{"id":922,"date":"2013-09-19T00:00:00","date_gmt":"2013-09-19T03:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/clam.org.br\/es\/2013\/09\/19\/raza-sexualidad-y-mercado\/"},"modified":"2013-09-19T00:00:00","modified_gmt":"2013-09-19T03:00:00","slug":"raza-sexualidad-y-mercado","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/clam.org.br\/es\/noticias-clam\/raza-sexualidad-y-mercado\/922\/","title":{"rendered":"Raza, sexualidad y mercado"},"content":{"rendered":"<p>Un eje central de la IX Conferencia Internacional de la IASSCS en Buenos Aires a fines de agosto fue la creciente mercantilizaci&oacute;n de las relaciones sociales y sexuales, tanto en el plano sexual y er&oacute;tico, como en el emocional. Varias intervenciones centrales interrogaron el lugar que ocupa el amor en ese contexto. Entre ellas, la conferencia de cierre a cargo de Mara Viveros ya a partir de su t&iacute;tulo puso en cuesti&oacute;n un marco anal&iacute;tico corriente, al cuestionar la pertinencia del concepto de mercado er&oacute;tico sexual como marco anal&iacute;tico para pensar los intercambios er&oacute;tico-afectivos en las uniones interraciales. En su presentaci&oacute;n, la profesora titular de la Universidad Nacional de Colombia reflexion&oacute; sobre el lugar que ocupan la raza, el sexo y la clase como elementos estructurantes e interrelacionados en el marco de lo que llam&oacute; un&nbsp;<i>&ldquo;mercado de valores y estatus er&oacute;ticos, afectivos y econ&oacute;micos&rdquo;.<\/i><\/p>\n<p>La antrop&oacute;loga colombiana comenz&oacute; por analizar las modalidades hist&oacute;ricas y sociales que materializan la econom&iacute;a pol&iacute;tica de la raza y el sexo en la Am&eacute;rica Latina contempor&aacute;nea. En el caso de las uniones y relaciones &iacute;ntimas, sexuales y afectivas inter-raciales, precis&oacute; la acad&eacute;mica, es necesario considerar el amplio haz de intercambios que tienen lugar y no clasificarlos dicot&oacute;micamente seg&uacute;n las dos categor&iacute;as institucionalizadas de matrimonio interracial y prostituci&oacute;n. Ello ser&iacute;a desconocer una diversidad de transacciones que hacen desdibujar las fronteras entre relaciones &iacute;ntimas orientadas por el inter&eacute;s o la generosidad.&nbsp;<i>&ldquo;En este sentido es m&aacute;s acorde con la realidad hablar de un continuo de intercambios econ&oacute;micos, sexuales y afectivos&rdquo;,<\/i>&nbsp;afirm&oacute; Viveros.<\/p>\n<p>La investigadora tambi&eacute;n cuestion&oacute; las posibilidades explicativas de la idea de multiculturalismo. En la d&eacute;cada de 1990, se&ntilde;al&oacute;, se produjo una ruptura con la idea del sujeto mestizo a partir del cual hist&oacute;ricamente se definieron las naciones latinoamericanas, que dio paso al multiculturalismo. Pese a la anunciada cr&iacute;tica a las jerarqu&iacute;as sociales y a la borradura de la alteridad en un contexto globalizado,&nbsp;<i>&ldquo;el multiculturalismo no erosion&oacute; de forma profunda la raza, el g&eacute;nero y la clase&rdquo;,<\/i>&nbsp;se&ntilde;al&oacute; Viveros, debido en parte a que se fundament&oacute; en una&nbsp;<i>&ldquo;l&oacute;gica aditiva&rdquo;,<\/i>&nbsp;que m&aacute;s que operar transformaciones sociales, multiplic&oacute; la constelaci&oacute;n de categor&iacute;as raciales tales como &lsquo;blanco&rsquo;, &lsquo;negro&rsquo;, &lsquo;mestizo&rsquo;, &lsquo;afrocolombiano&rsquo;. Esto se produjo en el contexto de transformaciones sociales importantes como la modernizaci&oacute;n econ&oacute;mica, la democratizaci&oacute;n pol&iacute;tica y cambios en las Constituciones latinoamericanas, lo que dej&oacute; una impronta que a&uacute;n persiste y que es preciso examinar.<\/p>\n<p><b>Desigualdades sociales, clase y raza<\/b><\/p>\n<p>Por alg&uacute;n tiempo en Am&eacute;rica Latina la clase social fue la principal clave de interpretaci&oacute;n de las desigualdades sociales. Se ignor&oacute; cu&aacute;n &iacute;ntimamente ligadas est&aacute;n la raza y la etnicidad a la producci&oacute;n de inequidad; c&oacute;mo su operaci&oacute;n incide en el acceso de diferentes grupos sociales a bienes y recursos.<\/p>\n<p>El mestizaje ha sido un s&iacute;mbolo rector de la creaci&oacute;n de identidades en los procesos de formaci&oacute;n de las naciones latinoamericanas, idealizado en el mito de la &ldquo;democracia racial&rdquo;. Sin embargo, la pureza de la raza&nbsp;<i>&ldquo;persisti&oacute; como categor&iacute;a social y concepto organizador de la sociedad vinculando la modernidad con la &lsquo;blanquitud&rsquo; y generando una particular convivencia entre racismo y mestizaje&rdquo;,<\/i>&nbsp;se&ntilde;al&oacute; Viveros. Para la autora, dicha coexistencia es la versi&oacute;n latinoamericana de la tensi&oacute;n entre universalismo y particularismo, constitutiva de los &oacute;rdenes pol&iacute;ticos basados en los principios liberales.&nbsp;<i>&ldquo;No es la coexistencia codo a codo del racismo y la democracia racial como si fueran dos fen&oacute;menos diferentes, sino su consustancialidad, ya que cada uno imprime su marca sobre el otro y se construyen de manera rec&iacute;proca&rdquo;,<\/i>&nbsp;recalc&oacute;.<\/p>\n<p>El estudio sistem&aacute;tico de uniones matrimoniales interraciales en Colombia llev&oacute; a la investigadora colombiana a concluir que, m&aacute;s all&aacute; de discursos que pregonan el mestizaje como pr&aacute;ctica sexual que echar&iacute;a abajo las fronteras raciales, se observa que las alianzas matrimoniales interraciales tienden a ser marginales. A&uacute;n en la actualidad el entorno suele ser adverso para las uniones interraciales, coment&oacute; Viveros, y refiri&oacute; distintas investigaciones que han mostrado c&oacute;mo&nbsp;<i>&ldquo;los imaginarios sobre estas uniones est&aacute;n plagados de sospechas y censuras&rdquo;,<\/i>&nbsp;particularmente sobre el&nbsp;<i>&ldquo;miembro m&aacute;s oscuro de la relaci&oacute;n&rdquo;<\/i>&nbsp;a quien se le atribuyen&nbsp;<i>&ldquo;motivaciones materialistas, de ascenso social o blanqueamiento, presuponiendo que &eacute;stas son m&aacute;s fuertes que las afectivas, las sexuales o las est&eacute;ticas&rdquo;.<\/i>&nbsp;La fuerza de dichos imaginarios y la sospecha que cubre las uniones interraciales suele aportar un grado adicional de presi&oacute;n sobre estas relaciones, al obligar constantemente a los miembros implicados en ellas a<i>&ldquo;demostrar la legitimidad, la autenticidad y el desinter&eacute;s de sus deseos, incluso en el marco de una relaci&oacute;n matrimonial&rdquo;.<\/i>&nbsp;Las parejas mixtas, incluso las que viven la sexualidad bajo una modalidad marital, se ven obligadas a posicionarse constantemente con relaci&oacute;n a estereotipos sexuales, como si siempre subsistiera la sospecha respecto de su car&aacute;cter desinteresado.<\/p>\n<p>Seg&uacute;n un estudio realizado en Cali con mujeres negras, afrocolombianas, urbanas y rurales heterosexuales, citado por Viveros, pese a que suelen poblar las fantas&iacute;as y deseos sexuales estereotipados de muchos hombres &ndash;ya sean blancos, mestizos o negros&ndash;, se las excluye de las relaciones sexuales estables fundadas en deseos y valores y por supuesto de las matrimoniales.&nbsp;<i>&ldquo;Ninguna mujer logra escapar a los estereotipos sexuales que pesan sobre ella. Lo que var&iacute;a es la forma y los recursos con los cuales cuenta para lidiar social e individualmente con ellos&rdquo;,<\/i>&nbsp;precis&oacute;.<\/p>\n<p>Los hallazgos de diversos autores citados en la charla acerca del mercado homoer&oacute;tico permiten establecer ciertos paralelos con el de las mujeres negras. Del mismo modo, los hombres negros homosexuales parecen ser m&aacute;s deseables para un encuentro casual que para un proyecto afectivo. Los prejuicios raciales dificultan la circulaci&oacute;n de hombres negros y travestis negras en espacios de sociabilidad gay. A pesar del supuesto car&aacute;cter deseable de los hombres negros homosexuales,&nbsp;<i>&ldquo;la negrura es vivida por ellos como un estigma y como una condici&oacute;n de inferioridad.&rdquo;<\/i><\/p>\n<p>La fantas&iacute;a sexual del hombre negro como reserva de masculinidad los hace particularmente atractivos en estos circuitos. Ciertos compa&ntilde;eros, a menudo hombres blancos, suponen que ellos deber&iacute;an asumir el papel de &ldquo;activo&rdquo; en las relaciones sexuales. La experiencia de ser negro y homosexual se convierte en algo contradictorio y envilecedor, indica la investigadora colombiana, particularmente en el caso de hombres en sectores populares que se han apropiado de ese estereotipo para afirmarse frente a los hombres blancos y a sus modelos hegem&oacute;nicos de masculinidad.&nbsp;<i>&ldquo;Para un hombre negro, ser homosexual es en cierto modo una traici&oacute;n a los supuestos criterios esenciales de definici&oacute;n de identidad racial, pero tambi&eacute;n una incongruencia en relaci&oacute;n con la imagen normativa y blanqueada que ha adquirido la identidad gay, haciendo que le resulte muy dif&iacute;cil encontrar un lugar social apropiado y un espacio pol&iacute;tico leg&iacute;timo, tanto en el movimiento LGBT como en el movimiento negro&rdquo;,<\/i>&nbsp;explica.<\/p>\n<p>Los pocos estudios sobre sexualidad realizados en comunidades ind&iacute;genas colombianas se&ntilde;alan la existencia de expresiones individuales de sexualidades no normativas, homosexuales y bisexuales. Estas sin embargo son silenciadas en las comunidades pues se supone que dichas pr&aacute;cticas son &ldquo;un problema&rdquo; del mundo occidental. En este punto, afirma la experta, no puede desconocerse la influencia que reciben de la iglesia cat&oacute;lica y de las iglesias evang&eacute;licas que reprueban dichas conductas.<\/p>\n<p><b>Turismo sexual y sexo transaccional<\/b><\/p>\n<p>De acuerdo con Viveros, encuentra pertinente la noci&oacute;n de &ldquo;sexo transaccional&rdquo; para analizar relaciones tanto en el contexto del llamado &ldquo;turismo sexual&rdquo; entre hombres negros j&oacute;venes y mujeres blancas de mayor edad con mayor poder econ&oacute;mico, as&iacute; como de &ldquo;prostituci&oacute;n&rdquo;. El concepto proviene de investigaciones llevadas a cabo en &Aacute;frica del Sur y Subsahariana con mujeres j&oacute;venes y hombres mayores y adinerados que les pagan las salidas a restaurantes o discotecas, ropa cara y objetos de lujo y ellas consideran sus boyfriends. Sus&nbsp;<i>&ldquo;conductas no pueden ser analizadas &uacute;nicamente en t&eacute;rminos de estrategias de supervivencia&rdquo;,<\/i>&nbsp;alert&oacute; la investigadora.<\/p>\n<p>Para la panelista la concepci&oacute;n del amor y del dinero como esferas que deben permanecer separadas hace que la introducci&oacute;n o no del dinero en una relaci&oacute;n sea lo que determina su naturaleza, desde el matrimonio a la prostituci&oacute;n. No obstante, se&ntilde;al&oacute;, los contextos de extrema pobreza y de desigualdades sociales que caracterizan a Am&eacute;rica Latina hacen que el imperativo moral de separar dinero de sexo no opere ni logre imponerse totalmente.&nbsp;<i>&ldquo;Esto no quiere decir que haya necesariamente relaciones de dominaci&oacute;n en estos encuentros, marcados por el car&aacute;cter unidireccional del flujo econ&oacute;mico proveniente de las mujeres blancas turistas hacia los j&oacute;venes que viven parcialmente del pago de su servicios er&oacute;tico afectivos&rdquo;,<\/i>&nbsp;precis&oacute; Viveros.<\/p>\n<p>La duraci&oacute;n de estas relaciones puede variar entre una noche o algunos d&iacute;as. Pueden asimismo adoptar formas m&aacute;s estables, mantenidas por una comunicaci&oacute;n a distancia, env&iacute;o de encargos, o incluir situaciones de cohabitaci&oacute;n, ya sea en el pa&iacute;s, o en el lugar de origen de las visitantes extranjeras. Este tipo de relaciones ha sido denominado &ldquo;turismo sentimental&rdquo;, para diferenciarlo del &ldquo;turismo sexual&rdquo;, por la duraci&oacute;n de las relaciones y el inter&eacute;s personal de las mujeres por su compa&ntilde;ero sexual y su cultura. Sin embargo, explica Viveros, esta distinci&oacute;n ha sido cuestionada por quienes ven en ella la expresi&oacute;n de una&nbsp;<i>&ldquo;concepci&oacute;n esencialista del g&eacute;nero y de la heterosexualidad&rdquo;,<\/i>&nbsp;que llevar&iacute;a a&nbsp;<i>&ldquo;aminorar u ocultar&rdquo;<\/i>&nbsp;la racializaci&oacute;n de la dominaci&oacute;n que opera en estos encuentros, y a tornar confusa la noci&oacute;n de explotaci&oacute;n sexual y de victimizaci&oacute;n.<\/p>\n<p><b>Alcances y l&iacute;mites de la categor&iacute;a mercado<\/b><\/p>\n<p>La imagen del mercado er&oacute;tico afectivo como forma de organizaci&oacute;n social a trav&eacute;s de la cual los y las oferentes, productores y vendedores, demandantes, consumidores o compradores de bienes o servicios sexuales y afectivos intercambian distintos elementos de estatus como riqueza, color de piel, belleza, juventud o deseabilidad, puede aparecer a primera vista muy sugerente, pero requiere ser problematizada, asever&oacute; al experta.<\/p>\n<p><i>&ldquo;La primera tensi&oacute;n inherente a este modelo deriva del supuesto que lo funda: que es posible la alineaci&oacute;n completa de un elemento a cambio de otro&rdquo;,<\/i>&nbsp;precis&oacute; la investigadora. De esta manera se pierde precisamente el car&aacute;cter articulado o interseccional de las distintas capacidades y sus cualidades de moldearse y configurarse mutuamente. Por ejemplo, la riqueza en manos de un hombre negro no vale lo mismo que en manos de una mujer negra, lo que significa que la negrura es m&aacute;s costosa para las mujeres que para los hombres negros. Esta situaci&oacute;n, explic&oacute; Viveros, podr&iacute;a ser entendida de manera reductora y simplista al plantear que ser mujer tiene un costo que la mujer lleva al mercado y que deval&uacute;a lo que produce, lo que perder&iacute;a de vista que el propio mercado&nbsp;<i>&ldquo;est&eacute; estructurado por el g&eacute;nero&rdquo;.<\/i><\/p>\n<p>No obstante la negrura de un c&oacute;nyuge negro no puede ser compensada totalmente por su riqueza o educaci&oacute;n, ya que la naturaleza incorporada de esta negrura le da poder de devaluar no s&oacute;lo el acto mismo del matrimonio, sino tambi&eacute;n al compa&ntilde;ero blanco a los ojos de los dem&aacute;s. As&iacute;, en una uni&oacute;n entre un var&oacute;n negro y una mujer blanca,&nbsp;<i>&ldquo;la mujer no s&oacute;lo pierde estatus social, sino prestigio como mujer al revestirse de connotaciones sexuales indeseables en una mujer blanca&rdquo;.<\/i><\/p>\n<p>Viveros enfatiz&oacute; la importancia de comprender que el sexo no es un campo ordenado &uacute;nicamente por las relaciones de g&eacute;nero, sino que juntos, la raza, el sexo, la clase, la edad, forman figuras articuladas cuyo efecto supera la suma de todas las partes. Un modelo interseccional y no aditivo de an&aacute;lisis de las elecciones de parejas entre mujeres y hombres negros de clase media permite comprender configuraciones particulares de la dominaci&oacute;n como las que viven las mujeres negras de clase media.<\/p>\n<p>El tipo y circuito de intercambios er&oacute;tico-afectivos es distinto a otros mercados del capitalismo, porque los capitales y cualidades intercambiados son literalmente encarnados, constituyen la corporalidad de las personas que los portan.&nbsp;<i>&ldquo;No pierden jam&aacute;s su v&iacute;nculo con el origen, no se borran, no se olvidan&rdquo;,<\/i>&nbsp;asever&oacute;. Estos intercambios tendr&iacute;an m&aacute;s en com&uacute;n con una econom&iacute;a del don, entendida como el intercambio de bienes inalienables, estados de dependencia rec&iacute;proca.<\/p>\n<p>Para Viveros, la segunda limitaci&oacute;n del modelo anal&iacute;tico de mercado es su concepci&oacute;n impl&iacute;cita acerca de las relaciones de poder como relaciones de dominaci&oacute;n. Seg&uacute;n Michel Foucault, el ejercicio del poder no es necesariamente violento ni su consentimiento es impl&iacute;citamente renovable. Lo que define una relaci&oacute;n de poder es un modo de coerci&oacute;n que no opera directa o inmediatamente sobre las personas, sino sobre sus propias acciones.&nbsp;<i>&ldquo;El hecho de que la coexistencia funcione a trav&eacute;s del mestizaje que es en s&iacute; mismo una articulaci&oacute;n de raza y sexo significa que la ambivalencia no es una abstracci&oacute;n, sino una experiencia vivida y una cuesti&oacute;n &iacute;ntima de cuerpos, sexo, familia, parentesco y genealog&iacute;a&rdquo;,<\/i>&nbsp;precis&oacute;.<\/p>\n<p>Una expresi&oacute;n clave de la ambivalencia caracter&iacute;stica de las relaciones interraciales es la presentaci&oacute;n simult&aacute;nea de lo negro como inferior, despreciable y a veces temible, pero al mismo tiempo atractivo y deseable, especialmente en t&eacute;rminos sexuales, detall&oacute; la investigadora. Esa paradoja, precisa, genera ansiedad:&nbsp;<i>&ldquo;mientras se incitan y refuerzan los deseos er&oacute;ticos hacia la gente negra, el racismo separa y frena el encuentro real con ellas o sin ellos en su singularidad, disuelta detr&aacute;s con la imagen de la potencia sexual de los hombres negros, y la lubricidad natural de las mujeres negras&rdquo;.<\/i><\/p>\n<p>Las ambivalencias y ansiedades que suscitan los encuentros &iacute;ntimos interraciales se relacionar&iacute;an tambi&eacute;n con los dilemas que enfrentan las personas negras en su doble conciencia de ser y no ser parte de la naci&oacute;n, de adherir a las ventajas y rechazar los constre&ntilde;imientos que les imponen ciertos estereotipos que pueden conferirles poder, pero que al mismo tiempo los limitan, explic&oacute;.<\/p>\n<p>De igual modo, las y los entrevistados negros de muchos de los estudios citados admitieron sentirse atra&iacute;dos por los valores asociados a la blancura y al mismo tiempo experimentar preocupaci&oacute;n de que esto constituya una traici&oacute;n a su propio grupo de origen y favorezca o por lo menos estimule la estigmatizaci&oacute;n de la gente negra en general, concluy&oacute; la experta.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El mestizaje y la persistencia de la raza son tambi\u00e9n asuntos sexuales. 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