{"id":947,"date":"2013-12-12T00:00:00","date_gmt":"2013-12-12T02:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/clam.org.br\/es\/2013\/12\/12\/dichos-y-entredichos-de-la-violacion\/"},"modified":"2013-12-12T00:00:00","modified_gmt":"2013-12-12T02:00:00","slug":"dichos-y-entredichos-de-la-violacion","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/clam.org.br\/es\/noticias-clam\/dichos-y-entredichos-de-la-violacion\/947\/","title":{"rendered":"Dichos y entredichos de la violaci\u00f3n"},"content":{"rendered":"<p>Fuerte pol&eacute;mica provocaron en Colombia las declaraciones p&uacute;blicas del due&ntilde;o de un famoso restaurante desvirtuando la denuncia de una violaci&oacute;n que habr&iacute;a tenido lugar en su establecimiento. Sus dichos reactivaban dos tipos de argumentos, que no dejan de ser frecuentes ante estas situaciones. Por un lado <a href=\"http:\/\/www.clam.org.br\/noticias-clam\/conteudo.asp?cod=10553\">se acusa a la v&iacute;ctima de ser responsable por la agresi&oacute;n<\/a>, que ella supuestamente habr&iacute;a provocado al no acogerse a las normas de castidad que, para cierto punto de vista, rigen la conducta femenina. Por otro, al involucrar a padres, esposos o hermanos de la v&iacute;ctima, que no habr&iacute;an controlado adecuadamente la conducta de sus mujeres, se evoca una idea de honra que subordina su sexualidad a la tutela masculina. La visibilidad medi&aacute;tica del caso y las reacciones generadas parecen indicar el cuestionamiento de c&oacute;digos er&oacute;ticos que refuerzan la desigualdad entre hombres y mujeres. Sin embargo, decisivo para el caso fue que este tuviera lugar en un contexto de &eacute;lite, donde ciertos c&oacute;digos de &lsquo;correcci&oacute;n pol&iacute;tica&rsquo; tambi&eacute;n han adquirido vigencia. Con ellos contrastan las alarmantes cifras de violencia sexual contra mujeres en el resto del pa&iacute;s.<\/p>\n<p>El pasado mes de noviembre, el padre de una joven de 19 a&ntilde;os denunci&oacute; que su hija hab&iacute;a sido violada en el parqueadero del restaurante Andr&eacute;s Carne de Res, ubicado en el municipio de Ch&iacute;a, cerca a Bogot&aacute;. De acuerdo con la reconstrucci&oacute;n judicial de lo sucedido, la mujer lleg&oacute; al lugar la noche del 1&ordm; de noviembre acompa&ntilde;ada de un grupo de amigas, entabl&oacute; conversaci&oacute;n con dos hombres &ndash;uno de ellos el acusado&ndash; con quienes bail&oacute; e ingiri&oacute; alcohol. Seg&uacute;n uno de los trabajadores del lugar, el acusado condujo a la mujer, quien caminaba con dificultad debido a su estado de embriaguez, a un lugar oscuro ubicado en el parqueadero del lugar, tuvo relaciones sexuales con ella y, tras intentar reanimarla, la dej&oacute; tendida en el suelo. An&aacute;lisis m&eacute;dicos se&ntilde;alaron que ella sufr&iacute;a un alto nivel de intoxicaci&oacute;n por consumo de alcohol.<\/p>\n<p>Tras conocerse la denuncia, Andr&eacute;s Jaramillo, propietario del lugar, afirm&oacute; en entrevista radial que era importante analizar <i>&quot;qu&eacute; pasa con una ni&ntilde;a de 20 a&ntilde;os que llega con sus amigas, que es dejada por su padre a la buena de Dios. [Si] Llega vestida con un sobretodo y debajo tiene una minifalda, pues a qu&eacute; est&aacute; jugando. Para que ella despu&eacute;s de excomulgar pecados con el padre diga que la violaron&quot;.<\/i> En su descargo sugiri&oacute; tambi&eacute;n que la denuncia responder&iacute;a al inter&eacute;s en desprestigiar su establecimiento, al poner en entredicho su seguridad, y agreg&oacute; que, en todo caso, &eacute;l no pod&iacute;a controlar la cantidad de alcohol que consum&iacute;an sus clientes.<\/p>\n<p>Un grupo de mujeres congresistas, entre ellas la senadora Gloria In&eacute;s Ram&iacute;rez &ndash;autora de un proyecto de ley que busca tipificar la violaci&oacute;n como crimen de lesa humanidad&ndash;, cuestion&oacute; las declaraciones del empresario, que al justificar la agresi&oacute;n y responsabilizar a la mujer por lo sucedido no hac&iacute;an sino revictimizarla. En medio de un despliegue medi&aacute;tico pocas veces visto en estos casos, organizaciones sociales convocaron un plant&oacute;n frente a una de las sedes del restaurante, en el que mujeres vestidas con minifalda protestaban exigiendo respeto a su autonom&iacute;a sexual.<\/p>\n<p>El evento se dio en un contexto de alerta ante las graves proporciones de la violencia sexual en Colombia, que suma sentido al repudio frente a lo sucedido. Un reporte del Instituto de Medicina Legal se&ntilde;ala que entre enero y septiembre de este a&ntilde;o fueron reportados 11.333 casos de violencia sexual contra menores de edad, de los cuales 83% corresponden a ni&ntilde;as. Seg&uacute;n el documento, esto equivale a que cada hora dos ni&ntilde;as son v&iacute;ctimas de violencia sexual en el pa&iacute;s. Por su parte, en su 56&ordm; per&iacute;odo de sesiones el Comit&eacute; CEDAW advirti&oacute; sobre la gravedad de este tipo de violencia en el marco del conflicto armado y se&ntilde;al&oacute; que las mujeres campesinas, ind&iacute;genas y afrocolombianas son las m&aacute;s afectadas por las agresiones sexuales perpetradas por actores armados.<\/p>\n<p>Si bien la violencia interna de Colombia contribuye de manera ostensible al agravamiento de esta problem&aacute;tica, organizaciones sociales han afirmado que la violencia sexual al margen del conflicto armado y en contextos urbanos tambi&eacute;n ha registrado una preocupante escalada en los &uacute;ltimos a&ntilde;os. Seg&uacute;n datos recopilados en un <a href=\"http:\/\/www.dejusticia.org\/admin\/file.php?table=documentos_publicacion&amp;field=archivo&amp;id=331\">informe alternativo sobre derechos de las mujeres en Colombia presentado al comit&eacute; de la CEDAW de Naciones Unidas<\/a>, la tasa de violencia sexual registrada entre 2010 y 2011 ha subido a 49 casos por 100.000 habitantes, la m&aacute;s alta del &uacute;ltimo decenio. A la expresividad de esas cifras se suma el caso reciente de una ni&ntilde;a de 11 a&ntilde;os que fue violada y asesinada en su casa en Bogot&aacute;.<\/p>\n<p>Sin embargo, este lamentable panorama no es nuevo en Colombia. Organizaciones sociales vienen denunciando la grave situaci&oacute;n de los derechos de las mujeres en el pa&iacute;s. Las agresiones involucran desde pr&aacute;cticas de control sobre su vida cotidiana hasta ataques con &aacute;cido. Seg&uacute;n la <a href=\"http:\/\/www.minsalud.gov.co\/Documentos%20y%20Publicaciones\/ENCUESTA%20NACIONAL.pdf\">Encuesta Nacional de Salud 2007<\/a>, 15,6% de las mujeres casadas o en uni&oacute;n libre depende de la autorizaci&oacute;n de su c&oacute;nyuge para salir solas a la calle y <a href=\"http:\/\/www.elcolombiano.com\/BancoConocimiento\/C\/colombia_ocupa_el_primer_lugar_en_el_mundo_en_ataques_con_acido_contra_mujeres\/colombia_ocupa_el_primer_lugar_en_el_mundo_en_ataques_con_acido_contra_mujeres.asp\">Colombia es el pa&iacute;s que registra el mayor n&uacute;mero de ataques con &aacute;cido contra mujeres en el mundo<\/a>. Igualmente alarmante son las distintas formas de violencia sexual (violaci&oacute;n, esclavitud sexual, tr&aacute;fico de mujeres con fines de explotaci&oacute;n sexual, entre otras) relacionadas y no relacionadas con el conflicto armado, as&iacute; como los feminicidios. En la regi&oacute;n, el pa&iacute;s ocupa uno de los primeros lugares en n&uacute;mero de mujeres asesinadas con armas de fuego y cortopunzantes.<\/p>\n<p>Por otra parte, muestra del grado de banalizaci&oacute;n a que ha llegado la violencia sexual contra mujeres es que en el caso citado haya sido el due&ntilde;o del restaurante, y no el acusado, el primero en salir a desvirtuar p&uacute;blicamente la denuncia. Del mismo modo, la Fiscal&iacute;a de Cundinamarca archiv&oacute; el caso con inusitada celeridad, al dictaminar que no existir&iacute;an evidencias que permitan comprobar que la mujer fue violada. Lo hizo en menos de 10 d&iacute;as, algo que, <a href=\"http:\/\/www.semana.com\/nacion\/articulo\/caso-andres-carne-de-res-punto-de-cerrarse\/366158-3\">como afirma la revista Semana<\/a>, <i>&ldquo;se puede considerar un r&eacute;cord investigativo frente a otros asuntos similares&rdquo;.<\/i><\/p>\n<p><b>Politizar el g&eacute;nero y la sexualidad<\/b><\/p>\n<p>En un texto sobre violencia sexual, consentimiento y poder publicado en castellano en 2008, intitulado <i><a href=\"http:\/\/codex.colmex.mx:8991\/exlibris\/aleph\/a18_1\/apache_media\/YC1VX43GAD3RB3JRV9FT61LTCN6G2C.pdf\">Somnolencia de Foucault<\/a>,<\/i> el soci&oacute;logo franc&eacute;s Eric Fassin se&ntilde;ala que el cuestionamiento de las jerarqu&iacute;as de g&eacute;nero y la dominaci&oacute;n masculina a que lleva la politizaci&oacute;n del g&eacute;nero y la sexualidad pone en duda los c&oacute;digos er&oacute;ticos de la sociedad. Para el soci&oacute;logo, dicha politizaci&oacute;n constituye <i>&ldquo;una extensi&oacute;n del &aacute;mbito de la deliberaci&oacute;n democr&aacute;tica&rdquo;<\/i> propia de las sociedades democr&aacute;ticas contempor&aacute;neas. Esta se hace especialmente visible en el caso del acoso sexual y la violaci&oacute;n. Seg&uacute;n su argumento, al castigar conductas como la violaci&oacute;n o el &lsquo;atentado al pudor sin violencia&rsquo; (nombre que recibieron en Francia las relaciones sexuales entre mayores y menores de edad) se est&aacute; sometiendo la sexualidad al imperio de la ley. Por ello se teme que, en vez de castigar el acto violento, lo que se ponga en entredicho sea la sexualidad misma, al convertirla &ndash;<a href=\"http:\/\/1libertaire.free.fr\/MFoucault317.html\">como tanto preocupaba a Foucault<\/a>, a prop&oacute;sito del debate sobre el establecimiento de una edad legal de consentimiento sexual en ese pa&iacute;s&ndash; en <i>&ldquo;una especie de peligro que merodea, una suerte de fantasma omnipresente que va a actuar entre hombres y mujeres, entre ni&ntilde;os y adultos, y eventualmente entre adultos&rdquo;.<\/i><\/p>\n<p>Si bien esa politizaci&oacute;n &ndash;que en la actualidad constituye la principal arena de lucha de los movimientos de mujeres y LGBT&ndash; ha rendido frutos inestimables en materia de derechos, quiz&aacute; sea demasiado optimista pensar que el solo cuestionamiento del derecho va a redundar autom&aacute;ticamente en la puesta en duda de las normas sociales; o que por lo menos va a tener el mismo eco en todos los &aacute;mbitos sociales y beneficiar&aacute; de la misma forma a todas las personas. La violencia sexual es una muestra de ello.<\/p>\n<p>En los &uacute;ltimos a&ntilde;os Colombia ha desarrollado un <a href=\"http:\/\/www.equidadmujer.gov.co\/Normativa\/Paginas\/Leyes-Favorables-Mujeres.aspx\">andamiaje jur&iacute;dico importante en materia de violencia contra las mujeres y violencia sexual<\/a>, que promete seguir creciendo. Sin embargo, como se&ntilde;ala Franklin Gil Hern&aacute;ndez, investigador de la Escuela de Estudios de G&eacute;nero de la Universidad Nacional de Colombia, <i>&ldquo;las normas sociales siguen una tendencia distinta de lo que dicen las leyes y algunas organizaciones por los derechos de las mujeres&rdquo;.<\/i> Para el investigador colombiano, m&aacute;s all&aacute; de su insolencia, las declaraciones del empresario Jaramillo dan cuenta de un sentido com&uacute;n ampliamente compartido sobre lo que ser&iacute;a el comportamiento adecuado de las mujeres.<\/p>\n<p><i>&ldquo;Los grupos de mujeres y feministas han instaurado un sentido com&uacute;n jur&iacute;dico seg&uacute;n el cual el abordaje de la violencia sexual no puede depender de prejuicios relacionados con la vida sexual o la forma como se visten las mujeres. Pero ese sentido com&uacute;n no ha logrado un lugar preponderante y a&uacute;n existen ideas fuertemente instaladas sobre lo que representa una mujer en la calle, de noche, vestida de cierta forma, consumiendo alcohol y sobre c&oacute;mo ese comportamiento inadecuado justificar&iacute;a las violencias a las que est&aacute; expuesta&rdquo;,<\/i> explica.<\/p>\n<p>Para Gil Hern&aacute;ndez, las altas tasas de violencia sexual y violencia contra las mujeres dan cuenta de la disonancia entre los logros alcanzados en el derecho y lo que ocurre en otros &aacute;mbitos de la sociedad. <i>&ldquo;<a href=\"http:\/\/www.minsalud.gov.co\/Documentos%20y%20Publicaciones\/ENCUESTA%20NACIONAL.pdf\">La Encuesta Nacional de Salud 2007<\/a> y la <a href=\"http:\/\/www.profamilia.org.co\/encuestas\/Profamilia\/Profamilia\/index.php?option=com_content&amp;view=article&amp;id=62&amp;Itemid=9\">Encuesta Nacional de Demograf&iacute;a y Salud (ENDS) 2010<\/a> evidencian c&oacute;mo la violencia contra las mujeres no es percibida en todos los contextos como algo reprobable, sino que en determinadas situaciones es justificada&rdquo;,<\/i> afirma. La ENDS se&ntilde;ala que, sin incluir los abusos sexuales por parte de esposos o compa&ntilde;eros, el 6% de las mujeres en edad f&eacute;rtil entrevistadas en todo el pa&iacute;s reportaron <i>&ldquo;haber sido violadas o forzadas a tener relaciones sexuales contra su voluntad&rdquo;.<\/i> Este porcentaje, aclara el estudio, es igual al registrado en la edici&oacute;n 2005 de la Encuesta.<\/p>\n<p>El hecho de que estos indicadores permanezcan estables o que incluso hayan aumentado en los &uacute;ltimos a&ntilde;os contrasta con el repudio ante los dichos y hechos del caso del  restaurante Andr&eacute;s Carne de Res. La movilizaci&oacute;n suscitada parec&iacute;a dar cuenta de una transformaci&oacute;n cultural respecto al tema. Sin embargo cabe preguntarse qu&eacute; fue, en este caso, lo que caus&oacute; tanta indignaci&oacute;n y sobre todo tanta visibilidad medi&aacute;tica. En opini&oacute;n de Gil Hern&aacute;ndez, el elemento detonante del debate, m&aacute;s que el objeto de la denuncia, fue lo dicho por el due&ntilde;o del restaurante. Para el antrop&oacute;logo, buena parte del esc&aacute;ndalo se debi&oacute; a que <i>&ldquo;hay cosas que no se dicen, pero que fueron dichas&rdquo;.<\/i> En otras palabras, la visibilidad en ciertos medios de comunicaci&oacute;n y algunos espacios se situar&iacute;a m&aacute;s en la orilla de lo pol&iacute;ticamente correcto que en el car&aacute;cter deplorable del acto mismo.<\/p>\n<p>En este caso adquiere relevancia tambi&eacute;n el perfil de clase de la clientela del restaurante. Como se&ntilde;ala Gil Hern&aacute;ndez, Andr&eacute;s Carne de Res ocupa un lugar importante en la ciudad en t&eacute;rminos simb&oacute;licos y de consumo. El restaurante est&aacute; dirigido a una &eacute;lite blanco-mestiza bogotana y ocupa un lugar destacado en el turismo gastron&oacute;mico del pa&iacute;s. Seg&uacute;n la <a href=\"http:\/\/fr.scribd.com\/doc\/127256507\/008-Montenegro-Leonardo-Pagar-por-el-Paraiso\">etnograf&iacute;a de Leonardo Montenegro<\/a>, en &eacute;l confluye <i>&ldquo;la alta burgues&iacute;a bogotana&rdquo;.<\/i> Sin duda, estas caracter&iacute;sticas favorecieron la visibilidad del caso, tanto por parte del padre de la joven que entabl&oacute; la denuncia, como del empresario Jaramillo, cuya preocupaci&oacute;n pareci&oacute; centrarse m&aacute;s en el modo en que este episodio afectar&iacute;a la imagen de su restaurante que en si fue cometida una violaci&oacute;n o no.<\/p>\n<p>Mientras el caso de Andr&eacute;s Carne de Res era ventilado en medios de comunicaci&oacute;n y redes sociales, el 21 de noviembre, la Red de Mujeres contra las Violencias hacia las Mujeres del Distrito de Buenaventura (ciudad ubicada en la costa pac&iacute;fica colombiana, con uno de los &iacute;ndices m&aacute;s altos de pobreza del pa&iacute;s y donde predomina la poblaci&oacute;n afrocolombiana) convoc&oacute; un <a href=\"http:\/\/feministasafrodiasporicas.blogspot.com\/2013\/11\/deja-de-normalizar-el-asesinato-las.html\">plant&oacute;n para denunciar los feminicidios cometidos en la ciudad<\/a>, que en 2011 dejaron 38 mujeres asesinadas y que este a&ntilde;o ya suman 13. Pese a llevarse a cabo frente a las fiscal&iacute;as de varias ciudades, incluyendo la de Bogot&aacute;, el evento pas&oacute; mayormente desapercibido.<\/p>\n<p><i>&ldquo;Hubo una diferencia muy grande en el cubrimiento medi&aacute;tico de ambos casos y yo creo que eso tiene que ver con la gente que es importante para la sociedad. Probablemente los asesinatos de mujeres en Buenaventura resultan menos importantes que la violaci&oacute;n de una mujer blanca de &eacute;lite. En esta ocasi&oacute;n, la persona pudo visibilizar el caso, algunas redes hicieron lo mismo y las declaraciones del due&ntilde;o del restaurante encendieron m&aacute;s la indignaci&oacute;n de la gente&rdquo;,<\/i> afirma Gil Hern&aacute;ndez.<\/p>\n<p>Son pues varios los interrogantes. &iquest;Son todas las mujeres igualmente beneficiadas por el mentado cuestionamiento de los c&oacute;digos er&oacute;ticos de la sociedad? &iquest;C&oacute;mo se distribuyen sus beneficios seg&uacute;n diferentes marcadores sociales como la clase social, la raza, la pertenencia &eacute;tnica? &iquest;Cu&aacute;les mujeres son incluidas como merecedoras de protecci&oacute;n y cu&aacute;les no? &iquest;Por qu&eacute; motivos?<\/p>\n<p><b>La amenaza de violaci&oacute;n<\/b><\/p>\n<p>No obstante lo sonoro del debate, la forma en que operan los argumentos que justifican las violaciones o que ponen en tela de juicio las denuncias apenas fueron abordadas. Pese al cuestionamiento de los lugares comunes visitados por el due&ntilde;o del restaurante, sus argumentos a&uacute;n conservan cierta eficacia debido a la forma como estos representan la sexualidad de hombres y mujeres, as&iacute; como el car&aacute;cter performativo de la amenaza-justificaci&oacute;n de violaci&oacute;n.<\/p>\n<p>En su <a href=\"http:\/\/papers.ssrn.com\/sol3\/papers.cfm?abstract_id=2293694\">etnograf&iacute;a con hombres vasectomizados en Oaxaca<\/a>, el investigador norteamericano Matthew Gutmann llama la atenci&oacute;n sobre lo que parecer&iacute;a ser una inversi&oacute;n del <i>&ldquo;antiguo paradigma de la antropolog&iacute;a feminista&rdquo;,<\/i> seg&uacute;n el cual las mujeres estar&iacute;an m&aacute;s cerca de la naturaleza, mientras que los hombres se ubicar&iacute;an del lado de la cultura. Al analizar los discursos populares y m&eacute;dicos sobre la sexualidad masculina, Gutmann afirman que en la actualidad <i>&ldquo;los hombres y sus sexualidades est&aacute;n mucho m&aacute;s cerca de la naturaleza que las mujeres y las suyas&rdquo;.<\/i> El antrop&oacute;logo se&ntilde;ala que en ese contexto la sexualidad masculina es abordada como una <i>&ldquo;ilusi&oacute;n tot&eacute;mica&rdquo;,<\/i> en la medida en que esta es naturalizada <i>&ldquo;como una entidad fija, como algo totalmente distinto de la sexualidad femenina&rdquo;.<\/i> La sexualidad, afirma, es entendida como <i>&ldquo;un proceso de compulsiones y restricciones psicosociales, en el cual a los deseos sexuales, necesidades y satisfacciones masculinos se les da un car&aacute;cter ostensiblemente naturalizado y minuciosamente generificado&rdquo;. <\/i><\/p>\n<p>El mismo fen&oacute;meno se observa en los casos de violaci&oacute;n, donde la sexualidad masculina es vista como una fuerza latente que, una vez despierta por el coqueteo femenino, escapa al control del hombre, lo domina y conduce indefectiblemente al acto sexual consentido o no. De ah&iacute; que en las denuncias de violaci&oacute;n sigan siendo frecuentes las preguntas que indagan sobre el modo en que las mujeres estaban vestidas y el comportamiento que sostuvieron frente a su agresor. O que algunas campa&ntilde;as para prevenir la violaci&oacute;n a&uacute;n enfaticen las pr&aacute;cticas de protecci&oacute;n que las mujeres deben ejercitar para no exponerse a estas circunstancias, en lugar de interpelar a los hombres o propiciar cambios culturales. <a href=\"http:\/\/www.clarin.com\/sociedad\/Polemica-linea-ropa_antiviolacion_0_1033696936.html\">La pol&eacute;mica propuesta de una l&iacute;nea de ropa interior femenina a prueba de violaci&oacute;n<\/a>, que sus creadores recomiendan usar cuando se practica ejercicio en la calle, se sale de noche o se acude a una fiesta, es quiz&aacute; uno de los ejemplos m&aacute;s recientes al respecto. De forma paralela a la totemizaci&oacute;n de la sexualidad masculina, la femenina es representada como un bien fr&aacute;gil y expuesto al peligro que debe ser tutelado por un hombre (el padre o esposo de la mujer), o en su defecto resguardada por la propia mujer mediante una serie de pr&aacute;cticas seguras.<\/p>\n<p>Por otro lado, en virtud del miedo que produce, la amenaza de violaci&oacute;n opera como un mecanismo que facilita la incorporaci&oacute;n de una norma de g&eacute;nero relacionada con los comportamientos socialmente adecuados de las mujeres. En ello radica la fuerza performativa tanto de la violaci&oacute;n como de los argumentos que la justifican, que no son m&aacute;s que la otra cara de la amenaza de su realizaci&oacute;n.<\/p>\n<p>Gil Hern&aacute;ndez evoca c&oacute;mo la amenaza de violaci&oacute;n opera en tanto mecanismo normativo del g&eacute;nero, al <i>&ldquo;regular la forma como las mujeres est&aacute;n en los espacios, pero tambi&eacute;n como una norma encarnada. Las mujeres &lsquo;saben&rsquo; ad&oacute;nde pueden ir y ad&oacute;nde no, a qu&eacute; horas pueden caminar libremente. La amenaza de violaci&oacute;n es concreta y como norma funciona muy bien porque se instaura en el cuerpo. El miedo funciona de forma eficaz para que las mujeres no hagan ciertas cosas, no salgan. Algunas mujeres administran ese miedo y aprenden t&eacute;cnicas de defensa personal que les permiten experimentar la calle de otra forma o no sentirse vulnerables. Sin embargo, no creo que la soluci&oacute;n a estas violencias sea hacer que las mujeres se sientan m&aacute;s seguras, porque las amenazas de la calle son concretas&rdquo;,<\/i> concluye.<\/p>\n<p>Mientras la cuesti&oacute;n no sea abordada consistentemente por pol&iacute;ticas p&uacute;blicas, los escasos avances en materia de autonom&iacute;a de las mujeres, incluso en el &aacute;mbito de la sexualidad, seguir&aacute;n amenazados. La urgencia de estas medidas parece todav&iacute;a m&aacute;s patente en el contexto actual de di&aacute;logos entre el Estado colombiano y la guerrilla de las FARC. Si bien no toda violencia sexual depende del conflicto armado o se vincula con el mismo, <a href=\"http:\/\/www.clam.org.br\/ES\/destaque\/conteudo.asp?cod=11287\">como han se&ntilde;alado algunos investigadores<\/a>, las transiciones democr&aacute;ticas y los contextos posconflicto ponen por un lado en tensi&oacute;n los aspectos del g&eacute;nero y la sexualidad articulados a cuestiones de seguridad. Por otro lado, debido al lugar preponderante &ndash;simb&oacute;lico y material&ndash; de esos marcadores en la construcci&oacute;n de la naci&oacute;n. Por ello no es extra&ntilde;o que las violencias de g&eacute;nero y sexuales mantengan su intensidad e incluso se disparen cuando la violencia armada parece tocar su fin. No es un tema menor para Colombia, donde ex gobernantes, pol&iacute;ticos y funcionarios p&uacute;blicos adalides de un discurso belicista hablan sobre el conflicto armado como la fuente de todos los males del pa&iacute;s, que s&oacute;lo cesar&aacute;n cuando el enemigo sea sometido por la fuerza.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En Colombia, el repudio causado por declaraciones que responsabilizaron a una joven de haber provocado su propia violaci\u00f3n parece indicar un cambio en las percepciones acerca de la violencia sexual. 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