{"id":935,"date":"2013-10-24T00:00:00","date_gmt":"2013-10-24T02:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/clam.org.br\/es\/2013\/10\/24\/vidas-que-merecen-ser-reproducidas\/"},"modified":"2013-10-24T00:00:00","modified_gmt":"2013-10-24T02:00:00","slug":"vidas-que-merecen-ser-reproducidas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/clam.org.br\/es\/noticias-clam\/vidas-que-merecen-ser-reproducidas\/935\/","title":{"rendered":"Vidas que merecen ser reproducidas"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: right; \"><i>por Manuel Alejandro Rodr&iacute;guez Rond&oacute;n<\/i><\/p>\n<p>Las conferencias internacionales de El Cairo (1994) y Beijing (1995) marcaron un hito en el debate sobre la participaci&oacute;n masculina tanto en el control de la fecundidad como en las pr&aacute;cticas de &quot;sexo seguro&quot;. Su impacto se refleja en la inclusi&oacute;n del tema en las pol&iacute;ticas oficiales de varios pa&iacute;ses, as&iacute; como en los programas de organizaciones no gubernamentales que ofrecen servicios de salud sexual y reproductiva. No obstante, sus alcances reales en la construcci&oacute;n de relaciones de g&eacute;nero igualitarias en los &aacute;mbitos de la sexualidad y la reproducci&oacute;n han sido cuestionados. Las bajas tasas de esterilizaci&oacute;n masculina en Am&eacute;rica Latina en comparaci&oacute;n con la extendida realizaci&oacute;n de la ligadura de trompas evidenciar&iacute;an los limitados avances en la materia. De acuerdo con el estudio <i><a href=\"http:\/\/www.engenderhealth.org\/pubs\/family-planning\/contraceptive-sterilization-factbook.php\">Contraceptive Sterilization: Global Issues and Trends<\/a><\/i> de la organizaci&oacute;n internacional Engender Health, en 2002 los porcentajes de esterilizaci&oacute;n masculina m&aacute;s altos eran registrados en algunos pa&iacute;ses de Europa Occidental (18% en el Reino Unido, 9% en Holanda y 8,3% en Suiza), Norteam&eacute;rica (16,2% en Canad&aacute; y 14,9% en Estados Unidos) y Asia (12% en Corea del Sur y 10,2% en China). Por su parte, los pa&iacute;ses latinoamericanos reportaban bajas tasas de vasectom&iacute;as. Puerto Rico (3,5%), Brasil (2,6%), Guatemala (1,5%) y Costa Rica (1,3%) ostentaban las cifras m&aacute;s altas de la regi&oacute;n.<\/p>\n<p>La raz&oacute;n de esta y otras desigualdades de g&eacute;nero ha sido com&uacute;nmente atribuida al llamado &quot;machismo latinoamericano&quot;. Sin embargo, este atributo ha sido cuestionado por  abordajes socioantropol&oacute;gicos como los de la colombiana Mara Viveros Vigoya y del norteamericano Matthew Gutmann, que plantean un panorama m&aacute;s complejo. <a href=\"http:\/\/www.bdigital.unal.edu.co\/1277\/3\/02CAPI01.pdf\">Como se&ntilde;ala Viveros (2006)<\/a>, esa explicaci&oacute;n concibe la dominaci&oacute;n masculina como un determinismo de varones que compartir&iacute;an ciertas caracter&iacute;sticas de clase y &eacute;tnico-raciales, pese a la multiplicidad de construcciones de masculinidad en la regi&oacute;n y a que el sexismo no est&aacute; circunscrito a ella. Esta noci&oacute;n tambi&eacute;n sit&uacute;a a dichos hombres en oposici&oacute;n a sus cong&eacute;neres de grupos sociales dominantes, que encarnar&iacute;an valores modernos y civilizados, incluso en materia reproductiva; lo cual queda claramente en entredicho si se observa, por ejemplo, que pa&iacute;ses que hist&oacute;ricamente se han definido en torno a dichos valores, registran bajas tasas de esterilizaciones masculinas. En Francia, por ejemplo, esa tasa es de 0,3%.<\/p>\n<p>Por su parte, Gutmann se&ntilde;ala que atribuir la baja participaci&oacute;n de los hombres latinoamericanos en la regulaci&oacute;n de la reproducci&oacute;n a factores esenciales de sus culturas puede ser algo ingenuo, si se tiene en cuenta que en el mundo existen pocas investigaciones sobre m&eacute;todos de contracepci&oacute;n para hombres y que la oferta de los mismos en el mercado es tambi&eacute;n reducida. En virtud ello, Viveros y Gutmann proponen explorar otro tipo de explicaciones relacionadas con los contextos locales, como lo que la investigadora colombiana ha denominado la emergencia de una <i>&quot;cultura anticonceptiva femenina&quot;<\/i>, as&iacute; como las negociaciones entre hombres y mujeres. Estas tienen lugar, afirma Viveros, en <i>&quot;un contexto social modelado por las relaciones de g&eacute;nero en sus dimensiones simb&oacute;licas, normativas, institucionales y subjetivas&quot;<\/i>.<\/p>\n<p>Mi propio itinerario de negociaciones en torno de la decisi&oacute;n de realizar una vasectom&iacute;a pone en evidencia c&oacute;mo pueden intervenir en la elecci&oacute;n de este m&eacute;todo una serie de expectativas sociales sobre la reproducci&oacute;n marcadas por el g&eacute;nero, la edad, la clase y la orientaci&oacute;n sexual. Dichas expectativas est&aacute;n al mismo tiempo entrelazadas con cuestiones biopol&iacute;ticas, no s&oacute;lo en el &aacute;mbito institucional, sino tambi&eacute;n en contextos aparentemente no medicalizados, lo que da cuenta de la impronta de discursos biom&eacute;dicos &ndash;e incluso del eugenismo&ndash; en el sentido com&uacute;n.<\/p>\n<p><b>El procedimiento<\/b><\/p>\n<p>El 28 de abril de 2007, dos semanas antes de cumplir 27 a&ntilde;os de edad y un a&ntilde;o despu&eacute;s de haberme ido a vivir con mi pareja, acud&iacute; con ella a una cl&iacute;nica de Profamilia (organizaci&oacute;n privada que desde los a&ntilde;os 1960 ofrece servicios m&eacute;dicos y educativos de planificaci&oacute;n familiar y que en la actualidad se especializa en salud sexual y reproductiva) con el fin de que me fuera practicada una vasectom&iacute;a. Si bien la decisi&oacute;n la hab&iacute;amos tomado pocos meses antes, el tema hab&iacute;a sido objeto de discusi&oacute;n antes de irnos a vivir juntos, durante nuestras conversaciones sobre la elecci&oacute;n de un m&eacute;todo anticonceptivo. Ambos sab&iacute;amos que no quer&iacute;amos tener hijos, motivo este de la pronta elecci&oacute;n de un m&eacute;todo definitivo. Tambi&eacute;n conoc&iacute;amos las ventajas de la vasectom&iacute;a sobre la ligadura de trompas: rapidez del procedimiento, menor tiempo de recuperaci&oacute;n, menores efectos para la salud de la persona esterilizada, entre otras. Fue por ello que optamos por la primera. Pese a que me sent&iacute;a seguro de nuestra decisi&oacute;n, a medida que se acercaba la fecha se&ntilde;alada empec&eacute; a sentir una especie de ansiedad. En la noche anterior a la intervenci&oacute;n, la ansiedad se transform&oacute; en temor y al d&iacute;a siguiente, rumbo a la cl&iacute;nica, en algo que ahora asocio con la melancol&iacute;a. Supongo que la renuncia a tener hijos se hac&iacute;a m&aacute;s definitiva y en cierta medida la experimentaba como una p&eacute;rdida.<\/p>\n<p>El recorrido para someterme a dicho procedimiento tuvo inicio un par de semanas antes: tras solicitar la realizaci&oacute;n del mismo, nos pidieron dedicar 4 &oacute; 5 d&iacute;as a pensar si ese era el m&eacute;todo m&aacute;s apropiado para nosotros como pareja. Luego deb&iacute;amos regresar para solicitar una cita de orientaci&oacute;n, que se llev&oacute; a cabo en un consultorio adornado con esquemas bidimensionales y tridimensionales del cuerpo humano y de los aparatos reproductivos masculino y femenino. All&iacute;, un hombre encargado de proveer informaci&oacute;n sobre el tema indag&oacute; los motivos por los cuales hab&iacute;amos elegido la esterilizaci&oacute;n masculina, aclarando que en ning&uacute;n momento pretend&iacute;a cuestionar tal decisi&oacute;n, sino recolectar informaci&oacute;n con fines estad&iacute;sticos. En l&iacute;neas generales, el orientador explic&oacute; en qu&eacute; consist&iacute;a el procedimiento, aunque omiti&oacute; detalles relevantes, como que el m&eacute;todo empleado ser&iacute;a la vasectom&iacute;a sin bistur&iacute;. A diferencia de la vasectom&iacute;a tradicional, &eacute;sta no contempla la realizaci&oacute;n de dos incisiones en la bolsa escrotal, sino una punci&oacute;n en la mitad de la misma a trav&eacute;s de la cual se toman los conductos deferentes, se cortan y se ligan luego de extraer un segmento de cada uno. Este m&eacute;todo fue desarrollado por el cirujano chino Li Shiungian en 1974 y goza de gran popularidad en la comunidad m&eacute;dica debido a que disminuye los costos de la operaci&oacute;n, as&iacute; como la probabilidad de que se presenten complicaciones. Asimismo, permite que el paciente se recupere m&aacute;s r&aacute;pido y retome sus actividades laborales con prontitud. Luego de confirmar que yo estaba dispuesto a someterme a dicho procedimiento, el orientador me remiti&oacute; a una enfermera que me asign&oacute; una cita con la ur&oacute;loga encargada. La m&eacute;dica, un poco m&aacute;s amable que el orientador &ndash;quien durante la cita hab&iacute;a evitado todo contacto visual conmigo&ndash;, verific&oacute; mis signos vitales, presi&oacute;n arterial y aclar&oacute; que me pod&iacute;a arrepentir incluso minutos antes de iniciar el procedimiento. Me notific&oacute; el d&iacute;a y la hora en que ser&iacute;a vasectomizado y me hizo recomendaciones generales, como rasurarme antes de acudir a la cl&iacute;nica, ir acompa&ntilde;ado y llevar ropa c&oacute;moda.<\/p>\n<p>Al llegar a la cl&iacute;nica, mi compa&ntilde;era y yo seguimos a la sala de espera. Me llam&oacute; la atenci&oacute;n el contraste en la expresi&oacute;n facial de los hombres que aguardaban a ser llamados y los que sal&iacute;an del procedimiento. Los primeros permanec&iacute;an serios, con cara de preocupaci&oacute;n y se limitaban a intercambiar breves comentarios con sus acompa&ntilde;antes, todas ellas mujeres. Los segundos sal&iacute;an con una sonrisa en el rostro y una expresi&oacute;n de satisfacci&oacute;n. Al principio supuse que se deb&iacute;a a que el temor frente al procedimiento hab&iacute;a desaparecido, luego supe que tambi&eacute;n se explicaba por la sensaci&oacute;n de bienestar de la anestesia local. Tras la salida de los hombres vasectomizados, una enfermera se asomaba a la puerta y llamaba grupos de cuatro hombres. Cuando ingres&eacute; con mis &quot;compa&ntilde;eros&quot;, la enfermera nos condujo a una sala peque&ntilde;a y nos indic&oacute; que deb&iacute;amos desnudarnos y cubrirnos con una bata. Luego fuimos llevados a un recinto m&aacute;s grande en el que se observaban dos grupos de hombres: a un lado reposaban en c&oacute;modas sillas los reci&eacute;n operados, que re&iacute;an y hablaban entre s&iacute;. A pocos metros de ellos nos encontr&aacute;bamos en silencio los reci&eacute;n llegados a la espera de instrucciones. Una enfermera nos tom&oacute; la presi&oacute;n arterial, nos dio a una pastilla de ibuprofeno y nos remiti&oacute; uno a uno a cuatro salas de cirug&iacute;a, equipadas con una camilla, un reloj en la pared (que me permiti&oacute; medir el tiempo de la cirug&iacute;a) e instrumentos quir&uacute;rgicos. Una vez all&iacute;, otra enfermera me ayud&oacute; a recostar y me inyect&oacute; un anest&eacute;sico. Mientras tanto, la ur&oacute;loga encargada del procedimiento recorr&iacute;a cada sala verificando que todo estuviese bajo control. Una vez que la anestesia hizo efecto, la doctora inici&oacute; el procedimiento que ameniz&oacute; con una breve charla en la que indag&oacute; sobre la composici&oacute;n de mi familia y los motivos por los cuales hab&iacute;a decidido esterilizarme. Transcurridos 12 minutos concluy&oacute; el procedimiento. La m&eacute;dica me mostr&oacute; los segmentos de conductos deferentes extra&iacute;dos y se despidi&oacute;. Permanec&iacute; acostado unos minutos en la camilla. Luego dos enfermeras me ayudaron a incorporarme y me condujeron en silla de ruedas a la zona de recuperaci&oacute;n, donde me reun&iacute; con los hombres que hab&iacute;an entrado conmigo y que ahora conversaban animadamente. Tras verificar que la cirug&iacute;a hab&iacute;a salido bien, otra enfermera nos condujo a los vasectomizados a la salida para que nos reencontr&aacute;ramos con nuestras acompa&ntilde;antes.<\/p>\n<p>A diferencia de las mujeres, que al tomar decisiones relacionadas con la reproducci&oacute;n, la interrupci&oacute;n de un embarazo o la postergaci&oacute;n indefinida de la maternidad, suelen experimentar una serie de constre&ntilde;imientos por parte de profesionales de la salud, en mi caso no percib&iacute; trabas institucionales que afectaran la autonom&iacute;a sobre mi cuerpo. Esto puede deberse a que solicitamos la esterilizaci&oacute;n a una entidad privada cuya pr&aacute;ctica m&eacute;dica se enmarca claramente en la perspectiva de los derechos sexuales y reproductivos. Decidimos no acudir al sistema de salud debido a que hab&iacute;amos escuchado quejas referentes a que a los solicitantes se les exig&iacute;a haber tenido hijos para realizar el procedimiento. Pese a que la legislaci&oacute;n colombiana no lo requer&iacute;a en ese momento, ni lo hace actualmente, <a href=\"http:\/\/www.bdigital.unal.edu.co\/1505\/4\/03CAPI02.pdf\">como se&ntilde;alan Mara Viveros y Fredy G&oacute;mez (1998)<\/a> las instituciones prestadoras de este servicio en el pa&iacute;s manejan criterios de idoneidad para determinar si un usuario debe ser sometido o no a la esterilizaci&oacute;n. <i>&quot;Aunque es comprensible que la vasectom&iacute;a por su car&aacute;cter irreversible suponga un proceso particular de elecci&oacute;n&quot;,<\/i> afirman los investigadores, <i>&quot;los criterios definidos por la instituci&oacute;n para la selecci&oacute;n de los pacientes responden m&aacute;s a una l&oacute;gica defensiva que pretende disminuir el n&uacute;mero de usuarios insatisfechos con su decisi&oacute;n, que a una b&uacute;squeda de decisiones libres y responsables por parte de &eacute;stos&quot;.<\/i> Actualmente, el &uacute;nico criterio no m&eacute;dico de selecci&oacute;n aplicado por Profamilia es la mayor&iacute;a de edad.<\/p>\n<p>Si bien en Colombia no existen investigaciones al respecto, afirma Viveros, puede suponerse que, como en otros pa&iacute;ses, las reacciones de los profesionales de la salud ante la esterilizaci&oacute;n masculina y femenina son marcadamente diferentes. <a href=\"http:\/\/www.e-publicacoes.uerj.br\/index.php\/SexualidadSaludySociedad\/article\/view\/3\/9\">En un art&iacute;culo reciente (2009)<\/a>, la investigadora afirma que <i>&quot;las orientaciones sexistas de las pol&iacute;ticas y los programas de los organismos prestatarios de este tipo de servicios han tenido cierta incidencia en estas decisiones&quot;.<\/i> Viveros cita un estudio realizado por Juan Guillermo Figueroa en una de las principales instituciones de salud en M&eacute;xico, La presencia de los varones en los procesos reproductivos: algunas reflexiones, publicado en 1998, que muestra <i>&quot;las diferencias en las reacciones que suscitan la ligadura de trompas y la vasectom&iacute;a en el personal m&eacute;dico. Mientras la primera no despierta pr&aacute;cticamente ninguna reticencia ni contraindicaci&oacute;n, no sucede lo mismo con la segunda&quot;.<\/i><\/p>\n<p>Como se&ntilde;alaba antes, en mi caso no percib&iacute; reacciones contrarias por parte de los profesionales de la salud a la realizaci&oacute;n de la vasectom&iacute;a. No obstante, al ser una pareja joven y sin hijos que hab&iacute;a optado por este m&eacute;todo, mi compa&ntilde;era y yo est&aacute;bamos &quot;incumpliendo&quot; con una serie de expectativas sociales en torno a la reproducci&oacute;n que, a medida que comunic&aacute;bamos la noticia a otras personas, adquir&iacute;a formas m&aacute;s concretas. Al mismo tiempo, la posici&oacute;n que ocupaba como hombre que se involucra en las decisiones reproductivas me report&oacute; tambi&eacute;n ciertos beneficios y reconocimiento, contrario a lo que relatan mujeres esterilizadas.<\/p>\n<p><b>Reproducci&oacute;n y desigualdades de g&eacute;nero<\/b><\/p>\n<p>Las decisiones en torno a la regulaci&oacute;n de la reproducci&oacute;n afectan de forma compleja tanto a hombres como a mujeres y sus efectos pueden responder a factores diversos como los motivos que llevaron a una persona o a una pareja a elegir un m&eacute;todo en lugar de otro, el grado de consentimiento en el uso del mismo (si fueron esterilizaciones forzadas, elegidas bajo alg&uacute;n tipo de constre&ntilde;imiento o decisiones m&aacute;s &quot;libres&quot;), as&iacute; como las situaciones en que tales decisiones fueron tomadas. Por lo tanto, aseverar que la esterilizaci&oacute;n afecta a las mujeres de un modo particular y a los hombres de otro podr&iacute;a parecer arriesgado. No obstante, el g&eacute;nero incide de forma diferenciada en las experiencias de hombres y mujeres esterilizados. Basta considerar, por ejemplo, que las representaciones hegem&oacute;nicas sobre la feminidad se anclan en buena medida en la capacidad reproductiva. Si bien tales representaciones se han transformado a lo largo de los a&ntilde;os, diversos factores han contribuido a que cobren nueva vigencia. En pa&iacute;ses de Europa oriental con bajas tasas de fecundidad han aparecido en los &uacute;ltimos a&ntilde;os discursos gubernamentales que postulan la vuelta a los roles tradicionales de g&eacute;nero como una forma de garantizar el desarrollo de la naci&oacute;n. En contextos donde las formas recientes de colonialismo son objeto de debate, como en Puerto Rico respecto a los Estados Unidos, <a href=\"http:\/\/rcsdigital.homestead.com\/files\/Nueva_epoca-no-10\/3-elizabez_crespo__10.pdf\">la investigadora Elizabeth Crespo Kebler<\/a> afirma que la maternidad suele ser vista como <i>&quot;el principio fundador de la naci&oacute;n y su salvaci&oacute;n&quot;,<\/i> lo que puede reforzar el rol social de las mujeres como reproductoras. A esto cabe agregar lo <a href=\"http:\/\/www.bdigital.unal.edu.co\/1278\/\">se&ntilde;alado por Viveros<\/a> respecto a la emergencia de una <i>&quot;cultura anticonceptiva femenina que excluy&oacute; a los varones de las decisiones reproductivas&quot;,<\/i> como resultado de la tradicional asignaci&oacute;n de las mujeres como objeto de las pol&iacute;ticas de planificaci&oacute;n familiar. En ese sentido, el g&eacute;nero es uno de los elementos que articulan las expectativas sociales en torno a la reproducci&oacute;n.<\/p>\n<p>Cuando mi compa&ntilde;era y yo les informamos a nuestros amigos que me hab&iacute;a sometido a la vasectom&iacute;a, las reacciones fueron diversas, aunque la noticia fue bien recibida. En medio de las expresiones de angustia y dolor, los hombres me felicitaron por la valent&iacute;a que hab&iacute;a demostrado al tomar esa decisi&oacute;n. Algunos brindaron por m&iacute; y me trataron como si hubiese llevado a cabo una haza&ntilde;a extraordinaria. Esta reacci&oacute;n se correspond&iacute;a con el tono &eacute;pico de mi relato. Ninguno cuestion&oacute; mi masculinidad. Por su parte, las mujeres escucharon atentamente y no falt&oacute; el reproche expresado <i>sotto voce<\/i> de alguna a su compa&ntilde;ero por no seguir dicho ejemplo.<\/p>\n<p>Respecto a la forma como los hombres vasectomizados se refieren a su experiencia, Viveros y G&oacute;mez (1998) afirman que ellos <i>&quot;no definen en forma neutra su decisi&oacute;n: la vanidad permea sus palabras, y se pueden percibir algunos rasgos de exageraci&oacute;n en su relato que los describe como h&eacute;roes modernos. Las mujeres mismas hablan con orgullo de estos hombres, sobredimensionando el valor de su decisi&oacute;n&quot;.<\/i> Los investigadores colombianos explican que esto se debe, en buena medida, a que <i>&quot;los hombres que se practican la vasectom&iacute;a son conscientes del car&aacute;cter inusual de su decisi&oacute;n en el contexto colombiano y se sienten por lo tanto diferentes y mejores que los dem&aacute;s, m&aacute;s evolucionados, menos arcaicos&quot;.<\/i> Tambi&eacute;n se&ntilde;alan que un factor que interviene en la decisi&oacute;n por la vasectom&iacute;a tiene que ver con los discursos que promueven un modelo igualitario de g&eacute;nero, a los cuales los hombres se sentir&iacute;an culpables de no adherir. Es por ello que, en este contexto, la vasectom&iacute;a suele ser vista como una opci&oacute;n progresista, idea reforzada por instituciones de salud que ofrecen este m&eacute;todo como la elecci&oacute;n que har&iacute;a un hombre racional, moderno y civilizado. Estos elementos contribu&iacute;an a configurar un lugar privilegiado que me hac&iacute;a digno de reconocimiento por parte de mis amigos.<\/p>\n<p>Sin embargo, el supuesto progresismo de los hombres vasectomizados suele contrastar con sus relatos. Recuerdo que luego de la cirug&iacute;a, mientras hablaba con otros hombres en la sala de recuperaci&oacute;n, uno de ellos me dijo mientras gui&ntilde;aba un ojo que &quot;ahora s&iacute; pod&iacute;amos hacer tiro libre&quot;, aludiendo no s&oacute;lo a la supuesta superfluidad del uso del cond&oacute;n en las futuras relaciones sexuales, sino tambi&eacute;n a que nos hab&iacute;amos librado del temor a tener hijos en relaciones extramaritales. Afirmaciones similares son rese&ntilde;adas por Viveros y G&oacute;mez (1998), en las que se observa la transformaci&oacute;n de la vasectom&iacute;a <i>&quot;en un instrumento al servicio de [la] virilidad [de los hombres]&quot;,<\/i> que les permite <i>&quot;ejercer su sexualidad sin limitaciones de ninguna &iacute;ndole y sin consecuencias, es decir, soslayando las eventuales responsabilidades que esta libertad podr&iacute;a acarrearle[s]&quot;.<\/i> Es por ello que, para Viveros (2002), la vasectom&iacute;a puede ser apropiada por algunos hombres como un modo de ejercer relaciones de poder sobre las mujeres. En ese sentido, explica, es preciso matizar <i>&quot;el estereotipo seg&uacute;n el cual la vasectom&iacute;a es un m&eacute;todo utilizado fundamentalmente por hombres con ciertas caracter&iacute;sticas (pertenencia a los sectores medios o altos, un buen nivel de escolaridad y juventud) y constituye una opci&oacute;n progresista en s&iacute; misma&quot;.<\/i> Gutmann (2005) se&ntilde;ala algo similar en su <a href=\"http:\/\/papers.ssrn.com\/sol3\/papers.cfm?abstract_id=2293694\">investigaci&oacute;n con hombres vasectomizados en Oaxaca<\/a>. Seg&uacute;n el antrop&oacute;logo norteamericano, no existe un perfil sociodemogr&aacute;fico claro relacionado con la edad, los ingresos, el nivel educativo o la pertenencia a alg&uacute;n grupo &eacute;tnico en particular en estos hombres.<\/p>\n<p>En el caso de las mujeres esterilizadas, si bien dicha experiencia adquiere distintos significados, difiere diametralmente de la de los hombres vasectomizados. En una <a href=\"http:\/\/www.scielo.br\/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S0102-311X1998000500016&amp;lng=pt&amp;nrm=iso\">investigaci&oacute;n sobre percepciones respecto a la ligadura de trompas entre mujeres esterilizadas en la ciudad de Florian&oacute;polis<\/a>, la soci&oacute;loga brasile&ntilde;a Luzinete Sim&otilde;es Minella explica que este procedimiento puede representar tanto un elemento de liberaci&oacute;n como un factor de opresi&oacute;n para las mujeres, con efectos negativos especialmente para las m&aacute;s j&oacute;venes. Adem&aacute;s de los frecuentes problemas de salud relatados por las entrevistadas, fueron reportados otros relacionados con la p&eacute;rdida del deseo sexual (a una de ellas su compa&ntilde;ero la acus&oacute; de <i>&quot;haber quedado fr&iacute;a como una nevera&quot;<\/i>) y depresiones. Varias mujeres afirman no haber sido informadas adecuadamente sobre los efectos de la cirug&iacute;a, por lo que, de haberlos conocido, no se habr&iacute;an sometido a ella. Tambi&eacute;n se&ntilde;alan haber sido constre&ntilde;idas por los m&eacute;dicos para que tomaran dicha decisi&oacute;n en el momento de su &uacute;ltimo parto. Otras vieron afectada su feminidad de forma negativa: lamentaban no poder procrear m&aacute;s, afirmaban sentirse <i>&quot;vac&iacute;as por dentro&quot;<\/i>, <i>&quot;castradas&quot;<\/i>, <i>&quot;culpables&quot;<\/i> ante Dios porque la Iglesia no aprobaba dicho procedimiento y frente a sus compa&ntilde;eros por la disminuci&oacute;n del deseo sexual. Mi compa&ntilde;era se&ntilde;ala que ha escuchado comentarios de mujeres esterilizadas que sienten verg&uuml;enza de ello y cuando lo confiesan lo hacen con bastante pudor, debido a que con la p&eacute;rdida de la capacidad reproductiva habr&iacute;an perdido una parte importante de lo que las hace mujeres. A diferencia de los hombres, para ellas la esterilizaci&oacute;n no representa algo de qu&eacute; ufanarse.<\/p>\n<p>El lugar que ocupan el placer y el desempe&ntilde;o sexual en los discursos sobre la esterilizaci&oacute;n tambi&eacute;n ponen en evidencia las inequidades de g&eacute;nero. Gutmann (2005) observa que ninguno de los manuales usados por los servicios de salud en Oaxaca para instruir al personal sobre los procedimientos de ligadura de trompas menciona si las mujeres experimentar&aacute;n placer luego del procedimiento, mientras que los que versan sobre la vasectom&iacute;a enfatizan la importancia de aclararle a los hombres que no perder&aacute;n habilidades para disfrutar del sexo ni potencia sexual. El antrop&oacute;logo se&ntilde;ala que en ese contexto la sexualidad masculina es abordada como una <i>&quot;ilusi&oacute;n tot&eacute;mica&quot;<\/i> tanto por el conocimiento popular como por los m&eacute;dicos, en la medida en que es naturalizada <i>&quot;como una entidad fija y como algo totalmente distinto de la sexualidad femenina&quot;.<\/i> As&iacute;, explica, <i>&quot;la relaci&oacute;n entre vasectom&iacute;a y virilidad est&aacute; &iacute;ntimamente conectada a la existente entre vasectom&iacute;a y placer sexual&quot;.<\/i> Para Gutmann, dicha ilusi&oacute;n tot&eacute;mica oculta las desigualdades de g&eacute;nero en materia de salud reproductiva y sexualidad con relaci&oacute;n a la anticoncepci&oacute;n. Y pese a los esfuerzos de las instituciones de salud para involucrar m&aacute;s a los hombres en este &aacute;mbito, considera que estos estar&aacute;n destinados al fracaso mientras no aborden las causas subyacentes de su reticencia, as&iacute; como las citadas desigualdades de g&eacute;nero.<\/p>\n<p>Pese a no ser un m&eacute;todo anticonceptivo, la histerectom&iacute;a afecta la capacidad reproductiva de las mujeres y en dicho procedimiento tambi&eacute;n entran en juego valoraciones de g&eacute;nero relacionadas con los sistemas reproductivos femenino y masculino. <a href=\"http:\/\/www.bdigital.unal.edu.co\/1539\/3\/02CAPI01.pdf\">En un art&iacute;culo sobre los discursos m&eacute;dicos en torno a la reproducci&oacute;n femenina<\/a>, la antrop&oacute;loga colombiana Patricia Tovar (2006) relata una cierta banalizaci&oacute;n del mal que la afectaba por parte de los m&eacute;dicos durante las consultas antes de ser sometida a este procedimiento. Estos empleaban analog&iacute;as  que comparaban los tumores en su &uacute;tero con frutas y se refer&iacute;an al mismo de forma despectiva, como algo de lo que deb&iacute;a deshacerse ya que, adem&aacute;s de estar enfermo, no lo iba a usar para reproducirse. Dicho &oacute;rgano s&oacute;lo le servir&iacute;a para exponerla a problemas de salud como el que la aquejaba y a otros m&aacute;s graves. Ese modo de referirse al aparato reproductor femenino no es un hecho aislado. Por el contrario, se inscribe en visiones m&aacute;s profundas del saber m&eacute;dico sobre el cuerpo de los hombres y las mujeres.<\/p>\n<p>En <a href=\"http:\/\/www.math.jussieu.fr\/~daubin\/cours\/Textes\/Martin_EggSperm.pdf\"><i>The egg and the sperm: how science has constructed a romance based on stereotypical male-female roles<\/i> (1991)<\/a>, la antrop&oacute;loga norteamericana Emily Martin aborda las representaciones sobre el espermatozoide y el &oacute;vulo en textos de ense&ntilde;anza de la carrera de medicina de la Universidad Johns Hopkins. Dichos libros, afirma Martin, describen de forma diferenciada la fisiolog&iacute;a reproductiva masculina y femenina. La primera es objeto de maravillosas descripciones respecto al car&aacute;cter productivo de la espermatog&eacute;nesis. Los autores m&eacute;dicos elogian la cantidad de espermatozoides que un macho humano puede producir en un d&iacute;a, as&iacute; como la gran extensi&oacute;n de los t&uacute;bulos semin&iacute;feros encargados de dicha tarea. Por su parte, la menstruaci&oacute;n es descrita como una <i>&quot;falla&quot;<\/i>, como la <i>&quot;p&eacute;rdida&quot;<\/i> o <i>&quot;evacuaci&oacute;n de escombros&quot;<\/i> del &uacute;tero, en la que abundan palabras como <i>&quot;cesar&quot;<\/i>, <i>&quot;morir&quot;<\/i>, <i>&quot;perder&quot;<\/i>. El modelo comparativo masculino\/femenino, explica Martin, se corresponde de este modo con los t&eacute;rminos productivo\/destructivo. En el caso de la ovulaci&oacute;n, que ser&iacute;a el proceso an&aacute;logo a la espermatog&eacute;nesis, las descripciones enfatizan que los fol&iacute;culos ovarianos que contienen los &oacute;vulos est&aacute;n presentes desde el nacimiento. As&iacute;, lejos de ser producidos permanentemente como en el caso de los hombres, cuyas c&eacute;lulas germinales son <i>&quot;frescas&quot;<\/i>, los &oacute;vulos est&aacute;n <i>&quot;almacenados&quot;<\/i>, <i>&quot;degener&aacute;ndose lentamente&quot;<\/i> y <i>&quot;envejeciendo&quot;<\/i> como los productos de un <i>&quot;inventario abarrotado&quot;.<\/i> La autora sostiene que si bien algunos hechos de la biolog&iacute;a no son siempre construidos en t&eacute;rminos culturales, en este caso lo son y reproducen estereotipos sobre lo masculino y lo femenino. Asimismo, podr&iacute;a afirmarse lo contrario: buena parte de los prejuicios y estereotipos que circulan en la cultura suelen apoyarse en ideas provenientes de la biolog&iacute;a o la medicina, que si bien pueden haber perdido legitimidad en dichas disciplinas, gozan de gran vigencia en el sentido com&uacute;n.<\/p>\n<p><b>Orientaci&oacute;n sexual, clase, edad y vidas que merecen ser reproducidas<\/b><\/p>\n<p>Si la relaci&oacute;n entre g&eacute;nero y esterilizaci&oacute;n masculina de alg&uacute;n modo me favoreci&oacute;, otros marcadores como la orientaci&oacute;n sexual y la clase suscitaron cuestionamientos respecto a las expectativas reproductivas que sobre m&iacute; reca&iacute;an.<\/p>\n<p><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" width=\"322\" vspace=\"5\" hspace=\"5\" align=\"left\" height=\"259\" src=\"\/uploads\/imagem\/cuatro_hombres_tres_mujeres_y_tres_nenes_hacen_una_familia(1).jpg\" alt=\"\" \/>En esa &eacute;poca, yo trabajaba en una entidad adscrita a la Alcald&iacute;a Mayor de Bogot&aacute; encargada de las pol&iacute;ticas culturales de la ciudad. El d&iacute;a anterior a la cirug&iacute;a, habl&eacute; con mi jefe para explicarle que no acudir&iacute;a al trabajo los d&iacute;as siguientes, debido a una licencia m&eacute;dica. &Eacute;l me pregunt&oacute; a qu&eacute; intervenci&oacute;n me someter&iacute;a y luego de explicarle se&ntilde;al&oacute; que no hab&iacute;a ning&uacute;n problema y que pod&iacute;a tomarme m&aacute;s d&iacute;as si lo deseaba. Al retornar, tres d&iacute;as m&aacute;s tarde, una compa&ntilde;era de oficina me pregunt&oacute; el motivo por el cual no hab&iacute;a ido a trabajar. Ella, que durante mi ausencia  hab&iacute;a celebrado con otros compa&ntilde;eros de oficina la feliz noticia de su embarazo, se mostr&oacute; contrariada y se&ntilde;al&oacute; que yo era muy joven para tomar esa decisi&oacute;n. El rumor recorri&oacute; los pasillos y se convirti&oacute; en tema de conversaci&oacute;n a hurtadillas. Un compa&ntilde;ero de trabajo, en una conversaci&oacute;n con mi jefe, le expres&oacute; su preocupaci&oacute;n porque yo hubiese tomado una decisi&oacute;n tan importante a esa edad. Dos elementos llamaron mi atenci&oacute;n: el primero es que, quienes hasta ese momento hab&iacute;an se&ntilde;alado mi supuesta inmadurez para renunciar a la paternidad eran personas con edades cercanas a la m&iacute;a. Ambas se encontraban en relaciones heterosexuales y hab&iacute;an decidido que, en ese momento o despu&eacute;s, tendr&iacute;an hijos y conformar&iacute;an una familia seg&uacute;n un modelo &quot;tradicional&quot;. El segundo es que quienes mostraron cierta empat&iacute;a fueron dos personas homosexuales. Mi jefe, un hombre cercano a los 45 a&ntilde;os de edad y soltero en ese momento, respondi&oacute; a estos comentarios se&ntilde;alando que &eacute;l hab&iacute;a tomado la decisi&oacute;n de no tener hijos a una edad todav&iacute;a m&aacute;s temprana, pero que, como todos conoc&iacute;an su orientaci&oacute;n sexual, nadie la hab&iacute;a cuestionado. La otra persona fue una colega que se identifica como lesbiana y feminista, que tras enterarse de la cirug&iacute;a acudi&oacute; a mi puesto de trabajo para averiguar c&oacute;mo me encontraba y ofrecerme su ayuda en la realizaci&oacute;n de tareas simples que podr&iacute;an ser inc&oacute;modas luego de un procedimiento de este tipo. La relaci&oacute;n entre reproducci&oacute;n y orientaci&oacute;n sexual se hac&iacute;a visible en ese momento de forma inusitada. Las expectativas reproductivas que pesaban sobre m&iacute; y a las que yo no hab&iacute;a respondido adecuadamente proven&iacute;an de personas heterosexuales, con quienes yo no manten&iacute;a una relaci&oacute;n cercana; es decir que no ten&iacute;an que ver tanto con expectativas personales, sino m&aacute;s en sus valores acerca de la reproducci&oacute;n. Mi decisi&oacute;n parec&iacute;a diferir de lo que la gente espera de un joven profesional, blanco-mestizo, de clase media a quien perciben como heterosexual, a diferencia de lo que esperar&iacute;an de alguien que distara de cumplir con estas caracter&iacute;sticas.<\/p>\n<p>Ese a&ntilde;o tramitaba en el Congreso de la Rep&uacute;blica un proyecto para reglamentar la eutanasia, que hab&iacute;a sido despenalizada en el pa&iacute;s por la Corte Constitucional 10 a&ntilde;os atr&aacute;s. En ese momento, como ahora, el Congreso se hab&iacute;a negado a legislar sobre el tema, lo que dificultaba su implementaci&oacute;n. El debate p&uacute;blico toc&oacute; puntos comunes con la discusi&oacute;n acerca de la esterilizaci&oacute;n voluntaria, que hacen evidentes las cuestiones  biopol&iacute;ticas en juego en ambos temas. Si hay sectores de la sociedad que no esperan que las personas homosexuales se reproduzcan, esto no se debe solamente a que la paternidad se haya constituido como aspiraci&oacute;n natural sola y exclusivamente de las parejas heterosexuales, que no aplicar&iacute;a para las del mismo sexo. Las expectativas reproductivas, en este caso, asumen su sentido m&aacute;s literal. Dicho de otro modo, existe la &quot;esperanza&quot; de que las parejas homosexuales, entre otras, no se reproduzcan.<\/p>\n<p>El otrora precandidato conservador a la presidencia de Colombia, Jos&eacute; Galat, f&eacute;rreo opositor a la despenalizaci&oacute;n del aborto y al reconocimiento de derechos de lesbianas, gays, bisexuales y trans, hab&iacute;a publicado el mes anterior una <a href=\"http:\/\/www.excelsio.net\/2007\/03\/eutanasia.html\">nota de opini&oacute;n<\/a> en la que argumentaba la inconveniencia de la eutanasia en Colombia. En el documento discurr&iacute;a sobre la importancia de defender la vida y afirmaba que &eacute;sta no le pertenec&iacute;a &uacute;nicamente al individuo, sino que ten&iacute;a una larga cadena de propietarios que culminaba en la sociedad. La vida, afirmaba Galat, tiene una funci&oacute;n social y una utilidad que le confieren valor en t&eacute;rminos econ&oacute;micos (como fuerza de trabajo), pero tambi&eacute;n espirituales, intelectuales y morales. Si bien los enfermos terminales no aportan econ&oacute;micamente a la naci&oacute;n, explicaba, pod&iacute;an hacerlo en estos otros &aacute;mbitos, por lo que su vida a&uacute;n ten&iacute;a valor. En oposici&oacute;n al argumento de la Corte Constitucional para despenalizar la eutanasia (seg&uacute;n el cual la vida era un derecho al que pod&iacute;a un individuo renunciar en funci&oacute;n de su derecho no s&oacute;lo a la vida, sino a aspirar a una vida digna), Galat argumentaba que la vida era un deber del individuo para con la sociedad. Galat se&ntilde;alaba tambi&eacute;n que dejar a cargo &uacute;nicamente del individuo la toma de decisiones sobre la vida puede ser contraproducente para la sociedad. Presentaba como ejemplo al <i>&quot;drogadicto&quot;<\/i> quien, en su opini&oacute;n, no s&oacute;lo se provoca da&ntilde;o a s&iacute; mismo, al <i>&quot;degenerarse&quot;,<\/i> sino que tambi&eacute;n constituye un potencial <i>&quot;peligro&quot;<\/i> para la sociedad, adem&aacute;s de ser un <i>&quot;par&aacute;sito social&quot;,<\/i> un <i>&quot;sujeto in&uacute;til&quot;<\/i> y <i>&quot;da&ntilde;ino&quot;.<\/i> Dicho de otro modo, la vida del <i>&quot;drogadicto&quot;<\/i> carece de valor econ&oacute;mico, espiritual, intelectual y moral. Estas afirmaciones, luego de una tenaz defensa de la vida, ponen en evidencia que este referente, &quot;la vida&quot;, connota m&aacute;s de una cosa. Hay vidas que tienen valor y vidas que ponen en riesgo otras vidas; hay vidas que merecen ser vividas y, por ende, existen otras que no. <i>&quot;La vida&quot;,<\/i> se&ntilde;ala Galat, <i>&quot;no se limita s&oacute;lo a modalidades f&iacute;sicas o biol&oacute;gicas, sino que tambi&eacute;n se expresa en m&uacute;ltiples y variadas formas. De aqu&iacute; que no s&oacute;lo en sentido metaf&oacute;rico, sino inclusive propio, se puede hablar, por ejemplo, de vida matrimonial, vida familiar, vida econ&oacute;mica, vida moral, espiritual, etc&quot;.<\/i> Este desdoblamiento del t&eacute;rmino &quot;vida&quot; tiene una larga historia.<\/p>\n<p>En el primer volumen de su trilog&iacute;a <i>Homo Sacer,<\/i> el fil&oacute;sofo italiano Giorgio Agamben se&ntilde;ala que los griegos no pose&iacute;an un &uacute;nico t&eacute;rmino para referirse a lo que nosotros denominamos &quot;vida&quot;, sino dos: <i>z\u014de,<\/i> que nombra el <i>&quot;simple hecho de vivir com&uacute;n a todos los seres vivos&quot;<\/i> y <i>b&iacute;os, <\/i> <i>&quot;que indicaba la forma o manera de vivir propia de un individuo o de un grupo&quot;,<\/i> esto es, no la vida natural, sino la <i>&quot;vida calificada&quot;.<\/i> En la actualidad, ambos sentidos conviven en la misma palabra y, para el fil&oacute;sofo, la separaci&oacute;n entre lo que &eacute;l denomina la <i>&ldquo;vida nuda&rdquo;<\/i> y las formas de vida constituye el fundamento de la soberan&iacute;a (sobre la vida). Una de las consecuencias m&aacute;s extremas de esta separaci&oacute;n se habr&iacute;a manifestado en el genocidio perpetrado por los nazis. No obstante, Agamben enfatiza que la vida nuda no s&oacute;lo existe en el campo de concentraci&oacute;n, sino tambi&eacute;n en la pol&iacute;tica.<\/p>\n<p>Al examinar esta diferenciaci&oacute;n en el &aacute;mbito reproductivo, podr&iacute;a afirmase que socialmente hay vidas calificadas para reproducir la vida y hay otras que no, lo cual queda en evidencia al observar las expectativas reproductivas de la sociedad. Estoy seguro de que la frustraci&oacute;n de las esperanzas de reproducci&oacute;n depositadas por otros en m&iacute; (algunos pr&aacute;cticamente desconocidos) respond&iacute;an no s&oacute;lo a que estaba anulando la posibilidad de reproducir fuerza de trabajo, sino a que aspectos como el g&eacute;nero, la orientaci&oacute;n sexual, la clase, la edad y las caracter&iacute;sticas &eacute;tnico-raciales me ubicaban en el grupo de las vidas que merecen ser reproducidas. La historia de la eugenesia da clara cuenta de c&oacute;mo estas expectativas no eran un asunto individual sino que pesaban sobre poblaciones enteras. Si bien, <a href=\"http:\/\/www.clam.org.br\/es\/entrevistas\/conteudo.asp?cod=10170\">como se&ntilde;ala la antrop&oacute;loga Claudia Rivera Amarillo<\/a>, el movimiento eugen&eacute;sico sufri&oacute; una ca&iacute;da en los discursos y disciplinas biom&eacute;dicas despu&eacute;s de la segunda guerra mundial; estos no fueron desterrados del todo e hicieron mella en el sentido com&uacute;n. En este sentido, considero relevante examinar el modo en que expectativas reproductivas, discursos m&eacute;dicos y biopol&iacute;tica se articulan en la oferta, elecci&oacute;n y promoci&oacute;n de m&eacute;todos de esterilizaci&oacute;n. &iquest;Acaso habr&iacute;a tenido el mismo impacto mi esterilizaci&oacute;n si hubiese sido mujer, ind&iacute;gena o pobre?<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Diversas reacciones ante la decisi\u00f3n personal de realizar una vasectom\u00eda llevan al autor de esta nota a reflexionar sobre el papel de las diferencias de g\u00e9nero, clase, edad y raza en las expectativas sociales acerca de la reproducci\u00f3n.  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