lado, las mujeres migrantes est&aacute;n obligadas a cotizar en el servicio de salud, pero ni las migrantes ni las refugiadas dan el paso siguiente, que es inscribirse en el consultorio. <i>&ldquo;Ac&aacute; tampoco se dice que las inmigrantes contribuyen al sistema de salud y lo usan muy poco&rdquo;,<\/i> precisa Olea.<\/p>\n<p>La realidad de las migrantes ind&iacute;genas es un fen&oacute;meno que reci&eacute;n se empieza a hacer visibile en Chile. Las aymara, ashaninka, shipibo, awaj&uacute;n, guajiro, yecuana, tabale&ntilde;a, nasa, cayap&oacute; no existen para el imaginario nacional, aunque en el norte del pa&iacute;s, donde las fronteras son particularmente ficticias respecto de la realidad de los pueblos originarios, hay una aproximaci&oacute;n m&aacute;s clara. Sin embargo, la abogada Helena Olea reconoce que <i>&ldquo;siempre est&aacute; la idea de clasificarlo en una u otra categor&iacute;a. Sobreponer las dos categor&iacute;as cuesta mucho&rdquo;,<\/i> explica la acad&eacute;mica.<\/p>\n<p>En cambio, en el centro y sur del pa&iacute;s las migrantes ind&iacute;genas virtualmente no existen. La explicaci&oacute;n, para Olea, es que en la zona centro-sur de Chile el concepto de &lsquo;ind&iacute;gena&rsquo; solamente est&aacute; pensado en funci&oacute;n de los nacionales, no de los extranjeros. Es cosa de analizar el Censo aplicado este a&ntilde;o, que s&oacute;lo pregunt&oacute; por los grupos originarios de Chile. <i>&ldquo;En materia de migraci&oacute;n, eso es no entender que la gente puede ser extranjera e ind&iacute;gena&rdquo;,<\/i> afirma.<\/p>\n<p>Para Carolina Stefoni el mercado de trabajo impone a los migrantes de ciertas comunidades ind&iacute;genas la necesidad de ocultar su identidad &eacute;tnica. Es probable que entre ellos se reconozcan, pero para los dem&aacute;s es un migrante sin apellido. <i>&ldquo;Los migrantes aprenden r&aacute;pidamente a leer el contexto, entonces saben que si lo que est&aacute; en juego es su trabajo, no exponen una identidad ind&iacute;gena. Prefieren invisibilizarse para conseguir trabajo. Es m&aacute;s, hay que chilenizarse en el proceso&rdquo;,<\/i> sostiene Stefoni.<\/p>\n<p>Es un hecho que la gente sigue llegando al pa&iacute;s y la migraci&oacute;n se va a consolidar. Es dif&iacute;cil anticipar lo que suceder&aacute; con las segundas y terceras generaciones de inmigrantes establecidos en Chile. Para Stefoni, en 10 a&ntilde;os m&aacute;s estaremos en una situaci&oacute;n similar a lo que se advierte con las nuevas formas de pobreza asociadas a la migraci&oacute;n en Estados Unidos, en Francia con la migraci&oacute;n argelina y en Alemania con la migraci&oacute;n turca. <i>&ldquo;Se empiezan a enquistar ciertas comunidades y eso hace que sea mucho m&aacute;s dif&iacute;cil salir de ah&iacute;&rdquo;,<\/i> explica la profesional.<\/p>\n<p><b>Nueva ley en a&ntilde;o de elecciones<\/b><\/p>\n<p>Hay lugares y formas de entender la migraci&oacute;n que son comunes en Am&eacute;rica Latina, que se explican por las fechas de promulgaci&oacute;n de sus respectivas leyes. En especial est&aacute;n los casos de Chile y Argentina. Ambas leyes migratorias fueron creadas y promulgadas en tiempos de dictadura. La ley actual chilena data de 1974.<\/p>\n<p>A juicio de la abogada Olea, <i>&ldquo;son monstruos de la guerra fr&iacute;a, con esta idea de la ideolog&iacute;a del amigo\/enemigo, las doctrinas contrarias y, en el caso chileno, es una norma dictada por una junta militar con un concepto nulo de debido proceso&rdquo;.<\/i> En el caso argentino fue la llamada Ley Videla, que el pa&iacute;s trasandino modific&oacute;. Hoy existe la Ley 25.871, promulgada en 2003, que considera a la migraci&oacute;n como un derecho humano. Se trata de un ejemplo a ser emulado.<\/p>\n<p>En Chile, en plena campa&ntilde;a electoral, se encuentra en discusi&oacute;n en el parlamento una nueva ley de migraciones, que ingres&oacute; formalmente al Congreso el 4 de Junio de 2013 y actualmente se inicia su debate parlamentario. Esta iniciativa fue promesa de campa&ntilde;a de todos los gobiernos de la Concertaci&oacute;n, conglomerado que re&uacute;ne a los partidos de centro izquierda, que gobern&oacute; por 20 a&ntilde;os. Sin embargo, es poco probable que cuente con las urgencias necesarias para apurar su tramitaci&oacute;n y publicaci&oacute;n para este a&ntilde;o.<\/p>\n<p>La soci&oacute;loga Carolina Stefoni explica que el proyecto de ley diferencia dos tipos de inmigrantes. Unos son los del Convenio MERCOSUR. A los dem&aacute;s se les aplicar&iacute;a distintas normativas. En el primer caso, Chile a&uacute;n no ha ratificado el Convenio. En el segundo caso, el cambio m&aacute;s significativo que se introduce es la imposibilidad de regularizar la situaci&oacute;n habiendo ingresado al pa&iacute;s como turista, desconociendo la din&aacute;mica del flujo migratorio. A juicio de la acad&eacute;mica Helena Olea, el proyecto de ley parece dictado por personas que se sienten parte de la Organizaci&oacute;n para la Cooperaci&oacute;n y el Desarrollo Econ&oacute;micos (OCDE) y viven en Europa. <i>&ldquo;Entonces se imaginan que el trabajador extranjero es un profesional que por Internet o en un viaje lo contratan, se vuelve a su pa&iacute;s y tramita la visa. Muy el esquema europeo y norteamericano&rdquo;,<\/i> argumenta. El problema es que ese esquema est&aacute; planteado para un tipo de migraci&oacute;n, que es la calificada y que no se puede desconocer. Pero no es la migraci&oacute;n mayoritaria ni la que termina en situaci&oacute;n irregular, pese a existir muchos profesionales que terminan haciendo el trabajo no calificado en el pa&iacute;s. Ambas especialistas aventuran que, de aprobarse el proyecto de ley, generar&iacute;a cifras mucho m&aacute;s altas de personas en situaci&oacute;n irregular.<\/p>\n<p>Tambi&eacute;n se critica la ausencia de representantes de los ministerios del Trabajo, Educaci&oacute;n, Salud y de la sociedad civil en la mesa de trabajo del proyecto, actualmente est&aacute; compuesta por los ministerios del Interior, Relaciones Exteriores y Econom&iacute;a. A esto se suma un cuestionamiento a la falta de eficiencia y planificaci&oacute;n al no considerar lo que sucede en los consulados chilenos, que no dan abasto.<\/p>\n<p>Sin embargo, el tema de fondo y m&aacute;s transversal, seg&uacute;n Stefoni, es la visi&oacute;n del gobierno actual respecto de la migraci&oacute;n. El actual proyecto de ley reconoce la importancia y plantea mecanismos para que ingrese mano obra; pero incluye restricciones al reconocimiento de residencia y ciudadan&iacute;a para esas personas. Para la experta, la propuesta gubernamental desconoce un principio de reconocimiento de derechos. Este, aunque evocado, <i>&ldquo;no permea el esp&iacute;ritu de la ley. El esp&iacute;ritu del proyecto est&aacute; mucho m&aacute;s basado en principios de seguridad, de restricci&oacute;n en el ingreso, multas y establecer las sanciones, pero no el principio positivo de integraci&oacute;n y de reconocimiento de derechos y de ciudadan&iacute;a&rdquo;,<\/i> alerta.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En Chile, donde las mujeres alcanzan hoy un 52% de la poblaci\u00f3n inmigrante, esta \u2018feminizaci\u00f3n\u2019 del fen\u00f3meno entra\u00f1a desaf\u00edos para la protecci\u00f3n de los derechos de las trabajadoras migrantes. 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