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Nuevo paisaje religioso

El Observatorio de Sexualidad y Política está elaborando una serie de análisis que pueden favorecer el entendimiento sobre las motivaciones y efectos negativos potenciales de la visita del Papa Benedicto XVI a Brasil.Hoy el CLAM publica el primer artículo.

Nuevo paisaje religioso

por Washington Castilhos

El sociólogo Flavio Pierucci, de la Universidad de São Paulo (USP), cierta vez dijo que ser católico en Brasil es seguir a la mayoría. “Las personas ya nacen católicas. El catolicismo no es una religión que se elija. Al igual que el luteranismo en Suecia, ser católico forma parte del paisaje”. Sin embargo, cuando el Papa Benedicto XVI llegue a Brasil se deparará con un “paisaje” diferente al que se encontró su antecesor, Juan Pablo II durante su última visita en 1997. Por más que Brasil continúe siendo considerado el mayor país católico del mundo –aunque el Estado brasileño haya dejado se ser católico en el siglo XIX, con el fin del Imperio– los resultados de los últimos censos realizados por el Instituto Brasileiro de Geografia e Estatística (IBGE) muestran un aumento de los evangélicos y de las personas que se declaran sin religión. Según esos datos, la Iglesia Católica perdió en una década casi el 10 % de su rebaño: de 83 % en 1991 a 73 % en el 2000. Muchos apuntan a este hecho como la principal razón para la visita de Benedicto XVI al país en este momento.

Para los especialistas, más allá de la pérdida de fieles de la Iglesia Católica, debe ser tenida en cuenta la intensa movilidad religiosa observada en Brasil. Una investigación sobre tránsito religioso hecha en 2004 por Ceris (Centro de Estatística Religiosa e Investigação Social) muestra que el 23 % de los entrevistados cambiaron de religión en las últimas dos décadas (fuente: libro Mudança de religião: desvendando sentidos e motivações no Brasil, ed. Palavra e Prece).

“Debemos considerar que la mayoría de estos entrevistados era de la Iglesia Católica. En Brasil nunca tuvimos esa movilidad religiosa. Antiguamente una persona podía denominarse católica y a la vez frecuentar cultos de Umbanda. Pero cuando en una encuesta las personas asumen que cambiaron de religión, esto significa que están diciendo que rompen con la institución, por lo que ocurren cambios en relación a la construcción de su identidad. Lo que percibimos hoy es un número creciente de personas que experimentan otras formas de expresión religiosa y de vida comunitaria”, evalúa la socióloga Maria das Dores Machado, profesora de la Escuela de Servicio Social de la Universidad Federal de Rio de Janeiro (UFRJ).

El crecimiento de las iglesias evangélicas (fenómeno que ocurre desde hace 50 años, acelerado en las tres últimas décadas) no es exactamente lo que más le preocupa al Vaticano porque, de todos modos y según los datos del IBGE, el número de personas que se declaran católicas también creció, pasando de 122 millones en 1991 a 125 millones en el 2000. Este aumento de 3 millones de seguidores en una década puede ser considerado significativo en el actual merado religioso brasileño, si se tiene en cuenta que en el 2000 la Iglesia Bautista, por ejemplo, no reunía ese número de fieles en sus cultos.

Sin embargo, lo que ha llamado la atención de la jerarquía católica es que el crecimiento del número de adeptos se muestre más lento que el crecimiento de la población total del país: de 1970 al 2000 la tasa de crecimiento promedio anual de los católicos fue de 1,3 % mientras que el de la población total fue del 2 %(fonte: Atlas da filiação religiosa e indicadores sociais no Brasil, Ed. Loyola).

“Hace 40 años que las católicas desobedecen un precepto del Vaticano: la píldora”

La preocupación sobre tal disminución en el ritmo de crecimiento del número de católicos es que la continuación de esta tendencia en los próximos años pueda acarrear una pérdida de influencia de la Iglesia Católica en el país. En realidad, la religión perdió, a lo largo de los años, esferas de influencia en el comportamiento de las personas. Ciertamente otra cuestión que deberá ser enfrentada por la Iglesia Católica es el fuerte crecimiento, en estos últimos años, de la visión crítica de sus fieles en relación con las instituciones, resultado de los avances tecnológicos y el mayor acceso a la educación y a la información. Los católicos cada vez quieren más autonomía con relación a los asuntos del fuero íntimo tales como casamiento, métodos anticonceptivos y orientación sexual, temas que el Vaticano trata de mantener bajo el control de sus rígidas tradiciones.

“Percibo que la capacidad de la Iglesia Católica para convencer a sus fieles sobre sus dogmas hoy en día es muy reducida. La autonomía de las personas frente a las instituciones religiosas se está ampliando. El aumento de la escolaridad y del conocimiento amplía la capacidad de los sujetos sociales para asumir posturas más críticas en relación con la institución. Cuando el Papa dice que ‘el segundo casamiento es una plaga’, hasta las personas más fervientemente católicas ven esa observación como parte de un discurso absurdo, sin propósito”, resala Maria das Dores.

Según Flavio Pierucci, este hiato entre doctrina y conducta siempre existió. “Esto tiene que ver con el avance de los conocimientos de un modo general. Mire por ejemplo la cuestión del uso de preservativos. Por más que la religión esté en contra, quien da la información fundamental es la categoría médica. En otro asunto existe la demanda de información jurídica, como el caso del divorcio que también está condenado por el Papa. El hecho de estar prohibido por una religión lleva a las personas a oír otras fuentes. Hay un proceso creciente de alfabetización y también de medicalización. La esfera sexual dejó de ser la esfera del pecado para ser la de la salud, y la Iglesia quiere recuperar una esfera de poder que en algún momento le perteneció, reflexiona Pierucci.

Según el sociólogo, un ejemplo puede ser el tema del número de personas afectadas por el virus HIV en Brasil, que según previsiones estadísticas de la última década hoy debería ser más alto de lo que en realidad se ve. Esto es consecuencia directa del uso del preservativo en las relaciones sexuales, tal y como comprueban las investigaciones. “Si la población es católica y los índices de sida no son tan altos como se preveía, entonces quiere decir que las personas escuchan a los médicos en detrimento de las directrices religiosas”, dice el sociólogo.

Pierucci también menciona que el uso del preservativo no es la única señal de la pérdida de espacio por parte de la Iglesia. “El Vaticano estuvo en contra de la píldora anticonceptiva en los años sesenta, cuando el método surgió. Sin embargo, las madres católicas la usaron durante estos cuarenta años, y continúan usándola. Ellas no van a seguir el consejo del Papa mientras los médicos digan que es una manera de evitar un embarazo que está fuera de sus planes”, agrega.

“Cuando ampliamos el conocimiento y los recursos cognitivos de las personas, estamos creando nuevos desafíos para la institución religiosa. El divorcio, por ejemplo, es uno de esos desafíos. El problema es que la Iglesia rechaza, no negocia. Este tipo de discurso más conservador de la Iglesia con respeto al divorcio, el aborto y la homosexualidad es algo que está fuera de su tiempo. Pero cuando se aumenta la educación aparece una forma más liberal de pensar una serie de cuestiones. Esto permite también separar doctrina de conducta personal. Uno puede afiliarse a una institución religiosa y practicarse un aborto o ser homosexual a pesar del dogma”, concluye Maria das Dores. Además de la movilidad religiosa, desde la última visita de un Papa a Brasil también ha habido transformaciones socio-políticas. El aumento del nivel de escolaridad ha ampliado la percepción de las mujeres con relación a su rol en la sociedad, al mismo tiempo en que el país avanzó en el debate en torno de los derechos sexuales y reproductivos en la esfera política y jurídica.

“Avanzamos pero la Iglesia Católica continúa en la misma posición. En realidad el Papa viene a reforzar la posición del Vaticano, por lo que debemos recordar que si por un lado tenemos un debate más estimulado en la esfera pública, por el otro tenemos posiciones más conservadoras en la Iglesia Católica. Históricamente la Iglesia Católica nunca había desarrollado estrategias como las usadas contra Jandira Feghali [candidata al Senado en las elecciones 2006], cuando fueron enviados mensajes de texto a celulares para que los electores no votaran por ella, porque defendía la descriminalización del aborto. Si por un lado tuvimos avances, por el otro tenemos un recrudecimiento del conservadurismo y del fundamentalismo de la Iglesia Católica”, acota Maria das Dores.

Santa oportunidad

Factores tales como el crecimiento en el número de religiones evangélicas, la mayor movilidad religiosa y el aumento en el nivel de escolaridad de la población hacen que la disputa del actual mercado religioso brasileño ya no pase por el número de fieles sino, sobre todo, por marcar presencia en la sociedad. El antropólogo Emerson Giumbelli, del Instituto de Filosofía y Ciencias Sociales de la Universidad Federal de Rio de Janeiro, cree que, en relación a los evangélicos, la Iglesia Católica ya no actúa con una estrategia defensiva sino que “por el contrario, a lo largo de los años ella incorporó algunas características de las otras iglesias, como demuestra la consolidación de los movimientos carismáticos. La visita del Papa, que acompaña la canonización de Fray Galvão, el primer santo brasileño, puede ser vista desde ese ángulo. Se trata de marcar presencia a través de manifestaciones públicas y masivas que demuestren la importancia del catolicismo en la sociedad”, afirma Giumbelli.

Según los especialistas, la canonización del fray es extremadamente oportuna, ya que significa una reacción católica para tratar de frenar el crecimiento de los evangélicos y promover que sean retomados los vínculos con el universo católico. “Cuando la Iglesia Católica vende medallitas con el rostro del Papa, está trabajando sobre una demanda que existe y que de cierta forma aumentará el vínculo religioso. En el caso de la canonización de Fray Galvão, por ejemplo, está creando un hecho nuevo que probablemente generará romerías, estimulará el turismo religioso y posibilitará la venta de productos. En este caso el lado mercadológico no es el único que está en juego, sino la movilización de emociones y sentimientos. Con esto se moviliza a las personas para que compren la medallita, vayan a ver el Papa y compren la píldora de Fray Galvão”, analiza la socióloga Maria das Dores Machado.

Religión y sexualidad

En mayo, Ratzinger también se deparará en el paisaje religioso brasileño con un movimiento aún embrionario de religiones inclusivas. “El movimiento está cada vez más consolidado a través del un discurso que retira a la homosexualidad del espacio del pecado y formula un discurso positivo sobre las personas LGBT”, afirma el antropólogo Marcelo Natividade, del Instituto de Filosofia e Ciências Sociais de la UFRJ. Hace tres años que Natividade está realizando una investigación etnográfica sobre nuevos movimientos religiosos (entre ellos el de las iglesias con propuestas inclusivas) como parte de su investigación “Sexualidad y experiencia religiosa: paradojas de la construcción de si en la contemporaneidad”.

El movimiento surgió en el país en la década del ’90 cuando el pastor Nehemias Marien de la Iglesia Presbiteriana Unida Bethesda, comenzó a permitir que homosexuales frecuentaran los cultos. Debido a su posicionamiento público favorable a los homosexuales, el pastor fue blanco de los religiosos de vertientes cristianas. En el 2003 surgió la Iglesia de la Comunidad Metropolitana, abriendo el camino para otras instituciones religiosas dirigidas a la población LGBT.

“Lo que esas iglesias traen de nuevo es el hecho de pensar que un culto cristiano puede ser conducido por una persona asumidamente gay o lesbiana o frecuentado por ella sin exigirle que cambie su orientación sexual; lo cual era impensable hace 10 años, cuando sólo los cultos afro-brasileños eran más tolerantes y acogían a los homosexuales. Hoy vemos un movimiento expansivo en relación a esta cuestión. Gran parte de esas personas vienen de iglesias pentecostales y ahora perciben que pueden conciliar la experiencia religiosa con su orientación sexual. Antes vivían en conflicto, escondiendo su identidad en el ambiente religioso”, observa Nativididade.

Según este antropólogo, algunas investigaciones muestran que hay una tendencia de los homosexuales a abandonar la religión de origen y dirigirse a los cultos afro-brasileños, lo cual puede estar relacionado con el carácter excluyente de las religiones cristianas.

Desde los años ’80, el Vaticano está imprimiendo una política en el sentido de retomar el conservadurismo. En las dos últimas décadas Juan Pablo II venía sustituyendo a los obispos y arzobispos en Brasil. Para cada progresista que se jubilaba o se retiraba del frente de una arquidiócesis, nombraba uno más conservador. La visita de Benedicto XVI refuerza esa posición.

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